Cargando contenido

Fernando Posada



Por: Fernando Posada

El improvisado final de la novela de las coaliciones dejó ver con claridad que el futuro del proceso de paz será uno de los ejes centrales del debate de los próximos meses, de cara a las elecciones presidenciales. Las dos alianzas que finalmente se consumaron aun mantienen las alineaciones y hasta las consignas que a diario se repitieron durante los meses anteriores al plebiscito por la paz.

Porque poco es el cambio entre el repetido eslogan de “paz sí, pero no así” a la más actualizada premisa de que los acuerdos de paz no hay que hacerlos trizas, pero sí modificarlos, que cada vez pronuncian más los antiguos promotores del ‘No’, ahora comprometidos con escoger un candidato único a través de una consulta.

Desde el otro lado, aunque fragmentados y divididos, los candidatos del centro-izquierda hicieron varios intentos para conformar una alianza similar, con el objetivo central y casi único de proteger el futuro del acuerdo de paz. Pero la apuesta por defender desde un gran frente lo pactado en La Habana terminó quedándose corta, mientras que los antiguos rencores entre partidos y los choques de egolatría entre las cabezas de cada uno de los movimientos políticos terminaron fragmentando el proyecto inicial.

La historia de acercamientos y rupturas parecía no tener final: De la Calle quería con la coalición de Fajardo, López y Robledo, quienes declinaron, prefiriendo alejarse del Partido Liberal y sus escándalos. Al mismo tiempo, De la Calle hizo a un lado la propuesta de irse a una consulta con el ala más de izquierda de los defensores del proceso de paz: Petro, Caicedo y Clara López, quien al final también desistió de la iniciativa. Es así como, hasta ahora, al menos tres candidatos opcionados han asumido la bandera del proceso de paz.

Una vez más, como ya lo ha dejado claro la historia, quedó en evidencia que mientras el pragmatismo es capaz de consumar las alianzas en los sectores de derecha, hasta las más bien intencionadas premisas de unidad en la izquierda al final se quedan en palabras de sus votantes de base, siendo vencidas por viejos rencores e incompatibilidades entre sus líderes. Y si algo enseña la historia, precisamente, es que nada ha beneficiado más a la derecha colombiana que la eterna división de su contraparte, incapaz de reconciliar sus fracturas internas.

A pesar de que los candidatos en ambas orillas percibieron con claridad su incapacidad de ganar por su propia cuenta, solo los jefes de la coalición de la derecha lograron poner a un lado sus divisiones abismales para concentrarse en una sola cosa: ganar.

Ya es conocida la vieja historia de los divididos candidatos del centro-izquierda, restándose votos entre todos y enfrentando de manera asimétrica a un candidato único en representación de toda la derecha (o dos, si se tiene en cuenta la ambigua propuesta programática de Vargas Lleras, a quien el proceso de paz no parece interesarle más de la cuenta). La eterna discusión interior, junto con el individualismo característico de los líderes de la izquierda, ha servido en bandeja de plata el triunfo electoral a los más pragmáticos jefes de la derecha en una decena de ocasiones.

Ellos, que sí parecen haber aprendido de la historia, celebran la división de los antiguos promotores del ‘Sí’.

Twitter: @fernandoposada_