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Yolanda Ruiz, directora de RCN La Radio



Es común escuchar a lo largo y ancho del país las quejas de los ciudadanos por las obras atrasadas, la salud que no funciona, la pobreza, la falta de empleo. Lo que pocas veces se escucha es que la gente reconozca que tiene su cuota de responsabilidad en el desgreño de su ciudad por cuenta del aporte que ha hecho en cada elección a ese desastre.

El poder de un voto es importante y cada vez que un ciudadano vende su voto está ayudando a elegir a un delincuente. Ese mismo personaje que le ofrece 10 o 20 mil pesos por el voto es el que se va a robar el presupuesto del municipio; el que va a repartirse el poder con los amigos; el que va a dejar la salud y la educación en el limbo. El que compra votos es de entrada un corrupto pero quien le vende el voto se convierte en cómplice.

El ciudadano piensa que gana algo en esa transacción delictiva pero al final termina perdiendo porque son la salud de su familia, la escuela de sus hijos, las carreteras por las que transita, las que se van a ver enredadas mientras el funcionario elegido con votos corruptos se llena los bolsillos. Es una historia de nunca acabar que reproducimos una y otra vez en muchas regiones.

Por eso, la cita de este domingo es la oportunidad para frenar a los que se roban nuestro país y a quienes lo tienen sumido en una crisis grave de corrupción. Dar el voto de manera consciente por los candidatos que no tienen lunares en su hoja de vida es el primer paso para ayudar a recuperar esa institucionalidad amenazada.

Es posible que muchos piensen que nada se puede hacer, que un voto no hace la diferencia y que “como todos lo hacen” pues no pasa nada si se recibe una “platica” el día de elecciones. Pero el hecho de que todos lo hagan no lo convierte en un camino válido y si uno a uno empezamos a sumar decencia es posible, solo posible, que algún día recuperemos el país que se han robado los corruptos.

En sus manos también está. No todo es esperar a que alguien nos arregle los problemas. Podemos ayudar aislando a los corruptos y generando una cultura de rescate de la decencia como valor primario para merecer un cargo público. Por eso es importante pensar muy bien qué vamos a hacer con el poder que tiene un voto.