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Auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional
Reapertura del Auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional
Foto José Luis García

“Juego mi vida, cambio mi vida,
de todos modos
la llevo perdida”.

El “Relato de Sergio Stepansky” es uno de los poemas más famosos y celebrados de Francisco de Asís León Bogislao de Greiff Häusler, mejor conocido como León de Greiff. Aquél, uno de los más bellos poemas, uno de los que abordan con mayor profundidad poética el carácter nihilista de la condición humana. Éste, un culterano y revolucionario poeta, uno de los vates mayores en la historia de la poesía colombiana.

En honor a él, el escenario principal de la Universidad Nacional lleva su nombre: Auditorio León de Greiff. Diseñado por la arquitecta Eugenia Mantilla de Cardoso, quien ganó el Premio Nacional de Arquitectura con este proyecto, el recinto fue inaugurado hace poco más de medio siglo, en 1973. Con capacidad para cerca de 1.600 espectadores, su acústica es reconocida como una de las mejores del mundo.

Invitado por la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, volví jubiloso a finales del año pasado al León de Greiff a una de sus dos reinauguraciones tras el proceso de arreglos y remodelación que duró cuatro largos años. El césped, los jardines, las plantas, la juventud soñadora de los estudiantes, el viento que silbaba entre la arboleda, el ambiente oxigenado como un oasis en medio de la contaminada urbe, el retorno al histórico campus universitario, el reencuentro con el monumento nacional arquitectónico del León y ese aire de libertad que se respira en la “Nacho” me trasladaron a los muchos sábados de conciertos vespertinos de la Orquesta Filarmónica de Bogotá en los que fui feliz.

En el costado oriental de la Plaza Santander, más conocida como la Plaza Che, en el corazón de la ciudad universitaria y muy cerca de la biblioteca, el emblemático y entrañable Auditorio León de Greiff lucía sus mejores galas y espléndida acústica después de las reformas y reparaciones que se le hicieron durante casi un lustro. Un teatro lleno hasta las banderas de jóvenes estudiantes y viejos aficionados a la cultura con síndrome de abstinencia de buena música por su prolongado cierre.

La primicia de la reapertura del León de Greiff me la había dado el maestro David García, director general de la Filarmónica de Bogotá, en una entrevista para la emisora virtual RCN Clásica. Exultante, reveló como si fuese un maná que brota del firmamento de la música: “La Filarmónica regresa (…) a nuestro queridísimo Auditorio León de Greiff. Por supuesto, la Filarmónica seguirá estando en el Teatro Mayor y en los escenarios que han acogido con mucho cariño y generosidad a la Filarmónica de Bogotá…”.

La emoción compartida no era para menos: durante muchos años, desde 1982, antes de la remodelación y la pandemia, la OFB interpretó sistemáticamente todos los sábados a las 4 p.m. en el León de Greiff, su escenario natural, centenares de conciertos con el más variado repertorio de la música colombiana y universal de todos los tiempos. Un público cautivo acudía religiosamente todos los fines de semana a ese ritual. Y lo volverá –volveremos- a hacer.

Pero no sólo de música ha vivido el León de Greiff. Diversos eventos culturales, académicos y políticos, de enorme valor simbólico, se han llevado a cabo en esta ágora moderna. Para citar sólo algunos: el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, la Cátedra Manuel Ancízar en homenaje al fundador del alma mater y los debates de los que surgieron las propuestas de la sociedad civil para el Acuerdo de Paz de La Habana.

El director general de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, maestro Juan Antonio Cuéllar, celebró al unísono la reapertura de esta aula máxima y explicó, también en RCN Clásica, que “nuestra casa, el Teatro Colón, va a estar en un proceso de remodelación, de reparación de algunos daños estructurales, y por eso nosotros nos trasladamos al León de Greiff, que va a ser nuestra casa durante todo el año. Y nos sentimos sumamente bien acogidos y con muchos deseos de trabajar todos los conciertos aquí. Además, la noticia es que lo vamos a hacer dos veces (a la semana): hacemos el concierto por la noche y al otro día para la comunidad universitaria”.

Las notas festivas y espirituosas del “Brindis” de “La traviata” de Verdi sirvieron de cierre del concierto de reinauguración de este declarado patrimonio nacional y, al tiempo, de convite para lo que será la Temporada 2024 de la Sinfónica Nacional de Colombia. Bajo la batuta de maestro Yeruham Scharvosky, director artístico de la Orquesta, la Sinfónica de los colombianos se lució, junto a los solistas y el Coro Nacional, interpretando melodías del italiano Giuseppe Verdi y el francés Georges Bizet.

Entre el conmovedor y nostálgico “Va, pensiero” –“Oh mia patria sì bella e perduta!”: “¡Oh patria mía, tan bella y perdida!”- del coro de los esclavos de “Nabucco” y el eterno “Brindisi” de “La traviata”, mi corazón y el de todos los asistentes latía emocionado al compás de las notas apasionadas que surgían mágicas de los instrumentos de los músicos. Al final todos brindamos por la vida y por el deleitoso regreso de la música al Auditorio León de Greiff. Miles de almas volverán a regocijarse en las entrañas de este monumento de la cultura, sin olvidar los nihilistas y atormentados versos de su inspirador tutelar:

“Juego mi vida, cambio mi vida,
de todos modos
la llevo perdida”.

 

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