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Entre los libros que tengo en salmuera para leer -o releer- se encuentran el "Ulises" de Joyce y la "Eneida" de Virgilio.

La Tierra le ha dado una nueva e imperturbable vuelta al Sol: fin de un ciclo vital y comienzo de otro. Y aunque enero casi acaba y ya no se hizo nada, como dice el viejo y cínico dicho de los colombianos, aún no es muy tarde para hablar de los sueños, anhelos, metas, propósitos y compromisos para este 2020 que amanece. Un nuevo desiderátum.

Les contaré algunos de los míos y los invito a que nos compartan por esta vía o por cualquier otra –Twitter, por ejemplo- los de ustedes. Quizás esta mezcla o suma de deseos e intereses nos conduzca al logro de los objetivos a fin de año.

Para empezar –tal vez lo compartamos todos-, uno de los sueños y metas principales es el de poder gozar de una buena y equilibrada salud física, mental, emocional y espiritual. La pregunta que se desprende de este anhelo es la siguiente: ¿Qué puedo y debo hacer para lograr una buena y equilibrada salud?

En principio, como mandan médicos, deportólogos, psiquiatras y nutricionistas, debo hacer ejercicio de manera sistemática y regulada: al menos tres veces a la semana, durante al menos media hora, debo ir al gimnasio, salir a caminar o a trotar, nadar, montar en bicicleta o practicar algún deporte. Al tiempo, debo tener una alimentación balanceada y saludable, rica en verduras y frutas y pobre en grasas saturadas, proteínas animales y azucares, que vaya acompañada de una buena dosis de agua fresca (cerca de dos litros) y aguas aromáticas o té. Un poco de sexo y vino –o de sexo con vino- no está nada mal. No estoy seguro si al menos tres veces a la semana.

Sesiones diarias –pueden ser cortas- de yoga, meditación o mindfulness nos ayudarán a tranquilizar la mente y a manejar mejor el estrés y las vicisitudes de la vida. Esto facilitará que nos reencontremos con el verdadero ser –el ser sutil y trascendente- y que nos enriquezcamos espiritualmente a través también de la práctica de mantras y oraciones en la búsqueda de la trascendencia y la iluminación y en el propósito de darle una mayor sustancia a la vida. Y para no concentrarnos tanto en nosotros mismos de forma egocéntrica, la solidaridad, la compasión y el servicio contribuirán a que esa felicidad que buscamos para nosotros se extienda a los demás, que buscan lo mismo.

Otro de los propósitos que me he planteado para este año es el de dedicarle suficiente tiempo a la lectura y la escritura. Varios libros pendientes me esperan en uno u otro sentido. Para facilitar este objetivo debo primero o al tiempo ordenar los volúmenes –los que me quedan: apenas unos cuantos centenares- de mi biblioteca. Para ello hay unas aplicaciones que simplifican la tarea, tales como Home Library, BookBuddy o Libib. Las excusas se acabaron.

Entre los libros que tengo en salmuera para leer -o releer- se encuentran el "Ulises" de Joyce (colosal, vanguardista y caótica obra de 267.000 palabras y 1.000 páginas), la "Eneida" de Virgilio (epopeya latina de casi 10.000 hexámetros dactílicos, agrupada en 12 libros) y el conjunto de obras que componen la tragedia griega, al hilo de la convocatoria de “tuiterlecturas” del profesor y escritor argentino Pablo Maurette, pionero de estas lecturas colectivas en la red social. Los invito a que lo sigan y a que lean.

Recordemos que los más representativos autores de la tragedia griega son Esquilo (“Orestiada”, “Agamenón”, “Prometeo encadenado”, entre otras obras), Sófocles (“Edipo Rey”, “Antígona”, “Áyax”, entre otras) y Eurípides (“Medea”, “Las troyanas”, “Las bacantes”, entre otras). En fin, me aguardan “los clásicos de siempre”, como el nombre del podcast y el lema de la emisora virtual que dirijo: RCN Clásica (www.rcnclasica.com), una forma moderna de escuchar los clásicos de siempre. Por cierto, ¿qué les gustaría leer?

Hasta acá podríamos decir que vamos en observancia del precepto latino “mens sana in corpore sano”: “mente sana en cuerpo sano”.   

Pese a que no me puse calzoncillos amarillos ni di la vuelta a la manzana con maletas desocupadas el 31, también quiero viajar mucho en el 2020. Viajar hacia adentro y hacia afuera. Viajar espiritual y físicamente. Profundizar en mi mismidad y explorar lo ancho y ajeno del mundo para que me sea menos ancho y ajeno. Viajar a través del arte, de la lectura, de la música, del cine, de la meditación; viajar a pie, en cicla, en carro, en bus, en tren, en barco, en avión. Viajar a mi tierra, a la arcadia perdida para recuperarla; viajar a mi aire hasta el fin del mundo.

Gracias a su tiempo y generosidad, aspiro a que esta columna se consolide este año como una de las más leídas e influyentes (risa nerviosa), no obstante la calidad de las de mis colegas. Ustedes tienen la última palabra. De cualquier modo, más allá de toda veleidad irónica y lisonjera, no dejen de contarme sus sueños, anhelos, metas, propósitos, compromisos, deseos e intereses para este 2020. Yo les conté algunos de los míos; no los aburro con más.

 

Fuente

Sistema Integrado Digital

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