Cargando contenido

Ahora en vivo

Ahora en vivo

Seleccione la señal de su ciudad

Armero, Mocoa, La Niña: la misma historia

Juan Manuel Ruiz


Por: Juan Manuel Ruiz

¿Qué tienen en común las tragedias de Armero, La Niña y Mocoa? Mucho. Veamos: fueron tragedias anunciadas, en las tres hubo un elevado número de muertos ( que, sin embargo, no se pueden comparar), hubo movilización nacional, otra vez se pidieron carpas y frazadas, otra vez se abrieron cuentas para donaciones y en las tres aparecieron avivatos haciéndose pasar por damnificados.


El que tengan cosas en común no hace idénticas las tragedias, es obvio. En origen, magnitud y resultados claramente se ve que fueron cosas distintas, pero en el fondo hay muchas coincidencias lamentables.


Lo doloroso, a mi manera de ver, es que ocurrieron con veinticinco y treinta años de diferencia. O sea, tres décadas de aprendizajes y de leyes que dan la impresión de que no sirvieron para nada.


¿No sirvieron los veinticinco mil muertos de Armero en 1985 y los dos millones de afectados y damnificados del Fenómeno de la Niña en 2012 para forjar la ley 1523 que creó el Sistema de Gestión del Riesgo de Desastres?


Se suponía que tanta tragedia --se me olvidó mencionar Gramalote y Salgar y otras que quedaron en el camino-- debería servir para algo. Pero cada vez que ocurre una volvemos a lo mismo: solidaridad nacional, abrir cuentas para donar, donaciones que se pierden porque se las roban, listados de muertos, heridos y desaparecidos, y llamados de alerta para que falsas víctimas que acechan como buitres no se vayan a quedar con la plata de las ayudas.


Es como si viviéramos una eterna pesadilla, pesadilla sin fin. Porque la gente sigue asentándose donde no debe, se siguen talando los árboles en las orillas de los ríos, los alcaldes no gestionan el riesgo, y entretanto la Naturaleza, como dijo el obispo de Mocoa, no perdona.


Solo por curiosidad, lean la ley 1523 de 2012. Ahí se establecen claramente las responsabilidades de la gestión del riesgo, que recaen en manos de los alcaldes y gobernadores. Pero ellos no tienen ni plata para el tema y ni idea de cómo se hace el asunto. Prefieren gestionar con más prisa las ferias y fiestas del pueblo --en eso no fallan-- que dedicarse a los temas cruciales de la administración.


Pero hay más: un informe de la Procuraduría emitido en noviembre de 2015 reveló, por su parte, que el 85 por ciento de los municipios del país carece de un sistema de alertas tempranas de desastres naturales. Y el 63 por ciento de los municipios no tiene actualizado su plan de ordenamiento territorial.


Pero, eso sí, paradójicamente, el 99 por ciento de los municipios que respondieron la encuesta del informe de la Procuraduría presentó emergencias ambientales durante el periodo comprendido entre los años 2010 y 2013.


Concretamente, 666 municipios (71%) reportaron haber enfrentado incendios forestales, 741 (79%) deslizamientos y 693 (74%) inundaciones. ¿Entonces? ¿En qué estamos? ¿En qué quedamos? Repitiendo la misma historia de siempre.


Lamentablemente, estamos enfrentados a vivir una y otra vez en medio de la tragedia. A ver, impávidos, desfilar a los personajes de esta película de terror a lo largo del tiempo pero con actores diferentes: un lugar, unos habitantes, un deslizamiento o desbordamiento, muchas víctimas, muchos heridos, muchos desaparecidos, un llamado a la solidaridad nacional, cuentas de ahorros que se abren para donaciones, platas que se donan y que se pierden, decenas de falsas víctimas posando de damnificados.


Todos lloramos, todos nos abrazamos. Muy solidarios, eso sí, pero muy poco severos a la hora de reclamar las responsabilidades por lo que no debió ocurrir. Creo que la "pobreciteadera" nos va a matar, literalmente. Si no fuera tan trágico, sería hasta cómico...