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Trump bromeó además con Putin sobre la presunta injerencia electoral de Rusia en EE.UU.

Pedro Sánchez y Donald Trump.
Pedro Sánchez y Donald Trump.
AFP

El encuentro entre Donald Trump y Pedro Sánchez en la cumbre del G20 este viernes estuvo marcado por un gesto en el que el presidente estadounidense parece mandar sentar al jefe del Gobierno español, y al que fuentes del Ejecutivo de Madrid han restado importancia, además de subrayar la cordialidad con la que se han saludado.

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Ha sido al inicio de la plenaria de esta cumbre, cuando Trump y Sánchez se han saludado con un apretón de manos.

Después el presidente español ha querido volver a dirigirse al estadounidense y éste le hizo un gesto señalando su asiento con la mano, como si le estuviese pidiendo que se sentase. Sánchez reaccionó riendo y se sentó en su sitio.

Fuentes del Gobierno español aseguraron después que según les había comentado Sánchez el encuentro entre ambos ha sido cordial e incluso Trump le ha comentado lo mucho que le gusta España, y han negado que el gesto haya tenido una intención despectiva.

Otras fuentes del Gobierno, por otra parte, han señalado que lo que ha ocurrido cuando Trump ha hecho el gesto es que le ha dicho al presidente español "tienes un buen sitio", en alusión a su puesto en el plenario.

Los líderes ya están acostumbrados a esos gestos de Trump por lo cual no sería descabellado pensar que le dio una orden a Sánchez, aun cuando la relación entre ambos mandatarios es casi que inexistente.

Chiste a Vladimir Putin

El presidente Donald Trump, bromeó hoy  además sobre la presunta injerencia electoral de Moscú durante un encuentro con su homólogo ruso, Vladímir Putin, y suavizó sus críticas a aliados tradicionales de Estados Unidos durante la primera jornada de la cumbre del G20 en Osaka.

La cita tuvo un ligero tono de celebración, porque era la primera entre ambos desde que el fiscal especial que investigaba en Estados Unidos la presunta injerencia rusa en las elecciones de 2016, Robert Mueller, cerrara su pesquisa y concluyera que no hubo una conspiración entre la campaña de Trump y Moscú.

Cuando una periodista preguntó a Trump si planeaba pedirle a Putin que no intente influir en el resultado de los comicios de 2020, en los que se juega la reelección, Trump respondió de inmediato: "Sí, por supuesto, lo haré".

Acto seguido, se giró ligeramente hacia Putin, aunque sin mirarle a los ojos, y dijo con una sonrisa y un gesto de sorna: "No se meta en las elecciones, presidente. No se meta en las elecciones".


La anécdota demostró una vez más la afinidad que Trump siente por Putin, pero no desató el mismo grado de polémica que el último encuentro entre ambos, hace casi un año en Helsinki, cuando el líder estadounidense puso en duda las conclusiones de sus propias agencias de inteligencia sobre la injerencia rusa.

La química entre ambos no borró, sin embargo, las tensiones entre sus Gobiernos respecto a Venezuela, Irán, Siria y Ucrania; temas que marcaron parte de su diálogo, según la Casa Blanca.

Un mes antes de que se haga efectiva la retirada de Estados Unidos del acuerdo sobre misiles INF con Rusia, Trump y Putin acordaron negociar un nuevo "modelo de control de armas", y el estadounidense insistió en que ese posible pacto "debe incluir a China".

Trump también se sintió cómodo con Bolsonaro, al que describió como "un hombre muy especial" en el segundo encuentro entre ambos desde que el líder ultraderechista llegó al poder en enero.

Cinco meses después de reconocer al líder opositor Juan Guaidó como presidente de Venezuela, Trump pidió paciencia para derrocar al mandatario Nicolás Maduro, al afirmar que "las cosas llevan tiempo".

Los dos líderes evaluaron medidas para cortar "el apoyo financiero de todos los países que ayudan a Venezuela", según dijo el portavoz de Bolsonaro, Otávio Rego Barros, en rueda de prensa.

Trump matiza críticas a líderes mundiales

A primera hora, Trump se reunió con el anfitrión de la cumbre del G20, el primer ministro japonés, Shinzo Abe, dos días después de criticar el tratado de defensa con Japón.

Pero tanto Trump como Abe evitaron cualquier referencia a la afirmación del estadounidense de que, si Estados Unidos fuera atacado, los japoneses no estarían obligados a responder y verían lo ocurrido "en una televisión Sony".

Trump había denunciado además, en un tuit este jueves, la "inaceptable" decisión de la India de imponer nuevos aranceles a Estados Unidos, pero hoy opinó que la relación bilateral "seguirá siendo buena" al reunirse con el primer ministro indio, Narendra Modi.

Sentado poco después junto a la canciller alemana, Angela Merkel, Trump la describió como su "amiga" y "una mujer fantástica" después de haber asegurado, en su entrevista del miércoles con la cadena Fox Business, que Alemania era una "morosa" en sus pagos a la OTAN.

Y el primer ministro vietnamita, Nguyen Xuan Phuc, se le acercó durante el almuerzo de trabajo para hablar lejos de cualquier micrófono, posiblemente sobre la acusación de Trump en la entrevista de que Vietnam es "el país que más abusa" de Estados Unidos y su insinuación de que podría imponerle aranceles.

El ministro de Asuntos Exteriores mexicano, Marcelo Ebrard, asimismo saludó a Trump y se fotografió con él, semanas después de que sus Gobiernos alcanzaran un acuerdo migratorio para frenar la imposición de gravámenes a México.

Pero la batalla comercial que todos tenían en mente en Osaka es la que enfrenta desde el año pasado a Estados Unidos y China, y Trump pronosticó que su reunión de este sábado con el presidente chino, Xi Jinping, será "productiva" y "emocionante".

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Aunque no provocó grandes controversias, Trump no tenía del todo la mente en la cumbre del G20, y aprovechó cualquier momento libre para seguir por televisión o por Twitter el segundo debate entre los aspirantes demócratas a arrebatarle el poder en 2020.

"Estoy encantado de pasar tiempo con usted en lugar de verlo (el debate)", aseguró Trump en tono poco convincente durante su reunión con Merkel.

Fuente

EFE

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