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Es simplemente un árbol dirán, pero duele que un auténtico símbolo de la libertad se haya desplomado justo en estos momentos en que nos confrontamos sobre la importancia y pertinencia de esta palabra.

Que no me vean caída. Muerta por dentro, pero de pie. Como un árbol”, dice Alejandro Casona en su obra de literatura fantástica “Los árboles mueren de pie”.

Y un diagnóstico como para estos tiempos agrega: “Dígalo, dígalo sin miedo, tal como va el mundo todos los que somos imbéciles necesitamos estar un poco locos”, al aludir a la triste situación que afrontamos a causa de la pandemia y el paro nacional.

Muerto por dentro y de pie estuvo durante los últimos meses la ceiba sembrada en el parque principal del municipio de Gigante, en el Huila, en dónde fue sembrada el 5 de octubre de 1851 por orden del presidente José Hilario López para celebrar la abolición de la esclavitud en Colombia.

Desde hacía varios años la ceiba estaba sometida a tratamientos para tratar de salvarla y agobiada por el paso de los años y sus males, el árbol símbolo se fue desgajando, muriendo por dentro.

Desde la década de los 90, expertos habían atendido la alicaída existencia de la ceiba e, incluso, le habían puesto una especie de muletas, que le daba una imagen frágil a este símbolo del vigor y la libertad.

La ceiba estaba sembrada en el parque de Gigante desde el gobierno de José Hilario López, quien fuera presidente de la República de la Nueva Granada entre 1849 y 1853 y quien se distinguió por poner en marcha iniciativas como una Ley agraria y la denominada manumisión de los esclavos, una práctica impuesta desde la antigua Roma y que permitía que los hombres esclavizados tuvieran la condición de liberto.

López dio vía libre a la deuda histórica que tenía Simón Bolívar con la abolición de la esclavitud en Colombia y adelantó el proceso para que se diera la libertad de los negros esclavizados, en un proceso en el que tuvo que pagar una millonaria indemnización a los esclavistas.

La versión oficial habla que fue en octubre del  51 cuando se sembró la ceiba en este municipio del centroriente del Huila, porque era un municipio en el que se concentraba una buena parte del trasegar de los hombres esclavizados que eran traídos principalmente de la Costa Pacífica del Valle, Nariño y el Cauca.

Otras versiones insisten en que el  frondoso árbol tenía una existencia bicentenaria y que fue  sembrado para conmemorar la libertad del país.

Sea cual sea la fecha que se exalta, cualquiera que sea el momento que conmemore, en todo caso, constituye una gran paradoja el momento en que se cayó estruendosamente.

Justo coincidiendo con la conmemoración en Colombia del Día de la Afrocolombianidad, en medio de las voces que reclaman reiteradamente políticas y acciones más inclusivas y cuando en medio del paro nacional en el que se hacen  más evidentes los llamados para que no se conculquen  las libertades de los colombianos del común.

En momentos en que muchos actores dejan mensajes de protesta con el derribo de las estatuas de Sebastián de Belalcázar en Cali, Gonzalo Jiménez de Quesada en Bogotá y Antonio de Paula Santander en Popayán, en un acto de dignidad el  árbol símbolo se muere como si quisiera llamar la atención  por la falta de libertad.                       

El árbol, que daba sombra en el parque central de Gigante, de raíces enormes pero frágiles por el paso del tiempo, deja lecciones de fuerza y honor al morir de pie y ratificando esa inevitable conexión con la tierra.

Este árbol seguirá siendo un símbolo de la libertad, contrario a la infamia que representan, por ejemplo, el Muro de Berlín cuya caída se produjo en el año 89 o el muro que se construye en la frontera entre Estados Unidos y México.

La ceiba a la que se le compusieron canciones y poesías se le hicieron homenajes como el de las estampillas que circularon con su efigie en 1991 y a la que se le tomaron tantas fotografías para eternizar el paso por el parque de Gigante ha muerto dejando lecciones para quienes siguen creyendo en ese sagrado precepto de la libertad.

Y como un eco queda para siempre la frase de Casona: “Que no me vean caída. Muerta por dentro, pero de pie. Como un árbol”.

Fuente

RCN Radio

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