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Evocar la ternura, hablar de la felicidad que produce el paisaje y sus gentes hace parte sustancial de las historias contadas por el maestro Rosendo Romero, a quien merecidamente se le ofrece un reconocimiento en el Festival de la Leyenda Vallenata en Valledupar.

Evocar la ternura y la felicidad que producen nuestros pueblos y sus personajes, han sido el eje articulador de sus canciones.

Habla pausado y bonito, construye frases cargadas de simbolismos para destacar su admiración por la región, habla con emoción de su música, de sus personajes.

 “El vallenato surgió como la flor de la tierra, tan natural como el murmullo de nuestros ríos”, dice con su tono particular e íntimo, tras lo cual  insiste en que vivir en este valle entre la cordillera del Perijá y la Sierra nevada de Santa Marta “nos vuelve muy sensibles a los cantos de pájaros ariscos y la fiesta de las flores que se hace en todo el valle del cacique upar”, le dijo Romero al programa Al Fin de Semana.

Y se toma confianza para defender la poética que caracteriza la vieja tradición del vallenato, en contravía de los temas comerciales de estos tiempos.

Dice que la música vallenata “era poesía pura” y al referirse a las historias cotidianas, del entorno, de los amores posibles e imposibles, no se guarda nada para expresar su admiración por el proceso de construcción de una narrativa regional en la que “se vive plenamente la belleza de nuestro valle y la belleza de nuestras mujeres para convertir todo eso en canciones”.

Vivimos otros tiempos en los que las redes sociales y la tecnología lo copan absolutamente todo y se ha abandonado, seguramente para siempre, eso que el poeta de Villanueva llama “la vida reposada”.

“Hoy en día estamos en el pavimento, con semáforos, con computadores en los aposentos, celulares de alta gama y toda esa tecnología aparta al ser humano de camino real, de la ribera del río, de esos ranchos solitarios que humean sobre la montaña”, asegura.

Su pueblo y sus mujeres han sido protagonistas eternos de sus canciones, como en  la Villanuevera, en la que dice románticamente: “Hoy te voy a dedicar La fuente natural de un pueblo en mis poemas, y te voy a adivinar las noches que al partir te hablaban de mi ausencia”.

Los ríos y los paisajes son protagonistas eternos de las canciones de Romero que como en su Noche de luceros insiste en que “quiero lo dulce de cañaverales, la fruta madura y un río musical para endulzar lo amargo de esta pena”.

Se declara amigo de los ríos y habla con convicción para advertir que “en las aguas va música”, que cuando subía a la Serranía del Perijá “iba cantando canciones escritas en el viento que nunca más se volvieron a repetir, porque las improvisaba y la brisa se las llevó para siempre”.

Tuve la fortuna de escuchar el relincho del caballo en el potrero y esas vivencias de alguna manera, crearon en mi un lenguaje natural, tal vez de poesía”, dice Romero, al hacer un balance de esos 47 años que lleva escribiendo versos.

A medida que transcurre la charla va dejando frases como quien dicta titulares para los editores de turno.

“El ser humano siempre se va a sentir fascinado por el oleaje del mar, por un paisaje maravilloso, por la sonrisa de una mujer”; “siempre vamos a sentir sensibilidad hacia las cosas bellas”; “es una ingenuidad decir que la poesía está en el pasado” y “yo convertí a la mujer en el altar de mis canciones”, son algunas de las frases que va soltando mientras se escucha su música.

El maestro Romero dice que “puede componer cualquier música por encargo”, pero para el vallenato siempre necesita un motivo muy profundo, una Fantasía, como la del título de su canción, en la que desnuda su alma para hablar de “ese que escribe versos repletos de verano, estando en primavera”.

No es indiferente a lo pasa con el todo del vallenato actual, que ha perdido su esencia, y asegura que se están haciendo letras con una excesiva propaganda comercial en la que los compositores “abandonaron la lírica y la poesía y empezaron a preocuparse por hacer frasecitas que se le peguen a la gente”.

Tras reiterar que “no hemos podido salir de este viaje en el que nos montó la nueva generación”, Rosendo Romero expresa que en todo caso no se puede desconocer que el público es selectivo y al final termina por escoger “lo que tiene calidad”.

Se queja de nuevo para decir que “el pretexto es que la poesía ya pasó de moda y puedo decir que esta nunca ocurrirá porque es inherente al ser, nace con el ser humano”.

Al final nos cuenta que en su estudio sigue rasgando la guitarra y escribiendo esas historias, que según dice, “buscan satisfacer algunos sentimientos que ha tenido en estos días”.

Y nos regala los apuntes de una canción que dice más o menos así:

“Un corazón enamorado no te olvida,

 un corazón enamorado es tu delicia.

Soy el viento que acaricia como el agua de la lluvia,

Reverdeciendo los campos.

Soy el amor que va de prisa en busca de tu sonrisa”.

 

Fuente

RCN Radio

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