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La orden perentoria era prohibir bailar tango “en público o en privado, de día y de noche” y ocurrió un 10 de diciembre de 1917, cuando el Vaticano emitió un decreto en el que se adoptaba tal determinación.

Eran tiempos complejos durante la Primera Guerra Mundial en los que el Papa Benedicto XV realizaba esfuerzos inimaginables para hallar una salida negociada al conflicto.

1917 fue un punto de quiebre para la iglesia en virtud que se promulga el nuevo Código de Derecho Canónico, que es el conjunto de normas jurídicas que regulan la organización de la iglesia.

Para entonces, las principales ciudades europeas empezaban a llenarse de ese aire extraño para entonces, que se bailaba libidinosamente y que era tan sensual como novedoso.

Los mismos barcos que habían traído hasta los principales puertos argentinos a los ciudadanos europeos que huían de la guerra, ahora llevaban de vuelta el tango con sus historias desgarradas, oscuras, doloridas.

Un aire que pasó de los barcos a los prostíbulos y que “expresa en forma vertical un sentimiento horizontal”. Una música que con el tiempo copó todos los espacios, incluidos los de la farándula.

En un artículo titulado Fútbol, Fierros y Tangos se hace referencia a cómo para el Papa bailar Tango era pecado. Famosos de la época hacían apariciones públicas bailando tango como “el poeta Gabriel D’Annunzio con la famosa actriz rusa Ida Rubenstein, Rodolfo Valentino con la diseñadora Natasha Rambova, Henri de Rothschild con la actriz francesa Gabrielle Dorziat, y así sucesivamente”, dice el artículo.

Fue entonces que esta especie de “gimnasia erótica”, como algunos calificaban al tango, empezó a despertar reacciones de rechazo entre la jerarquía eclesiástica en el mundo.

En 1914 el Arzobispo de París empezó la andanada asegurando que “condenamos esta danza de origen extranjero conocida como tango, pues su naturaleza lasciva ofende la moral” y luego un cardenal de Boston hizo la siguiente afirmación: “Si esta mujer bailarina de tango es la nueva mujer, entonces que Dios nos libre de cualquier desarrollo de esta criatura anormal”.

Expresiones como danza salvaje, danza maléfica, ultraje al pudor, fueron preparando el terreno para la prohibición por parte del Vaticano.

El diario Osservatore Romano aseguró que “Con sabio consejo, la autoridad eclesiástica deplora la depravación de las costumbres en Roma y en otras ciudades europeas, no sólo por la reciente introducción de una danza nueva procedente de Argentina dónde, por informaciones recibidas, está justamente incriminada y constituye la delicia sólo de los bajos fondos de la sociedad sana, por su indecente licencia”.

De “Fútbol, Fierros y Tangos” recuerda que un famoso poeta romano cuyo seudónimo era Trilussa escribió “el Papa no quiere al tango, porque a menudo, el caballero empuja y se refriega sobre la panza de su compañera, quien lo acepta y hace otro tanto”.

Tras siete años de ser considerado como indecente y obsceno, el primero de febrero de 1924 finalmente la Iglesia Católica levantó la prohibición al tango, luego que una pareja bailara delante del Papa Pio Once y el pontífice considerara que no tenía nada de condenable.

Fuente

RCN Radio

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