La Unión Europea (UE) recibió hoy luz verde del Consejo de Seguridad de la ONU para actuar contra las mafias del tráfico de migrantes frente a las costas de Libia y utilizar contra ellas la fuerza en caso de que sea necesario. El máximo órgano de decisión de las Naciones Unidas dio de esta forma su aval a la fase activa de la operación naval "Sofía", puesta en marcha esta semana por los países europeos. La misión, según la UE, busca al mismo tiempo evitar que haya más naufragios en el Mediterráneo como los que se han cobrado miles de vidas en los últimos meses y debilitar a las redes del tráfico de personas. Para ello, las fuerzas navales de la UE podrán inspeccionar, capturar e inutilizar en alta mar barcos sospechosos procedentes de Libia, país desde el que actualmente zarpan la mayor parte de las embarcaciones con inmigrantes y demandantes de asilo que tratan de llegar a Europa. Casi por unanimidad (14 votos a favor y una única abstención, de Venezuela), el Consejo dio hoy luz verde a esas actividades, con la aprobación de la resolución 2240. El texto, impulsado por el Reino Unido en nombre de la UE, está redactado bajo el capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas y, por tanto, autoriza el uso de la fuerza. Esa posibilidad, precisamente, complicó durante meses la aprobación de la resolución y obligó a varias modificaciones del borrador para lograr el consenso necesario. Rusia, cuyo poder de veto le habría permitido frenar la iniciativa, exigió a Europa garantías de que el texto no será utilizado con otros fines, más allá del de responder a la crisis migratoria. En los últimos años, el Gobierno ruso ha acusado repetidamente a las potencias occidentales de utilizar una resolución aprobada en 2011 por el Consejo de Seguridad para proteger a los civiles en Libia como base de la campaña militar que terminó con el régimen de Muamar el Gadafi. Tras los últimos ajustes, Rusia consideró hoy que la resolución adoptada es "muy clara" en sus fines y advirtió de que vigilará su aplicación para evitar cualquier "interpretación expansiva", lo que -dijo- sería "totalmente inaceptable". Los países africanos del Consejo, que de entrada también tenían objeciones, apoyaron finalmente el texto y agradecieron la "flexibilidad" de los promotores para responder a las preocupaciones de los Estados miembros. En ese sentido, el embajador libio ante la ONU, Ibrahim Dabbashi, aseguró que la resolución "tiene en cuenta las inquietudes de Libia y del continente africano". Según Dabbashi, la medida "supone un paso importante para salvar vidas y para reducir los riesgos a los que se exponen los migrantes", aunque advirtió de que precisamente eso puede animar a más personas a viajar a su país para tratar de alcanzar Europa. Por ello, reclamó respaldo a las autoridades libias para que puedan recuperar el control sobre todo su territorio y controlar las fronteras. Venezuela, el único país que finalmente se desmarcó en la votación, dijo que se abstuvo al considerar que la crisis migratoria en el Mediterráneo se está "abordando de una forma completamente equivocada", con un "enfoque militar" que sólo la empeorará. "Esta crisis no se puede resumir evitando que los refugiados queden contenidos por cientos de miles en la zona de la desesperanza a través del uso de la acción militar", dijo el embajador venezolano, Rafael Ramírez. Para Venezuela, la resolución supone "un grave error" y un "peligroso precedente" al prever el uso de la fuerza militar y significa que en los asuntos migratorios y de refugiados se "impone la política de los muros". En unas declaraciones a los periodistas, el embajador británico, Matthew Rycroft, coincidió en que la vía militar no va a solucionar la crisis, pero defendió que es necesaria como parte de la respuesta para evitar muertes en el Mediterráneo y para dejar claro a los traficantes que no podrán beneficiarse de su desesperación. Por ello, se mostró "decepcionado" por la postura venezolana en la votación, especialmente después de que el texto recibiese el respaldo de los países africanos y de la propia Libia. España, que preside este mes el Consejo de Seguridad, subrayó que la operación europea tiene "el objetivo primordial de salvar vidas y de combatir el tráfico de seres humanos". "España es testigo desde hace tiempo de la explotación sin escrúpulos a la que se ven sometidas millones de personas en el Mediterráneo", recordó el embajador ante la ONU, Román Oyarzun. Por EFE