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Es fácil decir que quienes tienen que ver con el sector salud son insensibles porque se acostumbraron al dolor pero hay que ir más allá.

Pasaron más de 2.500 años desde que Hipócrates, que vivió en el siglo V antes de Cristo, escribió cuáles debían ser las obligaciones de los que ejercen la medicina. Este "juramento hipocrático", con algunas modificaciones, es el mismo que en la actualidad deben firmar los que terminan sus estudios y quieren dedicarse a la profesión.

No llevar otro propósito que el bien y la salud de los enfermos”, fue la base del juramento que Hipócrates les hizo hacer a sus discípulos, que llevarían a lo largo del mundo la medicina. A más de dos milenios, la concepción del griego continúa siendo la base de la ética médica a nivel global.

Colombia se estremeció, se indignó y después se conmovió profundamente con la situación del médico José Luis Buelvas, víctima junto con su familia de amenazas con sufragios y coronas por la muerte de uno de los pacientes de COVID-19 que había atendido en el municipio de Soledad, Atlántico.

Si bien no era la primera vez que los medios de comunicación reportaban amenazas e intimidaciones a miembros del personal de la salud por casos relacionados con el coronavirus o porque no los querían en sus edificios ante el miedo al contagio, el video de Buelvas con la voz entrecortada y sus manos temblorosas sosteniendo una corona impactaron a quienes a través de las redes sociales observaron la imagen y la volvieron viral.

En sus breves palabras, decía que no podía creer que lo estuvieran acusando de la muerte de uno de sus pacientes cuando ellos (los médicos) fueron formados para salvar vidas y no para provocar muertes. Y luego en una de sus tantas entrevistas, expresó: “Cada paciente que perdemos nos duele; el solo pensar en que debemos informarle a su familia nos duele; no importa si es un hombre, una mujer, un niño o un ancianito, todos los muertos nos duelen y con cada uno debemos hacer el duelo”.

Y es un duelo que no es solo para los médicos y las familias de quien fallece porque compromete a los conductores de las ambulancias, a los auxiliares de los médicos, a los camilleros, los anestesíologos, los enfermeros y enfermeras  a todos quienes a diario exponen sus vidas para salvar las del resto de la humanidad.

Yo me atrevería a decir que la profesión y el oficio de quienes integran el primer nivel del sector de la salud es una decisión que se toma por vocación, por servicio a los demás. ¡Salvar vidas! Tremenda responsabilidad sobre los hombros, profundo cargo de conciencia cuando no se logra. Apenas reparar en el entorno nos deja pensando que no debe ser nada fácil. Los hospitales restan energía, agobian, desgastan porque reúnen enfermos, angustias, dolores, desangres.

A eso hay que sumarle las condiciones en que deben trabajar no solo en los campos y zonas apartadas del país, donde escasean los recursos y las herramientas. Puestos de salud donde no hay ni siquiera alcohol o gasas; donde la luz no llega todos los días, donde la ambulancia está quieta porque se acabó el dinero para echarle gasolina o porque simplemente no se le pudieron conseguir los repuestos. Pero también en las grandes ciudades se ven condiciones deplorables para ejercer la medicina y para salvar vidas.

Y qué decir de los médicos a quienes no les pagan y los meses pasan y, sin embargo, siguen yendo a visitar sus pacientes porque la muerte acecha pero mientras haya vida hay esperanza. Es su naturaleza, es su razón de ser, es el juramento hipocrático que los compromete más allá de su propio ser. Los compromete con sus pacientes y los obliga a luchar hasta el final por devolverles su salud.

Algo que aplica al cien por ciento para quienes enfrentan la pandemia desde los hospitales, porque fue un virus que atacó sin darnos tiempo a prepararnos y ataca a todos por igual, sin distingo de raza, color, edad, ni condición social.

Por eso causó tanta indignación el caso del  médico Buelvas, porque no puede caber en la cabeza de nadie que los muertos de COVID-19 en pacientes bajo responsabilidad médica, sean provocados. Hoy los rodeamos, nos solidarizamos con ellos y sus familias y les agradecemos su sacrificio para salvar al resto de la humanidad.

Fuente

RCN Radio

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