En reiteradas oportunidades en este espacio hemos hecho un llamado para que se eleve el nivel del debate público que ha terminado convertido en una cloaca de mentiras, insultos y amenazas. Hace unos días decíamos que con la columna  que invitaba a matar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro,  habíamos llegado a un punto crítico y de inflexión que nos debería hacer reflexionar, pero parece que tocamos fondo y seguimos derecho cuando tenemos ahora a un expresidente tildando de "violador de niños" a un periodista. Una calumnia atroz que se suma a múltiples y permanentes agresiones del expresidente Álvaro Uribe contra periodistas que lo critican en el ejercicio de su labor profesional. Decíamos también que la responsabilidad de los líderes políticos y de opinión es inmensa porque sus seguidores creen en ellos. Encender debates es sencillo y propagar falsedades también, pero luego restaurar el buen nombre es casi imposible. Va nuestra voz de solidaridad total con Daniel Samper Ospina y con todos los colegas que han sido víctimas de agresiones, mentiras y calumnias. Una cosa es la crítica o la polémica que se pueden hacer en términos duros y contundentes pero otra muy distinta es usar la calumnia, la injuria, la amenaza para descalificar al contradictor. La libertad de opinión es sagrada pero tiene límites y la calumnia no se puede aceptar como parte del debate. Como lo he hecho en otras oportunidades, llamo también a los colegas a revisar nuestro quehacer diario porque tenemos la responsabilidad de ser generadores de agenda pública. A veces justamente las peleas o el matoneo se propagan en los medios sin revisar su origen y se convierten en insumos primarios de informaciones que terminan dando réditos políticos a quien más insulte, amenace o grite y no a quien aporta razones y argumentos al debate. Nos corresponde a todos exigir que se eleve el nivel del debate público y a la justicia actuar cuando se pasa la raya del delito en las agresiones. Si se puede calumniar impunemente es una invitación a seguir haciéndolo. Yolanda Ruiz