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El texto analiza documentos legislativos e iniciativas legales sobre el auge de la tierra como un tema clave para el Gobierno.

Uno de los tópicos que más sonaron durante las pasadas elecciones fue el problema de la tierra en el país.  Sobre este tema han corrido ríos de tinta, y se han escrito cientos de libros, pero pocos son tan certeros como “Historia de la legislación agraria en Colombia 1930-1945” del profesor Eduardo Romero Rodríguez y publicada por la reconocida editorial Ibañez. En esta apuesta, sui-generis por la metodología aplicada, se expone de manera detallada los documentos legislativos y las iniciativas legales que tuvieron lugar alrededor del auge de la tierra como un tema clave para el Gobierno, durante el periodo denominado por los historiadores como “La República Liberal”.

El gran político liberal Alfonso López Pumarejo, visionario de una sociedad justa con un desarrollo social y económico, acorde  a las posibilidades reales de nuestra nación, fue uno de quienes más se preocupó por este tema, impulsando de manera decidida la Ley 200 de 1936 para intentar resolver los problemas agrarios que reverberaban en aquella época, marcando la impronta  de la necesidad de modernizar el campo, como para aquellas épocas ya lo habían hecho países como Estados Unidos, Inglaterra y Francia, dejando atrás las tierras improductivas para buscar potenciar la producción agrícola nacional. Como bien lo anota Romero, “esta nueva clase de dirigentes enarbolaron  conceptos foráneos de derecho y de justicia atraídos por los remozados vientos académicos y novedosas teorías  europeas, como la concepción de la Función Social de la Propiedad, de origen francés acuñada de manera doctrinal  por el jurista  León Duguit a comienzos del siglo XX”.

Además, la Ley 200 de 1936 resultó novedosa en tanto la consideración del medio ambiente. Es así como aparece el termino, “Función Social de la Propiedad Privada”, en la cual, señala Romero, advierte de la prohibición de talar bosques que definan las vertientes de aguas en propiedad particular. Sin duda algo novedoso en las leyes colombianas.

Quisiera volver a la metodología del libro, puesto que allí reside su mayor valor. En principio debemos destacar que su fuente principal son los documentos del Congreso, por lo cual, aunque revisa detalladamente la bibliografía agraria existente, no es un libro que haga un aburrido balance bibliográfico, sino que, por el contrario, traza formas de investigación alternas para documentos que han sido abordados por la historiografía agraria, entre ellos, el análisis de discurso sobre los textos escritos, el diseño de estadísticas para analizar el origen de los preceptos de procedencia colonial, francesa, romana entre otras, los títulos de propiedad, además del recuento exhaustivo de los ministro del Estado durante los periodos de La República Liberal; el número de votos obtenidos por partido, tanto en las elecciones presidenciales como en la Cámara de Representantes, los discursos, como por ejemplo, el que fue impartido por el senador Francisco José Chaux apoyar la aprobación de la Ley 200 de 1936. Además, se examinan el pliego de modificaciones, los mensajes de objeciones, las objeciones, los informes de Comisión, los proyectos de Ley, y las leyes.

Estas son algunas de las cosas que convierten al libro Historia de la Legislación Agraria en Colombia 1930-1945 en uno de las herramientas pedagógicas más importantes que se han publicado, en los últimos años sobre uno de los temas más sensibles y disputados de nuestra realidad: la cuestión agraria.

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