Cargando contenido

Un tema tan complejo que ni siquiera en este mundo tecnológico y pragmático logra poner de acuerdo a la humanidad.

El caso del francés Vincent Lambert, un enfermero de 42 años parapléjico y en estado vegetativo desde 2008 como consecuencia de un accidente de tránsito y cuya cuenta regresiva hacia la muerte comenzó esta semana, vuelve a poner sobre el tapete el eterno debate a la eutanasia que enfrenta y distancia una vez más a la ciencia, el hombre y la religión.

Según Manuel José Hurtado, miembro de la comisión de bioética, la eutanasia es la terminación voluntaria de la vida de una persona que padece una enfermedad terminal, pudiendo aplicarse de forma activa o pasiva, así como de forma voluntaria o involuntaria. Y agrega que “este procedimiento debe ser visto desde la perspectiva del paciente, priorizando su autonomía y libertad en la toma de decisiones con respecto a su enfermedad y a la solicitud de una muerte digna”.

En Colombia, la Corte Constitucional despenalizó la eutanasia en 1997 para pacientes en fase terminal de enfermedades incurables, pero la complejidad del tema hizo que durante 18 años el Congreso de la República evitara su reglamentación. Así las cosas, en 2014 la misma Corte le ordenó al Ministerio de Salud y Protección Social establecer un comité para atender las solicitudes de eutanasia activa y hacer efectivo el derecho a morir con dignidad, del paciente en fase terminal.

Pero tampoco ha sido suficiente porque en la mayoría de casos en que se solicita la práctica de la eutanasia, salen a flote la objeción de conciencia o una lista interminable de papeles, requisitos y certificados que retrasan su cumplimiento y reviven la polémica entre si el camino correcto es ayudar a morir dignamente o luchar y esperar que el paciente vuelva a la vida digna, al amparo de la ciencia y la medicina, o los designios de Dios.

El padre del caricaturista Matador, don Ovidio González, de 79 años y quien durante los últimos cinco padeció un cáncer de boca que le había desfigurado el rostro y le causaba un permanente e insoportable dolor, es recordado porque se convirtió en el primer caso de eutanasia en Colombia bajo los preceptos del Ministerio de Salud, en julio de 2015. Pero para lograrlo debió superar un sinnúmero de obstáculos que le pusieron en el camino hacia su muerte asistida y que le prolongó la agonía.

Después han venido otros, en su mayoría solicitando la eutanasia a través de acciones de tutela por su rapidez y efectividad, pero que igual se convierten en un largo y doloroso camino de la legalidad hacia una muerte digna.

En 2018, uno en particular, fue el caso de una joven de 23 años que sufría de epilepsia y fue sometida a una lobotomía hace 11 años. Complicaciones la dejaron en estado vegetativo  sin esperanza de recuperación, con un intenso dolor progresivo y la degradación de la vida de sus padres. La EPS les negó la eutanasia, alegando la falta de legitimidad de la madre para solicitarla. Finalmente, la Corte Constitucional aceptó la tutela interpuesta por la madre para que su hija tuviera una muerte digna.

En ese caso, la Corte solicitó -entre otros- un concepto a Moisés Wasserman, quien lo emitió advirtiendo que lo hacía desde una visión personal como científico laico y en uno de cuyos apartes señaló: “Es decir, en este caso no se puede alegar que hay que dejar actuar a la naturaleza, porque lo antinatural, lo artificial, fue la supervivencia”.

Pero están los que se ubican en el otro extremo de la discusión como el concejal de Bogotá Marco Fidel Ramírez, quien al momento de escribir esta columna conseguía que el Consejo de Estado admitiera para estudio una demanda contra la eutanasia infantil ya que, según él, el derecho a morir dignamente no está contemplado en la Constitución Política de Colombia.

La demanda seguirá su curso en el Consejo de Estado que, una vez haya estudiado la sustentación, determinará si existe o no razón en los argumentos del concejal y, para entonces, Lambert Vincent en Francia habrá ya logrado el respeto por su voluntad de morir dignamente. Un derecho que tenemos todos los seres humanos y que podemos invocar antes de cualquier eventualidad que nos impida hacerlo consiente y voluntariamente.

La otra parte corresponde a las autoridades que están en la obligación de facilitar, con herramientas sencillas y claras, el camino a quienes optan por la muerte digna en casos de enfermedad irreversible, de estado vegetativo y/o causante de profundo e irremediable dolor para que se les respeten sus derechos. Igual, la humanidad seguirá dividida entre quienes defienden la muerte digna y quienes sostienen que pase lo que pase la vida solo puede acabar por voluntad divina.

Fuente

RCN Radio

Encuentre más contenidos

Fin del contenido