Cargando contenido

Pagar por salir de su país se ha vuelto una práctica común en el vecino país.

Paso fronterizo entre Colombia y Venezuela
Paso fronterizo entre Colombia y Venezuela
AFP

"No podíamos morirnos de hambre, y si la gente quería salir del país, entonces nosotros íbamos a hacer dinero con eso", cuenta José Esteban*, uno de los miles de venezolanos que, literalmente, se aprovecharon de la crisis de su país para montar un lucrativo aunque inestable negocio.

Lleva tres años trabajando en la empresa de su hermano, una agencia de turismo. Se encarga de vender planes de viajes, pero no como la compañía hacía años atrás. Aquellos tours por Isla Margarita, Canaima, el Salto del Ángel, Los Roques o Morrocoy, incluso Curazao o Aruba,  ya no son los más apetecidos. Su negocio se centra en "un servicio completo, con acompañamiento y guía, destinado a personas que quieren abandonar Venezuela".

Se trata de un trabajo que por estos días es lucrativo (comparado con otros empleos en el vecino país), pero que a los hermanos apenas les alcanza para sostenerse a sí mismos y a su anciano padre de ya 73 años. Además es altamente peligroso.

Lea también: Maduro ordena abrir los pasos fronterizos con Colombia

La misión de José Esteban es ser el guía turístico, la persona encargada de llevar a los clientes desde Barquisimeto, estado Lara, donde vive, hasta Cúcuta, y en ocasiones incluso atravesando toda Colombia hasta llegar a Perú o Ecuador, sorteando todo peligro a su paso. No todos pueden pagarlo, se le considera un servicio costoso, pero para fortuna suya y de su familia, los clientes no le faltan, por ahora.

"Luego de gastos nos quedan unos 30 dólares por persona llevada. Si el plan es todo incluido, unos 50 dólares. Es una buena paga comparada con otros trabajos. Acá todo está muy caro y apenas si nos alcanza para sobrevivir, además que a veces no se encuentra nada así se tenga la plata", dice José Esteban, de 21 años de edad. Tuvo que abandonar sus estudios en secundaria porque "era mejor  hacer plata para comer que gastar lo poco que tenía para estudiar en el liceo".

Y añade: "Con eso me compro una harina P.A.N., unas caraotas, algo de carne o pollo. si hay, y artículos de aseo, que es lo más caro. Si alcanza para algo más, bueno, porque también toca pagar las facturas".

Sacando venezolanos del país

Puente Francisco de Paula Santander
Puente Francisco de Paula Santander
AFP

Su misión es sortear retenes, grupos criminales, pasos fronterizos, delincuencia común, entre otras, hasta finalmente ubicarlos sanos y salvos en su destino, en un lugar de residencia, y algunas veces con empleo.

"Los llevo hasta el destino final y soy el encargado de elegir la ruta más segura y manejar todo lo que pueda suceder en el camino. Encargarme de la Guardia Nacional, los paracos, los retenes ilegales, cambiar los bolívares, los pasajes de los buses, camiones y demás", menciona José.

Todos los lunes sale de viaje, y puede regresar a Barquisimeto el viernes siguiente, a veces hasta el domingo. Descansa un día y vuelve a empezar con el siguiente cliente que confirmó su hermano.

Lea también: Denuncian posible nueva incursión de la guardia venezolana en Guainía

"Nunca paramos, ni siquiera en los cuatro meses que cerraron la frontera. Claro, se puso más difícil, cobraba más y eran menos clientes, y además fue más peligroso, pero aún así siempre hay alguien que se aburre, quiere irse y le da miedo cruzar solo".

Asegura que su acompañamiento "depende de lo que hayan comprado. Son nueve horas de viaje a Cúcuta, normalmente, pero pueden llegar a ser hasta 15 horas por todo lo que pasa en el camino. Siempre hay paracos que piden plata o las mismas milicias (grupos armados de civiles patrocinados por el Gobierno) que también piden". El precio del combustible, asegura, tampoco ayuda.

Una vez pasados estos filtros, José Esteban debe pasar la principal prueba: el cruce de la frontera. "Eso es difícil porque de repente la Guardia Nacional se da cuenta que estoy sacando gente del país. Una vez me pasó y nos nos dejaron pasar, tocó devolvernos. Hay que mirar cuál puente es más seguro. El Simón Bolívar es más difícil de cruzar, por ahí no paso. Tienditas y Fransisco de Paula (Santander) a veces son más fáciles. Pero si la cosa está caliente, como pasó hace unos meses, siempre están las trochas".

Un paso peligroso y un destino final

Trocha en frontera colombo venezolana
Trocha en frontera colombo venezolana
AFP

"Las trochas siempre han sido peligrosas, pero ahora la cosa está más caliente. Eso que dicen cuando uno va Colombia - porque acá nunca cuentan nada -  es cierto. Los paracos y la guerrilla están más fuertes que nunca, da mucho miedo pasar porque cualquier cosa que salga mal lo pueden matar. Ese también es mi trabajo, que no nos maten", menciona José Esteban.

Para ello cuenta con una amplia red de contactos antes y después de la frontera. Transportadores para cruzar legal o ilegalmente, miembros de los grupos armados y la Guardia Nacional que suelen dejarlo pasar a cambio de una "propina".

Lea también: Guerra entre grupos ilegales mantiene tensión en frontera colombo-venezolana

Al llegar a Cúcuta, ya conoce dónde cambiar bolívares a menor precio, y dónde hacer lo mismo con  dólares. Deja a sus clientes en un restaurante de pollo frito, seguros, mientras hace todos los cambios de divisas. Un par de llamadas y se encuentra con su primer contacto en suelo colombiano, un guajiro de padres venezolanos que se encarga de buscarle casa a los migrantes en la capital de Norte de Santander.

Muchas veces, su trabajo termina ahí. Otras, debe viajar hasta Valledupar donde otro contacto lleva a sus compatriotas a ciudades como Medellín o Cali. Si el destino es Bogotá, Perú o Ecuador, José Esteban continúa el viaje.

En todas las ciudades a las que va tiene amigos con los que trabaja de hace tiempo y a quienes contacta antes de cada 'tour' para que se encargue de buscar una habitación, una casa o un empleo a sus clientes.

Después de años en esta agotadora rutina, José Esteban piensa en su futuro y sueña con cambiar su vida pronto: "Uno se cansa mucho de esto. Y siempre da miedo. A veces pienso irme a vivir a Ecuador. Ya sé cómo es el proceso y un amigo me dijo que me ayudaba a ubicar. Me pone a pensar mi papá que está enfermo y no quiero que se muera y yo esté fuera del país. Pero en Venezuela no hay futuro. ¿Qué pasará cuando la gente ya no tenga para pagarnos por salir del país?"

* Nombre cambiado para proteger la identidad del entrevistado.

Fuente

Sistema Integrado Digital

Encuentre más contenidos

Fin del contenido