Por: Juan Manuel Ruiz Pertenezco al poco selecto club de quienes han sido víctimas del tal paseo millonario. Nunca podré olvidar ese 4 de noviembre de 2011 cuando un par de hampones me secuestraron, me pusieron un revólver en la cabeza y me esquilmaron. Desde entonces pocas veces he vuelto a tomar un taxi. Les tengo pánico. Cuando no tenía que pelear por el taxímetro adulterado, me tenía que callar por el enojo que al taxista le producía que le pidiera que le bajara el volumen a la música, o disminuyera la velocidad. Se había vuelto una tortura. Ahora, tomo Transmilenio y en caso extremo hago uso de Uber, aunque también le he descubierto fallas a ese servicio y presiento que se va a perratear. Sin embargo, como este año comienza sin que le pelea taxistas vs Uber se haya resuelto, me pregunto por qué es tan difícil tomar decisiones frente al tema, si son tan evidentes. Veamos 5 posibilidades de mejora del servicio que podrían funcionar: 1.-Los taxistas odian a muerte a Uber por el uso de la tecnología que ellos no tienen. Solución: instalen una plataforma tecnológica igual, en la que eviten que el pasajero se sienta estafado con el taxímetro y sepa de antemano el valor de la carrera. 2.-Los taxistas odian a muerte a Uber porque en ese servicio no piensan dos veces el lugar de destino del pasajero. Solución: dividan la ciudad por zonas a las que sí les gustaría ir o en las que sí les gustaría trabajar. Así se evitarían rechazar carreras con el popular "yo por allá no voy". 3.-Los taxistas odian a muerte a Uber porque les está robando carreras en horarios y lugares claves para su labor. La razón: en esos horarios y lugares la sensación de inseguridad al tomar un taxi es enorme. Nadie quiere arriesgarse. Solución: acepten la segmentación del mercado y creen estrategias para llegarle a su público objetivo. La primera es convertir la seguridad en prioridad absoluta. El pasajero debe saber quién es el conductor y cuáles sus antecedentes, y tener la posibilidad efectiva de reclamar ante problemas que surjan. Por lo menos en Bogotá ni los taxistas ni los de Uber dan abasto. Quienes montan en Uber difícilmente vuelven a montar en taxi. Seguirán tomando el servicio de manera clandestina como hasta hoy. 4.-Los taxistas perciben un sesgo clasista en el servicio de Uber. Solución: asear los carros y presentar mejor a los conductores. 5.-Pero más allá de eso: cambiar la actitud. Ningún trabajo es fácil, todos son estresantes. Si el taxista se esfuerza por hacer de una carrera una experiencia amable y memorable para el pasajero, este lo volverá a usar, sin duda. En tiempos de lucha contra el maltrato y el matoneo, la gente está prefiriendo que la traten bien por encima de cualquiera otra consideración. Incluso por encima del valor de las cosas. Un ejemplo es el llamado salario emocional, que es el que va intrínseco en el hecho de que el jefe lo trate bien a uno y la empresa lo quiera y lo respete, más allá de cuánto le pague. El asunto no es menor. Estamos hablando de los cambios que la ciencia y la tecnología están introduciendo en nuestras vidas. A estas alturas, la lucha contra Uber se parece a la lucha contra el alcohol en tiempos de la Prohibición, o contra las drogas en estos tiempos de adicción. Para este caso específico de taxistas vs Uber pienso que una legalización regulada es la salida. La prohibición siempre ha producido guerras y pérdida de tiempo. Así que: a buscar soluciones creativas y sensatas frente a fenómenos que llegaron para quedarse. No sobra recordar que en la lucha por la supervivencia no sobrevive necesariamente el más fuerte sino el que se adapta mejor.