Por: Fernando Posada Protagonizando el episodio más desconcertante en la impredescible racha electoral de este año, Donald Trump alcanzó la presidencia de Estados Unidos en medio de una contienda que la historia recordará como infame y absurda. Pero ahora que la carrera por la Casa Blanca ha terminado, quedan inmensos interrogantes sobre el manejo que Trump le dará a algunos de los temas más críticos que tendrá que enfrentar desde la presidencia. Es imposible analizar el triunfo de Trump sin pensar en los millones de latinos y musulmanes que de manera legal y honesta han organizado sus vidas en Estados Unidos durante años, persiguiéndolos y convirtiéndolos objeto de rechazo social y político. Una de las primeras medidas que tomará el republicano sin duda será una reforma migratoria que le permita cambiar las reglas de juego para el ingreso y la permanencia en territorio estadounidense de personas provenientes de naciones consideradas peligrosas. Esta medida xenófoba y discriminatoria que el propio Trump ha defendido en varias oportunidades terminará afectando de manera particular a los inmigrantes de origen musulmán y latino, que desde hace décadas han buscado mejores oportunidades en suelo norteamericano. Desde ya las familias temen la eliminación de las visas de trabajo y las deportaciones masivas, incluso tratándose de personas que tienen en orden su permanencia en el país. Y la propuesta de Trump que convertiría obligatorio el porte de un documento visible de identidad para todos los musulmanes en Estados Unidos solo recuerda a los años más oscuros del nazismo, cuando todos los horrores comenzaron con la estigmatización en contra de una raza. Ante esto Trump tendrá que tomar acciones concretas, pues el tema de la segregación racial puede salirse de las manos del gobierno, dando lugar a enfrentamientos étnicos como los que ocurrieron hasta la década de los 60 y que tomaron décadas en ser controlados. También causa preocupación el futuro de poblaciones que han luchado por décadas para alcanzar la igualdad en materia de derechos, y que se encuentran en una dolorosa situación de vulnerabilidad por cuenta de las tesis que Trump ha promovido. Las comunidades LGBT y afrodescendientes han sido en varias ocasiones víctimas de las desmedidas declaraciones del presidente electo, quien tiene el penoso antecedente de haber compartido en varias ocasiones mensajes de miembros del Ku Klux Klan desde su cuenta de Twitter. Trump ha defendido el derecho a la discriminación sexual con motivos religiosos y se mantiene la duda de si buscará quitarle a las parejas del mismo sexo los derechos que han logrado. Sobre la manera en que Trump gobernará a Estados Unidos existen también dudas inmensas, luego de que a lo largo de la campaña dejara en evidencia características que lo ubican muy por debajo de personajes como Lincoln o Kennedy, a quienes la historia les guarda una deuda eterna. Su capacidad de construir un equipo de trabajo técnico y de su entera confianza, crucial para la ejecución de los proyectos de un gobierno, quedó en duda luego de los permanentes remezones en la gerencia de su campaña. Y el paso del incendiario discurso de la contienda electoral a la construcción de políticas públicas para solucionar asuntos tan complejos como la creación de un nuevo programa de salud requieren del trabajo conjunto con expertos dentro de su gabinete. La tarea de construir un equipo de trabajo calificado y estable será uno de los retos más tempranos que tendrá que enfrentar Trump desde la presidencia. La política exterior norteamericana sin duda sufrirá giros importantes durante el mandato del republicano. Los acercamientos entre los demócratas y Cuba tendrán que ser revisados detenidamente por Trump, aunque lo más probable sea que el embargo se mantenga en pie. Su capacidad de manejar asuntos de crisis será puesta a prueba, de manera casi inmediata, en situaciones tan diversas como las aspiraciones de control en el Pacífico por parte de China y los caprichos de Putin y Kim Jong-un. Una cosa era ofrecer soluciones desde sus ‘rallies’ de campaña y otra muy diferente será tener en sus manos la tarea de preservar la paz mundial. Solo queda esperar que asuma esta responsabilidad con entereza. Lo que antes rayaba con lo absurdo es ahora una realidad que el mundo entero tendrá que asumir. ¿Será Trump capaz de hacerse responsable por todo lo que ofreció en campaña y cumplirlo? Trazando la línea: los mayores derrotados de las elecciones norteamericanas fueron, por encima de todo, los partidos y el establecimiento político tradicional. Los medios de comunicación estadounidenses y las firmas encuestadoras también demostraron sus inmensas debilidades a la hora de analizar las tendencias entre los electores.