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El mayor (r) Gustavo Enrique Soto Bracamonte entregó detalles ante la JEP de los “falsos positivos” que se ejecutaron en el departamento.

General Montoya ante la JEP
General Montoya ante la JEP.
Colprensa

El 7 de diciembre de 2017, el excomandante del Gaula en el Casanare, mayor (r) Gustavo Enrique Soto Bustamante le relató los magistrados de la Sala de Reconocimiento de la Verdad de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) la forma en cómo se adelantaron las ejecuciones extajudiciales en el departamento entre los años 2006 y 2007.

En su declaración, que duró cerca de seis horas, el oficial aseguró que la presentación de civiles como guerrilleros abatidos en combate tuvo su auge por las presiones que se ejercían desde la Comandancia del Ejército Nacional para demostrar resultados operacionales.

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En este sentido manifestó que el general Mario Montoya Uribe tuvo conocimiento directo y claro sobre estas prácticas, puesto que en parte él las motivaba ante todos los comandantes de Brigada del país. El mayor Soto reiteró que existía una constante presión para mostrar resultados (bajas en combate) y el que no sirviera para eso se iba. En este punto se aseguró que el tema de las capturas y entregas voluntarias pasó  a un segundo plano.

“Montoya siempre hablaba de litros de sangre y eso en el Ejército significaba muertos”, señaló el mayor en retiro ante la JEP en uno de los apartes de la declaración revelada por el diario El Espectador. El excomandante del Gaula aseguró que fue testigo directo de las amenazas y presiones que ejercía el comandante del Ejército en contra de sus subalternos.

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En uno de estos puntos recordó que el general Montoya amenazaba a todo el mundo: “siempre fue una persona que instigaba, arbitaria, que con sus gritos relevaba (…) con sus amenazas todo el mundo le tenía miedo y él tenía el gran poder para trasladarlo a uno, para hacerlo echar”.

Y es que esta era una de las principales presiones que ejercía el general Montoya en contra de los comandantes de Brigada, aquel que mostraba resultados era ascendido, recibía bonificaciones y premisos especiales, pero aquellos que no alcanzaran la cuota fijada de muertos salían de la Institución.

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Recordó que el entonces comandante de la Brigada XVI del Ejército en Casanare, coronel Henry Torres Escalante -quien ya se sometió a la JEP- era presionado para que presentara muertos en combate. “EN una reunión en 2007 se le acercó al oficial y le manifestó. “Esta brigada lleva 15 días sin un muerto, hermano. Este es un mensaje subliminal para que lo releve del cargo”.

En el departamento del Casanare –recordó- el Ejército contó con una activa participación de agentes del DAS para simular combates y así justificar los informes oficiales que contenían las bajas: “Llegaba la persona, aquí está el muerto, anotaciones de inteligencia y le levanto el perfil criminal y listo”.

Este modus operandi se repitió una y otra vez durante los dos años que estuvo en la comandancia del Gaula. El mayor en retiro reveló que en muchas oportunidades contó con la participación de los agentes del ahora desaparecido departamento de inteligencia para realizar operaciones ilegales, revelando que ellos tenían un conocimiento claro y preciso sobre la forma en cómo se debían hacer las cosas.

Al ser cuestionado por los magistrados por su continuidad con estas actividades ilegales, el excomandante del Gaula solamente atinó a decir –a modo de justificación- que sentía miedo, puesto que al negarse a realizarlas iba a salir de la Institución por la puerta de atrás perdiendo todos sus años de carrera militar.

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"Donde yo me oponga, donde yo diga que no, donde yo no siga los lineamientos de la Brigada, muy seguramente me relevan del cargo, me echan de la Fuerza y pierde uno todo porque uno queda desamparado, en la calle. Son situaciones que se presentan y uno se involucra en esa situación ilegal también para que no le vaya a pasar a uno nada", precisó.

En su extensa declaración se refirió al general Montoya como una persona arbitraria que siempre quería imponer su voluntad. “Siempre lo he dicho con las personas privadas de la libertad, eso (Montoya) fue lo peor que le pasó al Ejército, porque era un militar que no pensaba, él siempre daba las órdenes arbitrariamente, sin pensar”.

Igualmente reveló que cuando estalló el escándalo de los “falsos positivos” se dio la orden interna de asesinar a todos los informantes y reclutadores de las personas que eran presentadas como guerrilleros abatidos en combate con el fin de desviar la investigación y no dejar cabos sueltos.

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Sin embargo, el pacto de obediencia se rompió y el mayor tomó la decisión de no ejecutar a las personas que le habían colaborado. Reveló que actualmente muchas de ellas se encuentran condenadas y en centros carcelarios. “Todas están vivas”, reseñó.

El mayor (r) Gustavo Enrique Soto Bracamonte estuvo privado de su libertad durante once años cumpliendo una sentencia por su responsabilidad en los “falsos positivos”. Fue uno de los primeros oficiales del Ejército en suscribir un acta de sometimiento ante la JEP. En el documento se comprometió a colaborar con el esclarecimiento de la verdad.

Fuente

RCN Radio

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