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Estamos en mora de indagar sobre la historia de la educación y de los planes de estudio e ideas en las que se educaron nuestros líderes.

La luz no se extingue, historia del primer externado
Cortesía.

Además, de dar cuenta de los principios y valores que se instalaron de manera temprana en muchos jóvenes que saltaron al campo político. Al examinar la infancia y la adolescencia de Jorge Eliécer Gaitán o Luis Carlos Galán Sarmiento, debemos preguntarnos por ese momento de su formación educativa, de su salón de clases cuando encontraron terreno fecundo para desarrollar las ideas que posteriormente los llevaría ser protagonistas de la política colombiana.

Pues bien, Juan Camilo Rodríguez Gómez, economista e historiador de la Universidad Externado de Colombia acaba de lanzar el libro “La luz no se extingue, historia del primer externado”, un extenso trabajo que reconstruye minuciosamente, desde la prensa de la época, la existencia de la primera institución universitaria que antecedió a la actual Universidad Externado entre 1886 y 1895, con un periodo fecundo en ideas, a la cabeza de una rectoría compartida por Santiago Pérez y Nicolás Pinzón W.

En una época en que los temores de Rafael Nuñez y Miguel Antonio Caro se hicieron política de Estado, y estos dos personajes, representantes de una Colombia sumida en la intolerancia, acapararon con su pensamiento a las entidades gubernamentales, entre ellas a la Universidad Nacional, el primer Externado, resistió con vehemencia los embates, calumnias y señalamientos injustos de los sectores más recalcitrantes de la Hegemonía conservadora.

Del libro del profesor Rodríguez, debemos destacar su calidad gráfica: un diseño que resalta el simbolismo de las contiendas y el conjunto de saberes de los externadistas. También, debemos señalar el acucioso  trabajo de recopilación de las tesis de los estudiantes de aquella época, en las cuales sobresale “La condición de la mujer” de Domingo Samper, presentada en 1883 y “Los partidos políticos”  del ilustre Ricardo Hinestrosa, además, de un listado que manifiesta el número de alumnos matriculados, las clases y los profesores del Externado en el año escolar de 1888, de los anuncios de prensa y de los libros que eran de consulta obligada por los estudiantes, además de un conjunto de fotografías fascinantes de la época que nos traslada de inmediato hacia los paisajes bucólicos de la Colombia de la época.

Otro de los ítems interesantes del libro, es el abordaje del trato hacia la religión y hacia las creencias en el Externado. El investigador centra su análisis en las vidas de los dos sacerdotes que impartían, para quienes quisieran tomar, de forma voluntaria las clases de religión: el padre Federico C. Aguilar y Fray Pedro Moro. El profesor Rodriguez detalla las posturas de Aguilar, retratando una historia a contrapelo, en la cual, ese servidor de Dios, era un auténtico científico, en abierta indisposición con las visiones más conservadoras de la jerarquía eclesiástica. Es decir, una visión de libertad y tolerancia a toda prueba defendida por los líderes de la Universidad.

Son entonces, 633 páginas en las cuales se reconstruye de manera detallada, un ideario, una visión educativa que precedió a la actual institución que nació en el siglo XX, de la mano de Diego Mendoza. Esta primera época macaría el rumbo que ha seguido y lo que representa hoy. Por ello, recomiendo el libro “La luz no se extingue, historia del primer externado 1886-1895” como una obra de lectura obligatoria para 2018. 

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