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Cada año, desde hace 33, la Feria del Libro de Bogotá llega a nuestra vida como un sueño hecho realidad, un oasis en medio del desierto de la cotidianidad, un goce interior en el marco de la angustia que producen estos tiempos convulsos, un viaje por mundos disímiles que nos libera del confinamiento físico y mental.

La lectura consiste en adentrarnos en esos mundos diversos y encontrar cosmovisiones y respuestas dispares a las preguntas fundamentales de la existencia. Es descifrar y dialogar con múltiples formas de abordar la realidad y los sueños y de plantearnos nuevos o los mismos problemas existenciales de siempre: la vida, la muerte, la verdad, el ser, la felicidad, la poesía. Es encontrarnos o reencontrarnos con ese mundo complejo y maravilloso que es el ser, que es la mismidad, que somos nosotros mismos.

Para Borges, una biblioteca es el universo perfecto, la felicidad completa. En su mítico cuento “La Biblioteca de Babel”, el escritor argentino la describe como un espacio de carácter geométrico, indefinido e infinito; absoluto y eterno; místico y extático, donde se encuentra la sabiduría toda.

“Yo afirmo que la Biblioteca es interminable”, dice Borges. Y presenta uno de sus axiomas fundamentales como una verdad irrefutable: “La Biblioteca existe ab aeterno. De esa verdad cuyo corolario inmediato es la eternidad futura del mundo, ninguna mente razonable puede dudar”.

Yo también afirmo -si me lo permiten- que la feria del libro es otra versión de esa biblioteca infinita, colmada de libros, escritores, editores y lectores; llena de sueños, ideas, expectativas y universos paralelos.

Traigo a cuento esta historia porque ha comenzado la trigésima tercera versión de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo-2021), que en esta ocasión se desarrolla de manera virtual debido a las condiciones impuestas por la pandemia del covid-19. 

Con Suecia como país invitado de honor, la feria tiene programadas cerca de 600 actividades, algunas de ellas presenciales pero la gran mayoría digitales, algo a lo que ya estamos acostumbrados en todos los ámbitos en este año y medio de pandemia. Pero no todo ha sido malo durante la peste. Como lo reveló el presidente de la Cámara Colombiana del Libro, Enrique González, hoy se lee más que antes gracias a ésta.

En este espacio de virtualidad hay dos enlaces claves para disfrutar activamente de la feria: www.colombialee.com, donde se encuentran y se pueden comprar todos los libros de todas las librerías, y www.feriadellibro.com, en el que está toda la programación y desde el cual se ingresa a casi todos los eventos de este que es uno de los certámenes culturales más importantes de Colombia.

Entre los muchos invitados internacionales se destacan Arturo Pérez Reverte, Ana Pessoa, Santiago Roncagliolo, Alberto Gómez Font, Alma Guillermo Prieto, Leila Guerriero e Irene Vallejo, quien escribió un extraordinario texto, “El infinito en un junco”, que es la historia del libro, la historia de los libros, algo así como la historia de la materia prima de esa Biblioteca a la que se refiere Borges.

Los invitados nacionales incluyen, entre muchos otros, a Alberto Linero, Alejandro Gaviria, Antonio Caballero, Antonio Ungar, Beatriz González, Brigitte Baptiste, Darío Jaramillo Agudelo, Francisco Leal Quevedo, Jorge Orlando Melo, Laura Restrepo, Mario Mendoza, Piedad Bonnett, Pilar Quintana, Diana Uribe y Yolanda Reyes. Éstos y aquéllos, escritores, pensadores, intelectuales, profesores, lecturas, lectores y libros para todos los gustos.

Todos sabemos, o casi todos, lo que es un libro y lo que se hace con él. Del latín ‘liber’, ‘libri’, significa también ‘libre’, ‘hombre libre’. El que lee es un hombre libre. También tiene un sentido que podemos aplicar metafóricamente al acto de leer: ‘Parte viva de la corteza de un árbol’. Pensemos que el árbol es el objeto libro y que lo que éste contiene es la vida representada en signos, letras y espacios; en ideas, metáforas e historias. El significado y el significante, el contenido y el continente, la ilusión y la vida.

A propósito de Borges, un arúspice y profeta de culto, y de los tiempos inciertos que nos cercan, nada más estremecedor y emocionante que terminar esta columna con uno de los párrafos finales de “La Biblioteca de Babel”: “Sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta”. Tal vez la biblioteca, el libro y la feria sean nuestra salvación. 
 

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