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Los brasileños cada vez más indecisos ante las urnas, Rousseff y Neves a segunda vuelta

Los brasileños tienden cada vez más a decidir el voto a última hora, coincidieron este lunes varios analistas, un día después de las elecciones presidenciales en las que el socialdemócrata Aécio Neves desplazó a última hora a la ecologista Marina Silva en el pleito con la actual mandataria, Dilma Rousseff.

En las elecciones del domingo, Rousseff recibió el 41,59 % de los votos y Neves el 33,55 %, por lo que ambos se disputarán la Presidencia en una segunda vuelta, que se celebrará el próximo 26 de octubre.

La rápida ascensión de la intención de voto a Neves, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), se produjo en los dos últimos días de la campaña y acabó con una ventaja de doce puntos sobre Marina Silva, que fue tercera con el 21,32 % de los votos, después de haber liderado los sondeos en agosto pasado.

Las principales empresas demoscópicas del país acertaron el resultado de las elecciones en sus últimos sondeos, divulgados el sábado, en la víspera de los comicios, pero los porcentajes de votación que vaticinaron estuvieron lejos del resultado real.

La firma Datafolha y el instituto Ibope, las dos encuestadoras más reputadas de Brasil, infravaloraron el voto a Neves entre cuatro y cinco puntos porcentuales.

No obstante, esta distancia no es un error, según defendió el director de Datafolha, Mauro Paulino, puesto que las encuestas indicaban "tendencias" de intención de voto que se "aceleraron" el mismo día de la votación.

Los sondeos de las semanas previas a la elección mostraban a Silva y Neves en un movimiento convergente, con la caída constante de la ecologista y la rápida ascensión del candidato del PSDB.

El "adelantamiento" de Neves a la abanderada del Partido Socialista Brasileño (PSB) se produjo entre el jueves y el viernes, pero el gran impulso del socialdemócrata ocurrió precisamente el domingo, cuando los electores tomaron la decisión ante las urnas, según dijo Paulino en una entrevista al diario Folha de Sao Paulo.

"La intención de voto conjuga a electores convencidos, otros más volubles y una parte de indecisos. Esos no tan convencidos, hay una posibilidad muy importante de que cambien de voto y son cada vez más numerosos. Mi opinión es que eso se intensifique en las próximas elecciones", manifestó.

En opinión de Paulino, la reflexión de última hora es tanto un síntoma de "madurez política", reflejo de una sociedad que está habituada a votar a cada dos años, como también un resultado de la existencia de una gran "parcela de desinteresados".

En Brasil, el voto es obligatorio, por lo que muchos electores que no están interesados por la política también participan y sin darle importancia al voto, algo que no harían si tuvieran opción.

El profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) Manuel Sanches dijo a Efe que el 50 % de los electores brasileños todavía carece de educación política y se les puede considerar "analfabetos funcionales" con una gran tendencia a cambiar el voto.

"Ese elector, que no es capaz de analizar el discurso del candidato, es una persona extremadamente mal informada y varía al sabor de los titulares", sostuvo el analista.

Uno de los factores que influyen en el cambio del voto, según el responsable de Datafolha, son las propias encuestas de intención, algo polémico puesto que son recurrentes las dudas sobre la independencia de los estudios.

El candidato del Partido de los Trabajadores (PT) a la Gobernación de Sao Paulo, Alexandre Padilha, que terminó tercero en las urnas, se quejó de la parcialidad de los sondeos.

"¿Por qué todas las veces, a doce horas de las elecciones, los institutos de sondeos dan seis o siete puntos menos a los candidatos del PT en la primera vuelta aquí en el estado de Sao Paulo?", inquirió Padilha después de la victoria del actual gobernador, Geraldo Alckmin, del PSDB.

Según el profesor de la UFRJ, las encuestadoras brasileñas se sirven de métodos "precarios" en la elección de las muestras, lo que les obliga a ampliar el margen de error de los sondeos, algo que les brinda a las empresas demoscópicas un valioso material para realizar "maniobras políticas y económicas".

"Hay un juego político muy fuerte dentro de eso. Los partidos y candidatos tienen relaciones y contratos con esas agencias. Hacen una encuesta para el público y centenas para cada diputado, para cada candidato a gobernador, que pagan por ellas. Las agencias dependen de ellos", comentó Sanches.

No obstante, el especialista matizó que "cuando se aproxima la fecha de la elección" las encuestadoras tienden a afinar los resultados para no perder credibilidad.

No en vano, las principales encuestadoras coincidieron en sus sondeos en la víspera de las elecciones y, a pesar de algún desvío numérico, acertaron el resultado de las presidenciales.