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Festival Internacional de Música Clásica Bogotá es Barroco
Cortesía Teatro Mayor

Cuando el italiano Jacopo Peri escribió “Eurídice” en 1600 no sabía que se iba a convertir en uno de los fundadores de un refinado género del teatro musical como la ópera. Tampoco que iba a ser uno de los padres de un exquisito y colorido período histórico de la música conocido como el Barroco, que hasta el día de hoy nos sigue deleitando con sus armonías, contrapunto, bajo continuo y ornamentaciones.

Después de Peri y de su paisano Claudio Monteverdi, con quien se disputa el honor de haber allanado el camino al período barroco, vinieron varios genios en los siglos XVII y XVIII en Europa, entre los que se destacaron particularmente los compositores Johann Sebastian Bach (1685-1750), Georg Friedrich Händel (1685-1759) y Antonio Vivaldi (1678-1741). Justamente estos tres colosales maestros de la música de todos los tiempos son los protagonistas del Festival Internacional de Música Clásica de Bogotá, Bogotá es Barroco: Bach, Händel, Vivaldi.

El festival es una necesaria y exitosa apuesta cultural de su fundador, Ramiro Osorio, director del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo y quien fuera el primer ministro de Cultura que tuvo Colombia. Junto a Fanny Mickey también fue fundador del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, con el que desde el 2013 intercalan los años de su realización. A partir de ese 2013, año de la primera versión del certamen de música clásica, tuvieron que pasar felizmente Beethoven, Mozart, los románticos rusos y otros románticos como Brahms, Schubert y Schumann para llegar a este venturoso estadio del Barroco con Bach, Händel y Vivaldi a la cabeza.

Por eso los amantes de la música en general y de la música clásica en particular estamos de plácemes en estos días ante la inminencia de que la capital colombiana se convierta también en la capital mundial del Barroco. Pero, como lo ha dicho Ramiro, alma y nervio del festival, esta maravilla no está destinada sólo a una minoría privilegiada de conocedores, sino pretende abarcar democráticamente a nuevos públicos y al conjunto de la sociedad. En plena libertad, y dirigida a tirios y troyanos, a expertos y neófitos, se trata de abrir la mente y abrazar con el corazón la belleza sublime de esta música.

El chelista catalán Pau Casals, uno de los más importantes de la historia y autor del himno de la paz de las Naciones Unidas, aconsejaba que uno, al levantarse todos los días, debía saludar y celebrar la vida oyendo alguna de las más de mil composiciones de Bach. De alguna manera, el festival le hizo caso y será precisamente su "Misa en si menor", considerada la obra más grande de todos los tiempos, un hito de la música clásica, barroca y sacra, la que dé inicio a cuatro días apasionantes y conmovedores de polifonías contrapuntísticas: armonías de diferentes líneas melódicas interpretadas con instrumentos de época (clavecín, laúd, viola da gamba, órgano, violoncello da spalla) a través de géneros como el oratorio, la cantata, la sonata, el motete, la fuga, la suite, el concierto y el concerto grosso, entre otros.

El Barroco fue posible gracias al florecimiento del Renacimiento en los siglos XV y XVI, especialmente en Italia. Aquél no se puede entender sin éste. En sentido figurado, y a manera de intertextualidad, "La Gioconda" o "Mona Lisa" de Leonardo da Vinci y el "David" de Miguel Ángel anticipan la existencia de "Las cuatro estaciones" de Vivaldi y la "Música del agua" de Händel; no de manera causal pero sí en la línea histórica y estética del arte y la cultura.

Peri y Monteverdi con su “Orfeo”, también compuesto hacia 1600, son las columnas vertebrales del período de transición entre el Renacimiento y el Barroco musical. El “Eurídice” de Peri es la primera ópera que se conserva hasta el día de hoy. Y eso que la considerada primera ópera de la historia es “Dafne”, escrita por él mismo hacia 1597. El período barroco abarca histórica y simbólicamente desde 1600 hasta 1750, año de la muerte de Bach, para muchos, entre los que me cuento, el mayor músico que ha producido la humanidad.

Así como el Barroco no habría sido posible sin el Renacimiento, tal vez el reggae, el rock y la bossa nova, con los que también nos solazamos hoy, no habrían existido sin la lejana pero determinante y viva influencia de Vivaldi, Händel y Bach y su armonioso y polifónico bajo continuo. Por cierto, como los buenos jazzistas, Bach también era un gran improvisador.

Al igual que el Quijote, que no salió de La Mancha, Bach, la mayor gloria de la música, no necesitó salir de Alemania para ser un ícono universal de la cultura. Y como Vivaldi fue olvidado injusta e inexplicablemente durante muchísimos años. Tuvieron que aparecer colegas suyos como Félix Mendelsshon y Robert Schumann para que Johann Sebastian resurgiera de entre sus gloriosas cenizas. Y el violinista Fritz Kreisler y el profesor Alberto Gentili en el caso de Antonio. La posteridad también les debe a ellos su lugar en la historia.

Tras el encierro, la cuarentena, la incertidumbre, la desazón, la música barroca ha venido a iluminar como un bálsamo sonoro la vida de bogotanos y colombianos. Para ello el festival tiene programados 31 conciertos que en cuatro días intensos e inmensos serán interpretados por orquestas, ensambles, directores y artistas provenientes de España, Alemania, Francia, Austria, Bolivia, Suiza, Hungría, Argentina, Rusia, Reino Unido, Islandia y, por supuesto, Colombia. Por estos días dejémonos llevar y enriquecer espiritualmente por los excesos y la profundidad del estilo barroco, tanto en el repertorio sacro como en el profano, tanto en sus armonías como en sus ornamentos, tanto en su refinamiento como en su bella complejidad.
 

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