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Los escritores más reconocidos son apadrinados por las editoriales y, en eventos como la Feria del  Libro, son el centro de atracción pues firman libros, hablan de lo divino y humano, son una especie de dioses del olimpo entre los seres humanos.

Entre tanto, los nuevos han hacen cola, preguntan cómo llegar a una editorial e intentan convencer a un editor que su tema es profundo, interesante y claro, si puede llegar a ser comercial.

Eso de publicar parece ser el objeto central de escribir, por pertinencia, como parte de un ejercicio intelectual o simplemente por vanidad, en estos tiempos.

Sin embargo, hay un ejemplo que parece contradecir eso que es la realidad de una gran industria y que amerita crear un espacio como el de Corferias para ser mostrada.

Hablamos del poeta griego Constantin Kavafis, quien en vida se rehusó a escribir libros y se convirtió en una especie de editor independiente, que publicaba sus textos para distribuirlos entre los interesados.

Este considerado máximo cultor del renacimiento del griego moderno, se convirtió en uno de los referentes de lo que hoy se llama como autoedición.

Sea un pretexto para recordar que este poeta considerado como el máximo cultor del renacimiento del griego moderno, murió un 29 de abril de 1933.

En un artículo publicado en La Reforma de México, el experto Vicente Fernández González recuerda que “en vida, Cavafis no publicó jamás un libro completo; publicó poemas en revistas, plaquettes, cuadernos, hojas sueltas y carpetas (poemarios) preparadas por él mismo (a partir de 1912)”.

Explica que lo que realmente hacía, en un ejercicio de editor, “era reunir las separatas que las revistas le hacían llegar de los poemas que le publicaban y, posteriormente, las hojas sueltas en que se hace imprimir los nuevos poemas”.

Fernández cuenta la historia de Kavafis como editor independiente en un artículo titulado “el poeta que no quiso publicar en Londres” y recrea que su característica fue publicar ”siempre ediciones no venales, es decir, fuera de comercio, de pequeña tirada, que distribuía sistemáticamente, en mano o por correo, entre amigos y personas interesadas en su obra.

El poeta colombiano Harold Alvarado Tenorio describe a Kavafis como uno de esos protagonistas de la Grecia antigua, en “donde lo pobre, lo sucio, el desempleo y la miseria podían ser objeto de belleza”.

Por estos días muchos han recordado a Kavafis con una frase: “Cuando partas para Itaca debes desear que el camino sea largo, lleno de aventura, lleno de conocimiento”, que es una analogía de la vida y la naturaleza del hombre.

Al poeta griego, nacido en Alejandría un 29 de abril de 1863 y muerto en la misma fecha del año 1933, se le recuerda por el vigor de su poesía, insinuante, directa, profunda, que algunos atribuyen a la formación obtenida durante su estancia en París.

Uno de sus poemas del año 1904 se llama Vuelve: “Ven otra vez y tómame amada sensación. Retoma y tómame cuando la memoria del cuerpo se despierta y un antiguo deseo recorre la sangre, cuando los labios y la piel recuerdan y las manos sienten que aun tocan. Ven otra vez y tómame en la noche, cuando los labios y la piel recuerdan”.

La de Kavafis es una historia singular de una gran voz de la poesía universal a la que no le gustaba publicar, por lo que se habla de un legado muy escaso en el que se puede hablar apenas de unos 154 poemas.

Fuente

RCN Radio

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