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Se cumplen siete años del suicidio de Sergio Urrego, un adolescente que en medio del matoneo y la discriminación por su orientación sexual decidió quitarse la vida.

Este hecho, sin duda, ha marcado un precedente en la lucha por los derechos de los jóvenes de la población LGBTI (personas lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersexuales) y que puso sobre la mesa el tema de la salud mental de los adolescentes en el país. 

El 4 de agosto del 2014 en el país se conocía sobre el caso de un suicidio que se registró en el centro comercial Titán Plaza, en Bogotá

Se trataba de un menor de 16 años, identificado como Sergio Urrego un hecho que, con el paso de los días, tomó relevancia social y legal; que no se limitó a los medios de información judicial o de crónica roja.

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Al tomar esta fatal decisión, el joven que cursaba el grado 11 en el Gimnasio Castillo Campestre dejó algunas cartas, en las que plasmó los motivos que lo llevaron a su muerte. 

Notas que daban cuenta de cómo sentía que la discriminación por su orientación sexual, el matoneo y los malos tratos de sus compañeros de clases, así como profesores y superiores de esa institución, era algo con lo que ya no quería lidiar. 

Alba Reyes, madre del joven, habló con RCN Radio del sufrimiento de Sergio en esos últimos días.  

“Mi hijo fue acosado y discriminado por su orientación sexual, por parte de las directivas, docentes y la psicóloga del colegio donde estudiaba; simplemente por haber amado diferente. Lo acorralaron hasta que decidió quitarse la vida”, aseguró.

Pero más allá del enorme dolor que dejó en sus familiares y amigos, tras el suicidio de Sergio muchos empezaron a redimensionar qué tan dañino pueden ser realmente el matoneo y la discriminación. Además, las autoridades y la sociedad en general se cuestionaron por la responsabilidad que tienen los docentes y directivos de las instituciones educativas, frente a esta realidad. 

Con el paso de los meses, Sergio Urrego y su historia se convertirían para muchos en el rostro de la lucha contra la discriminación sobre todo a los jóvenes de la población LGBTI. 

Su madre, aprendió a canalizar ese sufrimiento y con el nombre de su hijo, ahora lleva adelante una fundación que ayuda a evitar que otros jóvenes tomen la misma decisión. 

 “Decidí levantar su voz y trabajar en la prevención de la discriminación de niños, niñas y jóvenes en ambientes escolares y la prevención al suicidio ocasionado por discriminación en Colombia”, dijo la mujer.  

En los estrados judiciales doña Alba también ha tenido una dura lucha, para buscar justicia por el caso de su hijo. 

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“Frente al caso penal, creo que fue un caso bastante tortuoso para mí; muy difícil enfrentar la justicia colombiana durante 7 años y para mí la verdadera transformación no pasa por la cárcel, sino por dejar un precedente, donde dejemos claro que con nuestros jóvenes diversos no se pueden meter. Que ellas y ellos merecen respeto, que ellos y ellas son seres humanos y que tenemos que empezar por quitarnos las etiquetas”, dijo la madre de Sergio.  

Solo hasta este año, a finales del mes de mayo, fue capturada Amanda Azucena Castillo Cortés, exrectora del colegio donde estudió Sergio Urrego, con el fin de que cumpla la condena de ocho años y ocho meses de prisión, por los actos de discriminación contra el joven estudiante por su orientación sexual. 

Una condena que inicialmente se había anunciado por once años y que el Tribunal Superior de Bogotá redujo a ocho años. Por los delitos de falsa denuncia y ocultamiento de pruebas, dada su responsabilidad en los hechos de discriminación contra el joven.  

Fuente

RCN Radio

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