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Cambiemos de tema y hablemos un rato de temas frívolos o suaves o menos trascendentales, como lo que subyace a las redes sociales.

En realidad el tema no es nuevo y ha sido abordado por sociólogos y sicólogos que han hecho estudios y aportado grandes luces a sus investigaciones. Yo aspiro solamente a dar una opinión con base en lo que percibo como cualquier consumidor diario de Twitter, Facebook e Instagram, que son las tres que utilizo, y por compartirles una experiencia personal desde mi trabajo como periodista.

Más allá de señalar que Twitter es una cloaca, Facebook una farsa e Instagram una red solo para famosos, es fácil descubrir por ejemplo que a la gente le gusta hablar y que la escuchen y que en la mayoría de las veces, las redes ofrecen ese espacio. Otra cosa, es que claro (de todo hay en la viña del señor) se encuentre uno de frente con personas groseras, amargadas o que cruzan la línea de lo social para amenazar o intimidar con vocabulario sicarial y frases lapidarias.

Dicen que Facebook es una farsa porque las fotos que se montan en los muros o no corresponden al dueño de la cuenta o, lo que es peor, son imágenes tomadas y arregladas de tal manera que todos somos gente linda, llena de cualidades y rodeada de entornos como en los cuentos de hadas.

Pero no siempre es así, porque también se encuentran quienes envían oraciones, piden ayuda para superar enfermedades o cuentan en los textos que acompañan con fotografías por la cirugía que acaban de tener o están a punto de enfrentar; o por las injusticias que evidencian en videos de maltrato animal o de personas en condición de vulnerabilidad o, incluso, de denuncia sobre atracos, robos y/o cualquier otra clase de delitos.

Vaya uno a saber de todo eso qué es verdad y qué son montajes, pero eso es otra historia para dedicarle un espacio propio.

Y cuando hablamos de Instagram, bueno hay que decir que al principio era la red de los famosos con sus fotos y videos en yates, grandes fiestas y eventos sociales donde eran los anfitriones o los protagonistas. Pero luego se fue extendiendo rápidamente y ahora uno encuentro, además de la publicidad que le salta a uno desde cualquier ventana virtual, a mucha más gente del común, aunque eso sí con alguna conexión con el mundo de la fama.

Entonces volvemos a lo mismo: vendedores de sueños, de ilusiones, de mundos irreales que son seguidos por miles o millones de personas que se deslumbran con esa universo de la fantasía y que anhelan y prometen algún día estar allí compartiendo sus propias y extraordinarias experiencias.

Porque no ven ni siguen a los que se atreven a publicar algo diferente. Lo que más llama la atención es todo aquello que permita ver algo de la vida personal de los personajes que por su reconocimiento y popularidad ocupan las principales plataformas digitales, que utilizan para mostrar cómo viven, con quién viven, qué mascota tienen, qué restaurantes frecuentan, dónde pasan vacaciones…. entre tantas otras cosas.

Pero volvamos a Twitter. Esta red sí podría decirse que tiene muchos nichos, que es más especializada por ejemplo según la profesión o el oficio. Yo sigo periodistas, políticos, medios de comunicación y, claro, famosos porque es parte de mi trabajo y los sigo justamente para mantenerme informada.

Pero en Twitter hay todo tipo de comunidades: las hay de abogados, de ingenieros, de cirujanos, de universitarios, de artistas aunque por algún rincón vuelven a conectarse, especialmente con las redes de los periodistas y los políticos, que son también nuestros gobernantes.

Los más fuertes y reconocidos no tienen mayor problema. Pero los que no, les encanta comentar lo que otros plasman para generar debates; o hacen preguntas buscando respuestas o piden información para que sean tenidos en cuenta. Y entonces uno los lee y siente que más allá de sus trinos puede haber personas solitarias que buscan compañía, que buscan salir del anonimato, que quieren tener amigos virtuales porque, a lo mejor, su timidez les impide tenerlos físicamente.

Hay otras comunidades de gente muy joven, muy 'play' que cuando uno se la topa se queda estupefacto porque su lenguaje es tan desbordado que uno se ruboriza; o que hablan de sexo explícito y suben fotos incitantes y audios del reguetón de moda y videos de la champeta que mejor bailan, o se cuentan entre ellos sus más recientes experiencias de sexo casual.

Seguramente en su mundo eso sea lo natural pero a mí, me queda la duda de si será así o a lo mejor sea una forma nueva de expresar vacíos, de expresar temores, de buscar refugio para sentirse protegidos y seguros.

Qué se yo. Puede que sí como puede que no. Pero lo cierto es que así como hay depredadores en las redes, gente mala, deshonesta, vulgar y peligrosa también hay gente chévere, sencilla, que le gusta abrirse al mundo sin tapujos y contar que ya la vida no se vive en blanco y negro; que hay otras realidades, que los tiempos han cambiado. Gente que quiere hablar, que quiere ser tenida en cuenta, que quiere dar su opinión o mostrar la sala de su casa, la mascota que adoptó o la que murió después de tantos años de amistad y compañía.

Seres humanos que encontraron en el mundo virtual otro camino para descubrirse así mismos o, simplemente, una herramienta nueva para demostrar que ya las realidades son diversas y que hay universos paralelos.

Fuente

RCN Radio

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