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En 1998, la Corte Constitucional declaró que para ejercer este oficio en Colombia no era necesario pasar por la Universidad.

Esa mañana de marzo de 1998 la Pecosa se apareció en la redacción de Radiosucesos RCN y con un golpe de autoridad se graduó de periodista, luego que la Corte Constitucional declarara que para ejercer el oficio en Colombia no era necesario pasar por la Universidad.

El alto tribunal dejó sin vigor la ley que consagró el periodismo como una profesión, declaró que la tarjeta profesional prácticamente era una forma de censura y defendió la necesidad de reivindicar la libertad de expresión y el derecho a la información.

Amanda la de los tintos se acercó socarronamente a la redacción, mientras en pleno agite del noticiero de la mañana, el jefe de redacción pedía hablar con el presidente de la Corte.

Los redactores habían llegado como desnudos, sin título, sin tarjeta y sin profesión y en el fragor de la mañana se dejaron invadir de pronto por una especie de epidemia de reaccionitis aguda.

Sacaban agendas con teléfonos para consultar a los agobiados rectores de las universidades, preocupados porqué de golpe se había acabado el negocio.

-“Llamen a los presidentes de los gremios periodísticos, a los directivos de los medios, a los defensores de los derechos humanos, a la gente del común”, gritaba el jefe de redacción, ahora agobiado por una sensación de infinita desazón.

Amanda era pícara y gocetas y disfrutaba a su manera el frenesí y la locura colectiva que supone la construcción y puesta al aire de un noticiero, desde que empezó a aparecerse todas las mañanas en la cabina de la radio para ofrecer café a los invitados.

Con esa socarronería boyacense que la caracterizaba, saludaba a los personajes como si fueran sus viejos amigos y a todos los políticos les prometía su voto.

Un músico de la Costa Atlántica le compuso una canción para decir que “el tinto de Amanda es el mejor” y esa fama la llevó a presentar una sección en el programa humorístico de La Zaranda.

Al entonces ministro de Hacienda, Juan Manuel Santos le preguntó si podía dormir tranquilo con tantos impuestos, a Miguel Angel Bermúdez si seguía de acosador para apuntarse a la lista y a Carlos Moreno de Caro si era verdad que fumaba marihuana para echar sus discursos en el Congreso.

Mientras los reporteros corrían por la sala de redacción como en búsqueda de la tranquilidad que les había quitado la Corte, ella se asomó con la misma sonrisa que había dibujado el día de las brujas, cuando se disfrazó como una muñeca de trapo.

Entró decidida y casi en la mitad de la sala de redacción descolgó el trapero y la escoba, luego dejó caer suavemente el balde rebosante de agua revuelta con jabón y se cagó de la risa para gritar con todas las fuerzas de su alma.

-“Buenos días colegas”

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