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Más de 20.000 civiles huyeron de Guta, se trata del mayor éxodo de civiles en esa zona desde el 18 de febrero.

El éxodo de la población se intensificó ante el rápido avance de las fuerzas del régimen.
El éxodo de la población se intensificó ante el rápido avance de las fuerzas del régimen.
AFP

A pie, en moto o en coche, familias sirias agotadas y hambrientas abandonaron este jueves la parte rebelde de Guta Oriental, huyendo de cinco años de asedio y abandonando familiares y casas destruidas por los bombardeos de las fuerzas del régimen de Damasco. 

"Hemos sufrido mucho, ya no había comida ni medicamentos y pasábamos largas horas en los sótanos. Gracias a Dios, al fin hemos podido salir de ahí", dice la treintañera Hania Homs, que amamanta a su hija en la parte trasera de una camioneta, donde se instaló con otros miembros de su familia. 

"Ya no tengo leche, pero he intentado distraer a mi hija", cuenta al llegar a la represa que conquistó el régimen en las afueras de la localidad de Hamuriya, en el sur del enclave rebelde en Guta, escenario de una ofensiva aérea y terrestre de las tropas gubernamentales desde el 18 de febrero. 

Los habitantes de Hamuriya sufren desde 2013 un asedio asfixiante por parte del régimen de Bashar al Asad que provocó gravas penurias en el último bastión rebelde situada a las puertas de Damasco. 

Más de 20.000 civiles huyeron este jueves del enclave rebelde, según la oenegé Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH). Se trata del mayor éxodo de civiles en esa zona desde el 18 de febrero. Los habitantes se dirigen hacia zonas en poder del régimen. 

Como Hania Homs y otros miles de habitantes, Miriam, de 20 años, pasó la represa de Hamuriya tras caminar durante horas con su hijo recién nacido en brazos. "He salido a las siete de la mañana y he recorrido toda esta distancia a pie y llevando a mi hijo", cuenta sin aliento. 

El éxodo de la población se intensificó ante el rápido avance de las fuerzas del régimen que controlan ahora más del 70% del bastión rebelde, según el OSDH. 

Esa huida tuvo lugar poco antes de que el régimen arrebatara totalmente Hamuriya a los rebeldes. 

 

'A toda prisa' 

Um Hania está sentada en la parte delantera de la camioneta. "Tras años de abundancia, habíamos llegado a esperar la más mínima de las raciones alimentarias". 

"Nos hemos marchado dejando atrás nuestras casas, nuestros bienes y nuestras granjas", dice con un nudo en la garganta y lágrimas en los ojos. 

En el corredor humanitario arenoso, exiguo y abarrotado por cientos de desplazados de todas las edades, un joven de ropa raída empuja la silla de ruedas de su abuela. Ha recorrido kilómetros hasta alcanzar la represa de Hamuriya. 

"Estoy aliviada" de poder salir de aquí, dice Sara Ghannum, de 80 años.

Su hija, Alaf el Jatib, de 50 años, aguarda a su lado la llegada de los demás miembros de su familia. "Hemos sacado nuestras maletas a toda prisa en cuanto nos hemos enterado de que podíamos salir". 

Cerca de ella, Husein Samid, de 40 años, está sentado al borde de la carretera, fumando. A su lado, sus vecinos también intentan descansar después de caminar durante horas. "Hacía tiempo que queríamos irnos, pero no nos habían dejado marcharnos", asegura a propósito de los rebeldes. 

En un puesto de control, soldados sirios reparten bocadillos, agua y zumo a los civiles que llegan. Más de una veintena de autobuses verdes y varias ambulancias se disponen a llevar a los desplazados a centros de acogida provisionales. 

Entre la multitud, Ismail huyó con cinco de sus hijos. "Hemos abandonado nuestra casa, nuestro carro. He dejado incluso a mi hija bajo los escombros", recuerda el hombre de 46 años. "¡No he conseguido sacarla de allí!". 

Fuente

AFP

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