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Raúl llegó hace tres años al populoso sector de Versalles.

CUBANO
Colprensa

Raúl Gutiérrez Sánchez, el hombre que en la capital del país causó terror por sus presuntas intenciones con explosivos sobre diplomáticos norteamericanos en nombre de Isis, causó sensación en Calarcá Quindío por su sazón y carisma en medio de su habilidad como cocinero.

Raúl llegó hace tres años al populoso sector de Versalles en busca de una oportunidad de trabajo, se ubicó como ayudante en un puesto de comidas rápidas y luego logró abrir un pequeño restaurante, su propio negocio, al que llamó ´Tumbao y Sazón´, donde la especialidad era el ceviche, las arepas y por su puesto el sándwich cubano. Doña Luz, vecina del sector da fe no solo de su talento para la cocina sino de la cordialidad y jovialidad con la que se ganó el cariño en el barrio.

“El montó el negocio del restaurante frente al cementerio. Era un tipo emprendedor, amable, querido y cocinaba delicioso. La gente está aterrada por que era muy querido con todo el mundo y ahora esta noticia ha sido de impacto por que la gente no lo cree”, puntualizó la vecina del sector.

 

Más sorprendida aún quedó Liliana, quien le brindó una habitación de su casa, inicialmente por caridad y respondiendo a su actitud comedida y los platos que hacía de vez en cuando y luego en alquiler, cuando el cubano consiguió empleo.

“Me da mucho pesar de saber que Raúl está metido en esos problemas tan graves, vivió aquí en mi casa y se portó muy bien, es una persona muy humana, y nosotros no tenemos queja de él. Hace tres años lo conocemos y fue una excelente persona”, agregó doña Liliana.

Entre las anécdotas que dejó el hombre procedente de la Habana en el municipio cafetero, está la vez que, el ahora señalado seguidor de Alá, le prendió una veladora a la virgen María orando por prosperidad, pero esta se salió de control y un voraz incendio consumió parte de su restaurante, sus conocidos no dudaron en brindarle ayuda para levantar su negocio de nuevo.

“Cuando se le quemó el restaurante frente al cementerio, la gente solidaria con él lo intentaron ayudar a que volviera a montar el local, pero después de eso le salió un negocio en Salento para que montara su restaurante allá”, dicen testigos y conocidos.

Ese es el tema de conversación en calles y tiendas de Calarcá, la historia del cubano que llegó al municipio y dejó una imagen de hombre emprendedor, alegre, carismático y muy servicial pero que hoy está a disposición de las autoridades presuntamente por nexos con el islam.

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