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El pasado 19 de septiembre hubo 7 mil temblores y luego se produjo la erupción del volcán La Palma en España, que durante los últimos días ha obligado a una evacuación masiva en la zona.

La emergencia se mantiene, mientras los expertos que estudian el volcán insisten en que "los indicadores deben descender y mantenerse bajos para hablar del fin de la erupción".

Mientras se mantienen los ríos de lava y los medios siguen con expectación el desarrollo de este fenómeno natural, se ha recordado por estos días el instante en el que la ciudad italiana de Pompeya fue sepultada luego de la erupción del Vesubio en el año 79 Después de Cristo.

Mientras que distintos sectores de la isla de Canarias han sido presa del fuego y la lava se ha tragado varias casas,  en Italia se acaba de descubrir el lugar en el que vivían los esclavos romanos.

Según la información entregada por el Ministerio de Cultura de Italia, al parecer se trata de una habitación de 16 metros que servía de albergue a una familia con su hijo, encargados del mantenimiento del lugar.

Las tres camas halladas, junto con varios recipientes, permiten acercarse a la cotidianidad de una Pompeya que se ha convertido en vasto sitio arqueológico, en la medida que avanzan las investigaciones de los científicos.

Las historias de fuego y ceniza han provocado la destrucción de Armero en el Tolima a causa de la erupción del volcán Nevado del Ruiz en noviembre de 1985 y el volcán Galeras, en el departamento de Nariño, cobró la vida de 9 personas en enero de 1993, cuando un grupo de científicos investigaba el comportamiento de los gases.

Estos relatos de los volcanes parecen mantenerse vivos eternamente, si reparamos en que el volcán nevado del Ruiz continúa registrando “intensas señales sísmicas de tremor volcánico”, según la según los reportes del Servicio Geológico Colombiano.

Ciudades como Baños en Ecuador han sufrido inexorablemente el drama de las evacuaciones masivas, el desarraigo por meses y la constante amenaza de una tragedia por cuenta de la actividad constante de volcán Tungurahua.

En octubre de 1999 los habitantes de esta población ecuatoriana fueron evacuados ante la amenaza de erupción y permanecieron por meses fuera de la localidad. La mayoría regresó a la fuerza, rompiendo los estrictos cercos establecidos por los militares que tomaron el control en la zona.

En la localidad solo permanecieron los curas dominicos y los militares que incluso querían sacar hasta la imagen de la Virgen del Rosario.

Un viejo fotógrafo me contó alguna vez su visión de la historia del volcán, diciendo que “Tungurahua es mujer y significa bella que vomita fuego y que entra en erupción cada vez que tiene ira”.

“El volcán es cómo una madre que va a parir y los tremores y la actividad se da generalmente cuando empieza las labores de parto”, señala.

Al frente de su vieja máquina en el parque de Baños, el fotógrafo habló del coloso andino, como se le conoce al Tungurahua, para recordar que los hijos de esta tierra huelen a azufre y se han familiarizado con las fumarolas de color blanco, celeste y gris, esas especies de hongos atómicos compuestos de gas carbónico y flúor y esas columnas de ceniza y vapor de agua que se pierden en el azul profundo del cielo.

Y el volcán entonces no es solamente un referente para la investigación de los expertos o un sujeto de las acciones ordenadas por las autoridades, sino que es un lugar ancestral sobre el que se han construido muchísimas leyendas.

Dice la historia indígena que “dos conocidos guerreros de los Andes, los volcanes Cotopaxi y Chimborazo, pelearon por años con erupciones constantes para poseer a la bella Tungurahua. Tras vencer, el Chimborazo se casó con Tungurahua y de la unión nació el guagua Pichincha”.

Esos requiebros amorosos se han perpetuado en el tiempo y la narración popular señala que “cuando llora el guagua, -niño en Quechua-, la mamá le contesta”.

Según la leyenda construida por los indígenas del Ecuador, esa sería la explicación del por qué tras cientos de años de tranquilidad en un momento los dos volcanes entraron en erupción al mismo tiempo.

Desde tiempos inmemoriales el volcán ha marcado las actividades cotidianas de los habitantes de estas faldas andinas del Ecuador y se recuerda como en 1533 durante la batalla del ejército del guerrero inca Rumiñahui y Sebastián de Belalcázar,  erupcionó provocando temor entre los indígenas que huyeron despavoridos bajo la lluvia ardiente.

Entre la antropología, las leyendas y las investigaciones científicas, los volcanes siguen escribiendo sus historias de miedo, respeto y convivencia con los habitantes locales.

Fuente

Rcn Radio

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