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Más allá de la cifra en sí misma y de establecer si hemos aumentado mucho o poco en habitantes, hay todo un entorno que vale la pena analiza

El miércoles 12 de febrero a las siete de la mañana Colombia alcanzó los 50 millones de habitantes, producto de múltiples factores que nos ponen a pensar sobre lo que realmente significa esa cifra, si estamos preparados para los cambios que se avecinan y si lograremos una calidad de vida digna para sus pobladores.

Las cifras del Dane que se desprenden del censo de población adelantado en 2018, y comparadas con las del censo de 2005, arrojaron datos interesantes como la reducción proporcional en el número de nacimientos y el aumento, igualmente proporcional, en el número de personas de más de 65 años y los cambios en la expectativa de vida que se corrió de 72 a 76 años de edad.

Este punto en particular, pone a pensar a los expertos en la manera en que deberán definirse las próximas reformas laborales y pensionales, pues hoy en día cada vez es más frecuente que personas mayores de 60 años y laboralmente más activas prolonguen su permanencia, tanto los que están en el sector formal como los que se encuentran en la informalidad.

Y de manera simultánea habrá que tomar decisiones que los cobije a la hora del retiro cuando deberán tener asegurados los ingresos para la siguiente etapa de su vida, en la vejez. Pero adicionalmente, deberá existir un sistema de atención en salud efectivo y amigable, acorde con sus necesidades en esa etapa de la vida en la que, por naturaleza, las circunstancias y el entorno tienden a volverse más difíciles.

Frente a este panorama está el extremo opuesto: el de los bebés que van llegando al mundo (ahora mucho menos que en la segunda mitad del siglo XX), sumados a los que migraron de países como Venezuela y vivieron su primera infancia en las ciudades colombianas mientras sus padres trataban de subsistir en medio de tantas adversidades.

La enseñanza desde las aulas deberá ya estar en sintonía total con lo que demandarán las nuevas tecnologías que cambian a un ritmo vertiginoso; los gobiernos deberán tener muy bien definidas las reglamentaciones  de las redes sociales, pero más allá de lo procedimental tendremos que haber aprendido a manejar y convivir con todos los desafíos y los peligros que los submundos de la Internet traen consigo.

Habrá que pensar en cómo educar y preparar para este mundo a los jóvenes que prefieren el emprendimiento en vez del alquiler de su fuerza de trabajo, su inteligencia y sus capacidades; a los jóvenes que prefieren tener una mascota que sumergirse en las responsabilidad y los sacrificios que conllevan los hijos y a los jóvenes, que hasta en los asuntos del amor prefieren ser dueños de su espacio, sus sueños y sus miedos, en hogares unipersonales a donde tienen acceso sus parejas pero solo para compartir si acaso los fines de semana.

En otras palabras, debemos empezar desde ya a proyectar el futuro de los millones de colombianos que para dentro dos décadas, o menos, estarán en el escenario preciso de quienes entran a la etapa de retiro y de quienes se lanzan a la supervivencia autosostenible, que de seguir como vamos, también significará un reto de enormes proporciones.

Fuente

RCN Radio

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