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Ante la indiferencia de todos la lengua indígena Tinigua, que se habla en los límites de los departamentos de Meta y Caquetá, podría desaparecer irremediablemente.

En Brasil acaba de morir el indio guerrero Amoim Aruká, el último sobreviviente del pueblo indígena Juma y con él ha muerto la memoria colectiva, parte de su historia y su lengua.

Las matanzas a manos de mineros y hacendados invasores, los ataques de animales y las enfermedades letales redujeron una población de los Juma de 15.000 habitantes a cuatro este año, tres de los cuáles no tenían el linaje puro, pues se habían casado con miembros de otros pueblos indígenas.

Recientemente la Unesco advirtió que en los últimos diez años han desaparecido más de cien lenguas; otras 400 están en situación crítica, y 51 son habladas por una sola persona. Cada 14 días muere un idioma, según la Unesco.

En esa larga lista de últimos hablantes de una lengua muertos en los últimos años figuran nombres como los de Tommy George, el último de los kuku-thaypan de Cape York (Australia), quien hablaba una lengua aborigen  llamada awu laya y el de Rosa Andrade, asesinada en el Perú, y quien era la última hablante del resígaro, una de las lenguas nativas de la Amazonía.

Como advierten los expertos, la desaparición de lenguas nativas no es un fenómeno del lejano pasado, ni una dinámica que nos habla de otros tiempos, sino que dolorosamente está pasando en este instante en Colombia.

A propósito de la reciente conmemoración del Día Internacional de las lenguas maternas y Día Nacional de las lenguas nativas. Katherine Bolaños, directora de la línea de investigación de las lenguas indígenas, criollas, romaní, de señas y lenguas nativas del Instituto Caro y Cuervo, advirtió en el programa Al Fin de Semana de la dramática situación para la supervivencia de una lengua.

“En Colombia, de los 67 o 69 idiomas distintos al español, más de la mitad están en peligro de extinción y el ejemplo más dramático es el último hablante de la lengua Tinigua, que es un señor que tiene alrededor de 90 años de edad”, dijo la funcionaria del Caro y Cuervo.

Se trata Sixto Muñoz, quien habitó los llanos del Yarí, en los límites de los departamentos del Caquetá y el Meta, y cuya familia y entorno se fue extinguiendo a causa de la violencia política entre liberales y conservadores y luego las presencias armadas en sus territorios y los fenómenos depredadores relacionados con la colonización y el narcotráfico.

Muñoz es el protagonista de un hermoso libro escrito por Ricardo Palacio Hernández y Katherine Bolaños del Instituto Caro Cuervo que se llama “El hombre sin miedo” y que fue presentado en la Feria del Libro de Bogotá en el año 2019.

- “Es difícil contarlo”, advierte Katherine, para luego narrar que “vive en un estado de abandono increíble, que su entorno es muy precario y que además está prácticamente aislado por cuanto comparte con personas hablantes de otros idiomas en el departamento del Meta”.

Y lanza una sentencia que a la mayoría no le interesa o que parece no ser entendida en la dimensión que tiene: “Cuando muera se morirá una lengua

Pero no solamente se morirá una lengua sino una sensibilidad, una manera de conectarse con su entorno, sus rituales, ancestralidad y de clasificar el mundo con sus particularidades.

Si bien la desaparición de esta lengua parece ser inevitable, también hay una gran preocupación por la suerte de otras como la Cabillarí que se habla en el Vaupés, cerca del río Apaporis.

Los investigadores del Caro y Cuervo advierten que hay apenas 53 hablantes de este idioma que tiene particularidades como que divide el mundo entre entes animados e inanimados.

En consecuencia, fenómenos de la naturaleza como las estrellas, los truenos o los diluvios son tratados como entes animados.

La infinita nostalgia que se pueda morir un idioma que se llama Cacua y cuya principal característica es que es tonal y tiene distintas interpretaciones dependiendo del tono con el que se pronuncia la palabra.

Ma puede significar usted, hueco en la tierra, jefe o ropa, dependiendo con el tono con el que se dice”, cuenta la lingüista  Katherine Bolaños.

Es inadmisible que no se entienda el vigor de la presencia de estas lenguas en nuestro territorio, teniendo en cuenta que mientras en  Europa existen solo cuatro familias lingüísticas  distintas, en Colombia hay más de 14.

En el ejercicio de reconstrucción de esta lengua que está amenazada de extinción, hay que recordar, como lo señala la investigadora Andrea Urquijo,  que “tini” significa viejo y “gua” insinúa la idea de sonido o boca, con lo cual se infiere que su significado sería “sonido de los viejos”, “palabra de los viejos” o “lengua de los viejos antiguos”.

Los investigadores advierten que aunque en la actualidad existen algunos descendientes de los tiniguas, estos han perdido su lengua y sus costumbres y el único sobreviviente es Sixto Muñoz.

Sixto perdió todos sus iguales y como el título de una investigación adelantada en el año de 1994, su historia y la de la lengua Tinigua de la sierra de la Macarena, “está en el umbral de una muerte inevitable”.

Fuente

RCN Radio

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