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El expresidente sostuvo que la investigación por el magnicidio se desvió de manera extraña tras la declaración del exministro Botero.

ÁLVARO GÓMEZ HURTADO
El dirigente político Álvaro Gómez Hurtado fue asesinado el 2 de noviembre de 1995.
Colprensa

Álvaro Gómez Hurtado era mi amigo personal y amigo político”. De esta forma comenzó el relato del expresidente Ernesto Samper ante la Comisión de la Verdad al recordar los hechos que rodearon el asesinato del líder conservador registrado el 2 de noviembre de 1995.

Samper señaló que pese a las diferencias que tenían, siempre existió una relación cordial con Gómez Hurtado. “Yo participé en su liberación cuando estuvo secuestrado por el M-19”, precisó el exmandatario (1994-1998) sobre los episodios que vivió con el reconocido líder político.

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Recordó que ese 2 de noviembre estaba en una reunión con un grupo de campesinos cuando se enteró de la noticia del asesinato de Gómez. En ese momento ordenó la conmoción interior puesto que la situación era bastante grave.

 

Pocos días después de este magnicidio se conoció información periodística sobre la presencia de un vehículo extraño en cercanías al lugar en el que Gómez Hurtado fue interceptado y asesinado por sicarios. En el carro habían varios “hombres sospechosos” adelantado actividades de vigilancia y portando armamento.  

El vehículo –según se estableció- estaba adscrito al Instituto Nacional de Transporte y Tránsito (Intra) había sido asignado a la Brigada del Ejército y la Escuela Superior de Guerra. Al ser preguntados por la información periodística se detalla que las personas que estaban en ese carro pasaban por el lugar para buscar “una vieja Revista Cromos”.

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“Menuda situación de inseguridad si uno tiene que llevar gente armada a buscar una Revista Cromos”, reseñó en tono de burla el expresidente. El entonces fiscal General, Alfonso Valdivieso abrió una investigación para establecer la veracidad de los hechos revelados por la prensa.

En la recolección de pruebas –precisó Samper- se encontraron vainillas de armas de uso privativo de las Fuerzas Militares en el lugar de los hechos. Sin embargo, estos elementos desaparecieron posteriormente en la cadena de custodia.

En la Fiscalía de Alfonso Gómez Méndez se vinculó a un coronel del Ejército e incluso se anunció una imputación de cargos. Sin embargo, “de manera sorpresiva”, el exministro de Defensa, Fernando Botero Zea anunció desde México su deseo de ampliar su declaración ante las autoridades colombianas.

“Al mismo tiempo aparece la familia de Álvaro Gómez Hurtado diciendo que era un ‘golpe de Estado’ y que Samper y (Horacio) Serpa habían ordenado el asesinato”, precisó el exmandatario en su versión al recordar que se citaron como testigos a cuatro narcotraficantes y excomandantes paramilitares que estaban presos en la cárcel de Estados Unidos. “’Rasguño’, ‘Don Berna’, y otros con nombres innombrables”.

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En ese momento, recuerda, la investigación se desvió por completo. “Se abandonó la línea de investigación (…) todo cambia”. El caso pasó de la Fiscalía General a la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes. El “aparente lazo” ente los militares y los golpistas por el crimen del líder conservador se perdió y empezaron las acusaciones en su contra y su ministro de Estado.

En ese momento, la declaración de Botero se consideró como "una cortina de humo" o un intento para lograr una indemnización por parte del Estado por parte de los familiares del líder conservador.

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