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Añoviejos en Colombia
La tradición de quemar Añoviejos se remonta en Ecuador a 1895.
AFP

En muchas calles y barrios de algunos países de América Latina, grupos de personas buscan afanosamente pantalones, camisas, sacos y en general ropa y artículos que no se usen, con el fin de vestir el muñeco de Año Viejo.

La tradición de quemar Añoviejos, por ejemplo, en Ecuador se remonta a 1895 cuando una epidemia de fiebre amarilla azotó Guayaquil y se confeccionaban atados de pajas, ramas y ropas de los familiares muertos para quemarlos en la calle el último día del año y ahuyentar la peste.

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Añoviejos en Colombia
AFP

Los conocidos como añoviejos, también representan el pasado y la esperanza de un mejor futuro. 

Este muñeco está elaborado con ropa vieja o cartón. Está relleno con paja o aserrín y con frecuencia con artefactos pirotécnicos para ser quemado el 31 de diciembre.

En Colombia, la quema del añoviejo es una de las principales tradiciones para despedir el año y darle la bienvenida al nuevo.

Taitapuro, Añovuejo, Carrancios, son solo algunos de los nombres de esta tradición.

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Añoviejos en Colombia
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En el departamento del Cauca, los Taitapuros son muñecos que son transportados en una caravana por personas disfrazadas de conejos y rodeados por disfrazados de gallinazos. Esta comparsa desfila por la ciudad y luego son invitados a ingresar a las casas donde se les obsequian bebidas. Posteriormente el muñeco es puesto en un castillo de luces, en el que se quema bajo el estruendo de la pólvora.

Los Carrancios en Santander se extinguieron desde el año 2013, pero todavía existen algunas personas que insisten en elaborar estos simpáticos muñecos.

Añoviejos en Colombia
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Pero aunque esta tradición esta ahora muy reglamentada, lo cierto que es que este típico muñeco termina aún posando en los andenes, puertas, parques o simplemente a orilla de cualquier vía, y que muchas veces representa a algún personaje de la política o de la farándula.

Como la tradición se resiste a desaparecer, cuando el reloj toque las 12 los veremos arder como uno de los mejores espectáculos de fin de año y mandaremos a quemar, junto al año viejo, todo aquello que no vale, que entristece, que agobia, que abruma o que nos impide caminar. Y parece que en América Latina este 2018 todos pondrán a la corrupción, esa cosa horrible que ha crecido, como un monstruo de gran apetito, alimentado por la ambición y la codicia de funcionarios públicos y de empresarios privados, en el fuego. 

Fuente

Sistema Integrado de Información

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