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Aida Merlano
Aida Merlano
Foto: Facebook

La dragoneante del Inpec, Diana Marcela Montoya Ramos fue una de las últimas personas que tuvo contacto con la excongresista Aida Merlano antes que pusiera en marcha su plan de fuga mientras asistía a una cita odontológica en el norte de Bogotá el 1 de octubre del 2019.

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En su declaración en el juicio que se adelanta contra el odontólogo Javier Cely y Aida Victoria Merlano –hija de la exrepresentante a la Cámara- la guardia del Inpec detalló todo lo que ocurrió en el consultorio odontológico al que fue trasladada la excongresista para que se realizara un diseño de sonrisa.

Recordó que llegó al lugar y se dividió con su compañero la guardia. Cuando subió el odontólogo Javier Cely le impidió la entrada al consultorio por lo que tuvo que esperar afuera mientras se adelantaba el procedimiento.

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Bajo la gravedad de juramento indicó que el hijo de Aida Merlano –quien era menor de edad en ese momento- entraba y salía con frecuencia. “Hablaba con las personas del piso y me buscaba para preguntarme varias cosas”.

En medio del interrogatorio de la Fiscalía, la guardia aseguró que ahora que lo piensa esa actitud pudo ser una maniobra distractora puesto que el hijo de la excongresista y una persona que portaba una bata azul se ubicaban en una posición estratégica para que no viera lo que pasaba dentro del consultorio.

“Me distraía porque yo viendo cómo estaba la situación me hablaban de temas que no iban al caso. El hijo era hable y hable conmigo (…) Y la forma en cómo se ubicaron me impedían ver adentro”, relató.

A las 2:30 de la tarde se le informó que el procedimiento ya iba a terminar y que solamente faltaba media hora. Por lo que siguió esperando en la sala mientras se comunicaba con el conductor y el otro guardia para entregarle los informes.

En un punto de su espera vio que salía Aida Victoria Merlano quien, casualmente, estaba vestida igual que su madre y portaba un bolso en su brazo. La entrada y salía del hijo menor de la excongresista era constante, por lo que solamente en esos momentos podía ver lo que ocurría adentro puesto que él siempre se cercioraba de cerrar la puerta del consultorio.

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Ya casi a las 3 de la tarde vio a Aida Victoria hablando por teléfono, situación que le pareció rara. “Estaban al pie de ella, la hija hablando por celular se me hizo raro, pero no era la interna la que hablaba por teléfono”.

Ya sobre las 3 vio al odontólogo salir, sin embargo, notó en él una actitud extraña. “no me dijo nada, agachó la cabeza” y se fue directo a la recepción, le entró una llamada y le dijo a su interlocutor que ya iba a salir.

Fue raro porque en ese tipo de situaciones siempre se les informa que ya terminó el procedimiento. Tras unos minutos y ver que no salía la excongresista y que nadie le daba información entró y no la encontró.

Solamente estaba la ventana abierta y una cuerda roja atada. Todo lo demás –según la dragoneante- fue muy confuso. Intentó jalar la cuerda y sintió un peso por lo que creyó que Merlano seguía pegada a ella, pero al mirar abajo vio que era el guardia de seguridad que jalaba la cuerda hacía abajo.

Inmediatamente salió corriendo rumbo al sotano por donde habían ingresado tres horas antes con la excongresista para avisarle a sus compañeros lo que había ocurrido.

“Les dije ‘ayúdenme, se me fue por la ventana’, toda la gente me miraba, lo que hice fue correr con el arma en la mano hacía la Séptima. ‘Aida Merlano se me fue, ayúdenme’”.

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Pocos minutos después la llamó la directora de la cárcel El Buen Pastor y varios funcionarios de la cárcel para preguntar por lo que había ocurrido con la excongresista. Poco o nada supo del odontólogo ni de los hijos de Merlano.

Pese a que la excongresista estaba en el Patio 8, donde hay funcionarios públicos y personas con condiciones de seguridad altas, Merlano solamente fue enviada con un conductor y dos guardias, situación bastante irregular para la experiencia de la guardia.

“Me dijeron que era del patio 8 y pregunté por qué no tenía seguridad y me contestaron que la secretaria de remisiones le había quitado la seguridad pocos días antes”, relató.

Javier Cely y Aida Victoria Merlano enfrenta un juicio por participar activamente en el plan de fuga de la excongresista, así como el uso de menores de edad para esta actividad. Por estos hechos se enfrentan a una condena de 23 años de prisión si son hallados culpables.

Fuente

Sistema Integrado Digital

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