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La imagen de senadores de todas las tendencias, contendores extremos, conversando sobre un proyecto, es viento fresco en un país polarizado.

No se pusieron de acuerdo en todo, pero no había necesidad. Siguen en orillas distintas y distantes, pero no se necesita unanimidad. No serán amigos pero es importante que no se vean como enemigos. La imagen de los senadores de todas las tendencias conversando sobre el proyecto de ley que busca reformar la Justicia Especial para la Paz, es un viento fresco en medio de un país en extremo polarizado que lleva décadas de muerte.

Si Álvaro Uribe y Gustavo Petro se pueden sentar al lado de Carlos Losada de las Farc y si en el mismo escenario están Angélica Lozano, Paloma Valencia, Iván Cepeda y Luis Fernando Velasco, entre otros, es que sí tenemos una luz al final del túnel.

No quiero hablar del tema que convocó el encuentro y que fue materia de debate. Ya habrá quienes analicen la propuesta de aumentar el número de magistrados de la JEP y falta camino antes de que el proyecto se convierta en ley. Quiero subrayar lo que significa poder hablar y escuchar.

Fue curioso cómo muchos seguidores de estos pesos pesados de la política se quedaron sin argumentos ante la imagen. Es más fácil criticar y agredir que entender que el líder, cualquiera que sea, se siente con ese otro, sea el que sea, al que nos han enseñado a odiar.

Me tildaron de tonta e ingenua cuando dije en Twitter que esa imagen me generaba esperanza pero sigo creyendo que si recuperamos el poder de la palabra y la capacidad de discrepar y disentir sin matarnos, entonces ganamos todos. La democracia necesita diferencias porque solo en las dictaduras de derecha, de izquierda o de cualquier fundamentalismo intentan obligar a todos para que piensen igual.

Las diferencias políticas, ideológicas, religiosas son importantes para avanzar como sociedad. Lo que necesitamos es aprender a ver a quien piensa distinto como otro ser humano sujeto de derechos. Dejar de pensar que “eliminar” al contendor es la salida, nos engrandece a todos como personas y mucho más si la política logra mandar ese mensaje. Por supuesto que se trata de discutir y con fuerza, con contundencia, alzando el tono si se requiere, pero con argumentos, buscando alternativas, cediendo en aras de encontrar caminos medios que nos sirvan a todos.

Hay temas en los que las posiciones políticas son y serán irreconciliables pero si para algo sirve un Congreso lleno de matices es justamente para discutir y argumentar. Qué bueno ver a nuestros congresistas en el ejercicio de fondo de la política hablando en serio de los proyectos y no jugando a las triquiñuelas politiqueras como hacen con frecuencia, o desconociendo a los demás como si cada uno fuera dueño de la verdad venida del cielo.  

Por eso la fotografía en la cual los contendores políticos lucen calmados, no sonrientes pero calmados, mientras se escuchan unos a otros, es un paso en el proceso que damos en este país que por culpa de una guerra eterna se ha olvidado de ver las diferencias como lo que son: un motor de desarrollo y crecimiento y no un motivo para agarrarnos a golpes o a bala.

No todos llegaron al acuerdo en el proyecto que discutían y así será en muchos temas. No siempre hay que tener consenso, pero sí hay que saber conservar y respetar el disenso con respeto, cuidarlo y protegerlo como un activo de la sociedad.

Que me sigan diciendo ingenua, tal vez lo soy, pero aplaudo esas señales por mínimas que sean, cuando veo que de pronto podemos estar por encima de los propios intereses. Veremos si todo se queda en unas fotografías bonitas o si damos pasos reales en el camino que marca la democracia. Los líderes tienen una responsabilidad inmensa en la manera como conducen a sus huestes: a punta de odio o a punta de argumentos.  

Fuente

RCN Radio

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