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Hay un tópico que reza, casi como un mantra, que los colombianos hablan el mejor español del mundo.

“La Policía Nacional impulsa la campaña de sensibilización: ‘No sea pingo, no entregue su tarjeta’, para que incautos no caigan en estafas”.

De ejemplos como éste (4.500) está lleno el Diccionario de Colombianismos, una maravillosa y divertida obra lexicográfica que lanzó este año el Instituto Caro y Cuervo con el patrocinio del Ministerio de Cultura.

El Diccionario de Colombianismos fue el tercer libro más vendido de la pasada Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo), pero lamentablemente -o afortunadamente- está agotado en las librerías del país.

El párrafo inicial es un ejemplo del término ‘pingo’, típico del uso del español en Santander, en su segunda acepción: “2. sant. inf. desp. Referido a una persona, que es despistada o ingenua”. De entradas (6.000) y definiciones (8.000) como éstas también está lleno el diccionario.

Alguien podría pensar que estoy litigando en causa propia porque, además de ser santandereano, tuve el honor y el placer de participar en la elaboración del diccionario. Pero no se trata de eso: lejos de toda vanidad, se trata de exaltar la labor investigativa del Caro y Cuervo en el registro y conservación del patrimonio lingüístico de los colombianos.

Hay un tópico que reza, casi como un mantra, que los colombianos hablan el mejor español del mundo. No sé si esto sea cierto, pero lo que sí es cierto es que Colombia tiene una larga tradición de destacados y reconocidos lingüistas y filólogos, tales como Rufino José Cuervo, para mencionar sólo al más grande de todos.

Y justamente en el marco de esta tradición, el Instituto Caro y Cuervo fue creado en 1942 con el objetivo principal de terminar el Diccionario de Construcción y Régimen de la Lengua Castellana, obra cumbre de la lexicografía en lengua española concebida, diseñada e iniciada por el maestro Cuervo en 1872. García Márquez, que aparece citado en muchos ejemplos, lo definió como “una novela de la palabra”.

Una monumental obra gramatical, semántica, sintáctica, histórica, etimológica, de citas y autoridades, conformada a la postre por ocho tomos que sumaron cerca de 9.000 páginas de entradas, definiciones y ejemplos. Acá estoy obligado a revelar que también trabajé en este diccionario en mi condición de investigador del Departamento de Lexicografía del Instituto Caro y Cuervo. También vale la pena recordar que por este Diccionario de Cuervo Colombia y el instituto obtuvieron diversos galardones internacionales, siendo el más importante de ellos el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.

No obstante, si acaso Colombia fuera el país que habla el mejor español del mundo, muchos de sus dirigentes y políticos son los que hablan y escriben el peor. Basta con oír hablar o leer los trinos de algunos congresistas, algún expresidente, algún exalcalde, en fin, a los mal llamados “padres de la patria”. Y eso sin reparar en la dimensión ética de sus mentiras y engaños consuetudinarios al pueblo colombiano, ni mencionar lo que fue el discurso del presidente del Congreso en la posesión de Iván Duque como jefe de Estado.

Pero volvamos al Diccionario de Colombianismos, que se caracteriza por ser una obra actual, con un léxico de uso frecuente, cotidiano, que da cuenta de la cultura y la idiosincrasia de las regiones que conforman a Colombia, tan rico y diverso como el país mismo.

Como se explica en la presentación, "el concepto de colombianismo que se maneja en el diccionario es diferencial; es decir, el término debe usarse en cualquier región de Colombia, pero no en el español peninsular" (el que se habla en España). Es también un diccionario descriptivo, que incluye toda clase de vocabulario: informal, jergal, vulgar, juvenil, despectivo, delincuencial...

Además, trae tres útiles apéndices: uno, de gentilicios de los departamentos y municipios del país; otro, de las lenguas de Colombia –cerca de 70-, y el tercero, de algunas siglas de diferentes regiones. Cabe aclarar que no siempre las regiones geográficas coinciden con las regiones lingüísticas. Estas últimas apuntan más específicamente a los diferentes usos dialectales del español que definió el diccionario así: Caribe, Pacífico, antioqueño-caldense, santandereano, caucano-valluno, cundiboyacense, nariñense, tolimense-huilense, llanero y amazónico.

Dicho lo anterior, ya es hora de terminar este texto, parceros. Estos días han sido arrechos e intensos, empezando por el discurso mañé de Macías. Más cachezudo estuvo el de Duque, pese a las dudas que genera. En consecuencia, los invito a que le metamos el julepe para trabajar por el país y que con todos los juguetes le apostemos a la paz. Con eso algunos no seguirán fregando con el caballito de batalla de la guerra. Recordemos que la lengua es la patria. ¡Dígame!

 

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