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Jamás volveremos a nuestra antigua normalidad; todo ha cambiado y no podemos ni bajar la guardia ni abandonar lo conseguido.

Ahora que el gobierno ha decidido volver a prolongar por dos semanas más el aislamiento preventivo obligatorio, pero de manera simultánea ir autorizando la reactivación progresiva de más sectores de la economía nacional, es importante tomar conciencia de que no podemos desbordarnos ni perder el autocontrol y la disciplina.

Claro que estamos cansados y/o preocupados por el encierro, el aislamiento, la quietud laboral, la incertidumbre de lo que vendrá después de la pandemia, de cuánto tiempo más duren las cuarentenas, pero no podemos caer en la desesperación o el relajamiento ante las nuevas medidas del gobierno que van liberando más sectores para reactivar la producción que tanto se necesita.

No nos es ajeno que son millones de personas las que ya no pueden estar más sin producir, que viven del día a día, de sus pequeños negocios, aquellos que no están ni siquiera en los registros de las Pymes porque son esa tiendita del pueblo, o la venta de minutos de celular, o el tallercito de arreglos de sastrería que de sus movimientos diarios depende el pago del arriendo a fin de mes, el alimento diario para cuatro, cinco o más personas que integran el núcleo familiar o la venta informal y ambulante de muchos que son solos pero no tienen ninguna otra fuente de ingresos para sobrevivir.

Todos necesitamos volver a nuestra actividad económica vital, pero justamente por aquellos que están en situación de mayor inestabilidad y mayor vulnerabilidad es que debemos ejercer control, disciplina y cuidado extremo. La pandemia no es un juego, ni es algo que está lejos de nosotros, ni es tangible en la mayoría de los casos. No podemos olvidar que muchos pueden ser portadores asintomáticos del virus, que no lo desarrollan pero sí lo pueden contagiar. Y el precio es demasiado alto: la muerte.

Es inconcebible ver las imágenes de los noticieros en sectores donde la gente se agolpa para ingresar a los mercados o sitios de abastecimiento de servicios esenciales sin la más mínima distancia para prevenir un contagio. Filas donde decenas de personas, por no decir cientos de personas, están tan unidas que pareciera como si no hubieran caído en cuenta de esta realidad que le llegó al mundo para cambiarlo de un solo golpe y sin brindar alternativas.

Hay que querernos, hay que cuidarnos. Y si fuera el caso que poco nos importa nuestra vida, tenemos que ser responsables de la vida de los nuestros. Y cuando digo nuestros no me refiero solamente a padres, hijos, hermanos o abuelos. Hablo de nuestros vecinos, de nuestros compañeros de trabajo, de los empleados de los supermercados y las tiendas, de los conductores de servicio público, de los vigilantes de nuestras casas o nuestras empresas. En otras palabras, de nuestro congéneres.

No podemos bajar la guardia. Si queremos que estas medidas funcionen y que a medida que sigan pasando las semanas logremos que cada día sean menos los que mueren y muchos más los que se recuperen y muchos menos los que se contagien tenemos que aportar cada uno de nosotros. Ya lo estamos haciendo, y pese a que nos vamos acercando a los diez mil contagiados, la cifra de muertos sigue siendo de las más bajas del continente y la de recuperados poco a poco va cogiendo fuerza y subiendo cada dia. Pero no es suficiente para desistir y olvidarnos de los protocolos y las prevenciones.

Y eso es algo que solo podemos hacer cada uno de nosotros, actuando en solitario pero pensando en colectivo. Poco a poco y sin desistir un milímetro. El lavado de manos constante; el cuidado con la ropa y los zapatos al volver a casa del mercado o del trabajo o del banco; el tapabocas y los guantes sin olvidar que deben estarse desechando según las indicaciones sanitarias; el uso de gel antibacterial y el distanciamiento social en sitios públicos.

Seguir evitando al máximo el salir de casa y solo hacerlo en casos de extrema urgencia. Todo lo debemos seguir aplicando porque es por esos protocolos de seguridad que hemos logrado llegar hasta aquí, pero ni siquiera vamos a la mitad del camino. Hay que mantener la fe y resistir porque ya hemos demostrado que no solo podemos enfrentar la pandemia sino que la vamos a dominar.

Fuente

RCN Radio

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