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Los mejores perfumes vienen en envase pequeño: los más exquisitos, los más refinados, los más elegantes. Su fragancia es la más depurada, la más excelsa, la de más grata recordación.

El sapiente y añejo dicho popular –“vox populi, vox Dei”- se le puede aplicar a la recordada y querida figura de Américo José Montanini, el futbolista más importante en la historia del Atlético Bucaramanga y uno de los más talentosos que ha jugado en Colombia.

Su baja estatura era inversamente proporcional a la grandeza de su fútbol, a su sencillez como persona, a su bonhomía como ser humano. Más pequeño aun que sus paisanos Maradona y Messi, pero con una calidad enorme y una capacidad goleadora similar a la de ellos.

Américo, como le decían sus amigos, era también un colombiano nacido en Argentina. Más aún, era un santandereano que hacía honor a la máxima de esa región más cordial de Colombia: “El que pisa tierra de Santander es santandereano”. Montanini vivió la mayor parte de la vida con su familia en Bucaramanga: era un entrañable paisano.

No tuve el placer de verlo jugar como futbolista profesional, pero sí el deleite de disfrutar de la magia de su talento, su picardía y dominio de la pelota. Ya entrado en años, me impresionó la manera como en una baldosa, a punta de amagues y pisadas de balón, podía driblar a un sinfín de rivales. Cuando lo vi y jugué con Américo en alguna recocha pude comprobar personalmente que eran ciertas todas las maravillas que los mayores hablaban de él. He visto a pocos tan hábiles y dúctiles con el cuero, incluso en la televisión.

Montanini se nos fue este año, pero deja una huella profunda en el deporte y en la memoria colectiva de los santandereanos. Hincha furibundo del Bucaramanga, pertenecía a esa pléyade de futbolistas argentinos que jugaron en el equipo leopardo y que se quedaron a vivir a mediados del siglo pasado en la “Ciudad Bonita”. He tenido la suerte de conocer a varios de ellos y de ser amigo y compañero de potrero, de canchas de fútbol e incluso de colegio de algunos de los hijos de estos argentinos santandereanos, de estos apreciados gauchos pingos.

La presencia y ahora la ausencia o, mejor, la recordación de lo que significó la brillante carrera profesional y la vida ejemplar de Américo José Montanini en Bucaramanga los representa, de alguna manera, a todos ellos y a sus familias. Entre estos, cómo no mencionarlos, a los amigos Dimarco, Peluffo y Janiot. Y, por supuesto, a Claudia, Martha y Gloria Isabel, sus queridas hijas.

El recuento de sus goles, que fueron muchos; de su trayectoria, celebrada por todos; de los equipos en los que jugó -River Plate, América de Cali y principalmente Atlético Bucaramanga-, se los dejo a los estadísticos y especialistas en números. Yo me quedo con la persona, con el ídolo, con la leyenda: con mi admirado paisano.

“La Bordadora” se nos fue en noviembre a tejer otros sueños, a marcarle goles al infinito, a crear sugestivos regates en ese césped eterno del estadio superior en el que ahora se encuentra. No obstante, se ha quedado para siempre en el alma, en el cariño y en la memoria de quienes lo conocimos personalmente y escuchamos de nuestros mayores el relato de su grandeza y de su gloria.
 

Fuente

RCN RADIO

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