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En toda guerra, la primera sacrificada es la verdad y por eso cada versión debe ser asumida con beneficio de inventario.

En cada conflicto, en cada confrontación, en cada guerra así sea fría, la humanidad es bombardeada con millones de mensajes, denuncias, acusaciones y versiones de cada bando que, al confrontar, son completamente opuestas y que al final solo sirven para confundir más y para ocultar lo que realmente está ocurriendo.

Para no ir tan lejos, miremos lo que está ocurriendo con nuestro vecino Venezuela y los más recientes acontecimientos, como fueron la fallida entrega de ayuda humanitaria y el apagón eléctrico de todo un país en pleno siglo XXI, bajo condiciones que parecen no tener sentido ni coherencia alguna.

Ese 23 de febrero el mundo entero vio cómo en la frontera colombo-venezolana, por el puente Francisco de Paula Santander, dos de los camiones que lograron llegar a Ureña con la ayuda humanitaria fueron consumidos por las llamas producto de bombas incendiarias que, en un primer momento, se aseguró habían sido lanzadas por miembros de la Guardia Nacional Venezolana y por los motorizados seguidores del régimen del presidente Maduro.

Y esa fue la versión que se mantuvo, y se creyó además, hasta el pasado fin de semana cuando el New York Times reveló un video en el que se observa cómo la bomba incendiaria que cayó sobre uno de los camiones con la ayuda humanitaria había sido arrojada desde el lado colombiano de la frontera, justamente contra la guardia del vecino país. Y valga contar además, que esa misma versión la había difundido días antes la cadena de noticias Telesur, que tenía una corresponsal cubriendo ese día la información desde el lado venezolano de la frontera.

Hoy el mundo sigue expectante la situación de los venezolanos que completan 90 horas de interrupciones continuas y prolongadas del fluido eléctrico, con el consecuente daño a todo nivel y que es manejado de distintas maneras desde los distintos frentes de información. El propio Maduro dijo que se trató de un ataque cibernético desde el exterior con el único propósito de sabotear el sistema eléctrico nacional y apagar al país para profundizar en el caos y la crisis que invade a Venezuela.

Sin embargo, expertos en la materia desmienten la versión de Maduro y explican que un ataque cibernético es imposible, pues el sistema eléctrico de Venezuela es analógico y no digital, lo que descarta de plano esa posibilidad. Muy por el contrario, advierten que el sistema en cuestión es “vulnerable, frágil e inestable”. Recuerdan que hace más de diez años habían alertado sobre una preocupante falta de mantenimiento que, de no solucionarse de inmediato, iba a generar un colapso de incalculables proporciones como efectivamente se generó el jueves anterior.

Pero el sacrificio de la verdad, las mentiras están a la orden del día en todos los campos de batalla: en las cifras de muertos y heridos durante los enfrentamientos y sus causas, en la falta de comida y medicamentos, en el éxodo de venezolanos hacia los países más próximos, en las imágenes de las multitudinarias marchas que acompañan a los de cada bando.

Mientras tanto, el mundo sigue con sus ojos puestos en un país que duele por el sufrimiento de sus habitantes, un país al que no se puede irrespetar en su soberanía pero que agota todas las opciones de ayuda para superar la crisis. Un país que se fue consumiendo como consume el cáncer al cuerpo humano, en una agonía lenta y sin misericordia, abandonado a su propia suerte.

Por eso el papel de los medios de comunicación en este punto de las guerras, los conflictos y las confrontaciones debe mantenerse dentro del mayor rigor posible confrontando todas las fuentes, consultando distintos puntos de vista, divulgando todas las versiones sin marcar tendencia hacia ninguna de las partes en conflicto. Eso, no solo lo agradecerá la historia sino el presente mismo de una Nación que intenta a toda costa ver la luz al final del túnel.

Fuente

RCN Radio

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