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Italia celebra el aniversario del naufragio del Costa Concordia

Algunas de aquellas personas que vivieron más o menos de cerca el naufragio en la fría noche del 13 de enero de 2012 quisieron regresar a la pequeña isla italiana, para honrar la memoria de los 2 desaparecidos y 30 muertos.

Los simbolismos y la emoción fueron la nota común de los actos, empezando por la devolución al mar, con una placa conmemorativa fijada en ella, de parte de los escollos contra los que colisionó la quilla del buque, cuando transportaba más de 4.200 personas.

Uno de los momentos más emotivos fue la ceremonia religiosa oficiada por el obispo de Grosseto, Guglielmo Borghetti, en la misma pequeña iglesia de San Lorenzo y Mamiliano que acogió a los náufragos y en la que estuvieron presentes hoy también el ministro de Medioambiente, Corrado Clini, y el jefe de la Protección Civil, Franco Gabrielli.

En presencia también de diplomáticos de otros países (los pasajeros eran de distinta nacionalidad), el obispo recordó a las víctimas y reconoció la "generosidad" mostrada por los isleños esa noche y por quienes trabajaron en el rescate, según informan los medios de comunicación italianos.

Los restos del barco, propiedad de la naviera Costa Cruceros, siguen encallados frente a la isla rodeados de gigantes estructuras de metal para permitir una remoción que se ha retrasado los últimos meses y que se prevé que pueda terminar como máximo en septiembre.

Por su parte, el ministro de Medioambiente afirmó a los periodistas que el barco tiene que ser llevado al puerto de grandes dimensiones más cercano a la isla para su posterior desguace, previsiblemente al de Piombino (Toscana).

"Tenemos que actuar deprisa, pero tenemos que hacerlo bien. Estamos estudiando medidas para aligerar el peso del barco de modo que se la pueda llevar al puerto más cercano", dijo Clini.

El representante del Gobierno del ya dimisionario Mario Monti, que tuvo que hacer frente a esta tragedia al poco de llegar al poder, pidió además que se castigue a los responsables en un proceso en el que, de momento, hay doce investigados, entre ellos el capitán del buque, Francesco Schettino.

"Los responsables -dijo- tendrán que ser castigados con dureza. No cabe ninguna comprensión para quien se ha equivocado, empezando por la compañía y hacia abajo. Creo que todos hemos aprendido de este asunto que la superficialidad y la incompetencia a veces se minusvalora y es uno de los peores riesgos que puede haber".

El otro punto geográfico en el que se centraron todas las miradas es la localidad de Meta di Sorrento (sur de Italia), donde Schettino permanece en su domicilio bajo libertad vigilada desde el pasado 5 de julio y en la que hoy no se pudo ver en público al capitán, a quien se le ha investigado por un supuesto homicidio culposo múltiple y abandono del barco.

Al Giglio acudieron también representantes de las familias de los dos desaparecidos, Russel Rebello y María Grazia Trecarichi, así como Gregorio de Falco, el capitán de la Guardia Costera convertido en héroe por la ya famosa conversación en la que exigía a Schettino que volviera a bordo del crucero.