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Nada es lo que era antes y como toda cambia la poesía ha sufrido una transformación brutal hasta el punto de que eso de alcanzar la inmortalidad escribiendo, está cada día más difícil.

Ya no se escoge el poeta nacional, ni se ciñe sobre la frente la corona de laurel en señal de reconocimiento, ni hay cafés, ni tertulias, ni se pagan las cuentas con poemas escritos en servilletas.

Los editores dicen que la poesía no vende y nadie parece dedicar poemas, porque es más práctico enviar emoticones o memes, por aquello de que es más fácil copiar y pegar que crear e imaginar.

El camino a la eternidad por la vía de la poesía parece cada día más tortuoso y largo y el reconocimiento para quien se da la pela construyendo versos, parece cada día más escaso.

Y es que esto ocurre en esta coyuntura en la que el poeta Jaime Jaramillo Correa ha iniciado ese fragoroso y esperado viaje por los caminos espantables de la muerte.

Los tiempos cambian, la sensibilidad, las maneras y los mensajes y ahora es más fácil rimar “epa la arepa” que leer “El aviso de los moribundos”.

X-504, uno de los fundadores del Nadaísmo, se fue para siempre de manera inadvertida, discreta y silenciosa, siendo fiel a su característica esencial.

“Es silencioso como un secreto; misterioso como una cita de amor; solitario y profundo como un río profundo”, escribió sobre él, hace muchísimos años, su amigo del alma Gonzalo Arango.

 “El profeta”, como se hacía llamar Gonzalo Arango, destacaba el desprecio que Jaramillo Escobar siempre tuvo por la popularidad, hasta el punto de adoptar una vida poética al amparo del X-504, que era una especie de “seudónimo  de placa de carro”.

El desaparecido poeta antioqueño se planteó en algún momento ese dilema del espíritu tratando de explicar que ese anonimato consentido al amparo de la X, era también una pregunta sobre su carácter y su naturaleza.

“Es una interrogación. El desconocido que te interroga. El que pasa por tus manos sin darse a conocer y se va después de haberte dado todo, menos su nombre. Soy el nombre falso de la verdad (…) X-504, número de presidiario (…) X-504 existe para que Jaime Jaramillo Escobar pueda vivir libremente, sin el peso de la literatura y de la admiración”, explicó en su momento el escritor que ahora ha desaparecido físicamente.

Fue un hombre que al inicio de su provocadora carrera se sometió al anonimato “para que su patrón no lo echara del puesto al enterarse de que era poeta, y además nadaista”, como lo contaba Arango.

Luego por la propia inercia de las circunstancias y en la medida que el nadaísmo se hacía polvo, Jaramillo fue adoptando silencios cada vez más largos, publicar se volvió un ejercicio cada vez más complejo y los premios empezaron a olvidarse y es posible que tuvieran importancia sólo para él.

Baste recordar que en una selección de la poesía colombiana elaborada por José Luis Panero y publicada en 1981 por el Círculo de Lectores, se lee que en 1967 ganó el Premio Nadaísmo de Poesía con el libro “Poemas de la ofensa”, publicado al año siguiente “y desde entonces no ha publicado nada y según mis noticias trabaja en un agencia de publicidad”.

Primero el anonimato como una estrategia y luego como el resultado de un estado de cosas en el que parece que ha surgido lo que muchos deben considerar “una nueva raza de intelectuales” construidos desde el vigor de las redes sociales.

Casi que litigando en causa propia, como en su poema “Aviso de Los moribundos”, Jaramillo  está ahora en el “subterráneo corazón del mundo” en ese ejercicio, que ahora si será eterno, de “escuchar las palpitaciones de la memoria”.

“Vengo de parte de la muerte para avisaros que vayáis preparando vuestras ocultas descomposiciones. Todos vuestros problemas van a ser resueltos dentro de poco, y ya, ciertamente, no tendréis nada de que quejaros”, escribía en su sesentón poema el entonces anónimo X-504.

Ahora el círculo se cierra inevitablemente, toda la materia regresa a su elemento, lo que empieza tienen que terminar y germina lo sembrado, si hubo tierra fértil.

El tiempo dirá que tan fértil ha sembrado este poeta antioqueño que escribió de las profundidades del alma y del espíritu, de eso que calificaba como “la extraña maldad” o “los escorpiones de mi angustia”.

El eterno anónimo se ha despedido y la palabra nadaista, subversiva y terrible, queda como un insumo para reproducir nuevas miserias o nuevas oportunidades de contar.

Solo baste mencionar el final de uno de sus más recordados poemas: “Yo os aviso que vuestra resurrección va a estar un poco difícil, porque vuestros herederos os enterrarán tan hondo que no alcanzaréis a salir a tiempo para el juicio final”.

Fuente

RCN Radio

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