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Lo que para muchos es un sencillo ritual, para la familia de un soldado secuestrado y desaparecido hace 16 años es una tortura.

Doña Mariela Patiño, la mamá del soldado bachiller Manuel Alejandro Castro Patiño secuestrado el 20 de septiembre de 2003 en zona rural de Cajibío (Cauca), cuenta que antes no había cumpleaños si no había torta de zanahoria, sancocho de gallina y ensalada de aguacate. Y ahora no hay cumpleaños, porque él no está.

Manuel Alejandro cumplía años el 8 de agosto y doña Mariela recuerda que desde muy pequeño tenía la costumbre de empezar a hacer bulla del acontecimiento con varios días de anticipación.

- "Llegó al que más quieren en esta casa", decía apenas abría la puerta y luego preguntaba con tono de burla: "¿Adivinen quien está cumpliendo años esta semana?".

Algunos de sus compañeros en el colegio recuerdan también que "Castro era muy mamón cuando iba a cumplir años", pero eso entorno feliz cambio para siempre y ahora es inevitable que se quiebre la voz al comprobar que ha pasado un cumpleaños más sin saber qué pasó con su hijo secuestrado.

- “A partir de que ya no está hay un hueco inmenso y nuestros cumpleaños no son lo mismo”, dice doña Mariela en los mensajes que sigue enviando a través del programa La Noche de la Libertad.

Y hace memoria de los últimos cumpleaños de su hijo para concluir que, sin proponérselo, establecieron alrededor del cholao, esa delicia típica del Valle del Cauca, una especie de ritual que se mantendrá por siempre.

Todo empezó cuando a los seis años se le cayeron los dientes y sus compañeritos se burlaron hasta hacerlo llorar, luego de gritarle que parecía “la mueca Capurro”.

A la salida del colegio estaba inconsolable y, para contentarlo, entonces su mamá lo llevó a un parque para comprarle un cholao.

Solo alcanzaba para comprar uno y doña Mariela recuerda que el niño le dijo a la vendedora que “le echara cinco pesos de lechera”, porque su mamá estaba de cumpleaños.

Desde ese momento cada cumpleaños, antes de la torta y el sancocho, se celebraba con un cholado que compartían los dos, hasta que ese ritual se interrumpió cuando el joven iba a celebrar los 19, porque fue secuestrado por la guerrilla de las Farc en su finca de La Arroyuela.

- “Ese año le eché mucha lechera y me lo comí pensando en él. Así ha sido durante los últimos 16 años, hasta el pasado 8 de agosto cuando mi hijo cumpliría 37 años y, como para no fallarle, volví a comerme un cholao”, insiste la abatida mamá.

Ese momento protagonizado por un niño de seis años con los ojos llenos de lágrimas quedará para siempre como un recuerdo lleno de infinita ternura.

- "El tiempo ha pasado y yo lo miro en la última fotografía que le tomamos, poco antes de ser secuestrado. Y me digo que Manuel Alejandro es como el eterno niño”, expresa al evocar la dolorosa ausencia.

Y rumia su tristeza para enfatizar en que para los familiares de un desaparecido solo queda esa imagen de la última vez que lo vieron y, a pesar de tener la certeza que el tiempo ha pasado, imaginarlos eternamente así.

- “Si alguna vez regresara, imagino que lo hará tal como los veo esa fotografía en una especie de juego que hacemos en la mente, porque sabemos que ha cambiado físicamente”, agrega.

Doña Mariela dice que a pesar que mucha gente le dice que olvide lo ocurrido y supere esa tragedia, no dejará nunca en seguir recordando estos momentos sencillos como una manera de “tener presentes a los invisibles” y de recordar “que en algún lugar de Colombia deben estar vivos o muertos”.

Esa tragedia de todos los días para los familiares de los secuestrados y desaparecidos se convierte en un círculo vicioso en el que sus seres queridos siempre están en la mente y como dice doña Mariela, “mientras tratamos de averiguar por ellos siempre nos tropezamos con ese muro de silencio e indiferencia de las autoridades y la sociedad”.

No hay ni una sola noticia desde que el joven soldado fue sacado de su casa en la zona rural de Cajibío y solo queda el recuerdo del niño romántico que regalaba flores amarillas, el que dedicaba a su mamá la canción “Los caminos de la vida” y el eterno enamorado de las canciones del Gran Combo de Puerto Rico.

Han pasado 16 años del secuestro de  Manuel Alejandro, quien habría cumplido 37 años el pasado mes de agosto, pero para doña Mariela él seguirá siendo “el eterno niño”.

Fuente

RCN Radio

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