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cgonzalez

“Esto es de largo aliento, nuestro propósito es tomarnos el poder en el 2022”: palabras del fiscal de FECODE Nelson Alarcón, palabras que para bien o para mal lograron sorprender a la opinión pública. Sorprenden porque, aunque es entendible que detrás de cualquier paro o manifestación hay implícita una intención política. Lo que a nadie se le había ocurrido es que el paro nacional era, al parecer, una de las actividades que marcarían el comienzo de la campaña del año entrante. 

Y vaya manera de hacerlo, que es en últimas lo que sorprende.

Traicionar los motivos esenciales de una protesta para convertirlos en una estrategia electoral es, al menos, cuestionable. 

Peor aún, utilizar la naturaleza de las movilizaciones con el ánimo supuestamente de conseguir votos, pues deja a sus líderes a la altura de esos candidatos que tanto critican. 

Proponerle al país la parálisis de la economía, la destrucción de infraestructura vital como los sistemas de transporte masivo, por ejemplo, o retar a la muerte y convocar a marchas a pesar de las advertencias de médicos y autoridades sanitarias, con los catastróficos resultados que estamos viendo, es sorprendente.

Es más o menos la lógica de "quien no está conmigo, está contra mi" y perdón, así no se construye país. Así se divide un país. 

Vaya campaña tan mal planeada porque en los llamados "puntos de resistencia", o sea bloqueos, lograron cosas muy oportunas para una plataforma política: se desabastecieron ciudades enteras, se cerraron empresas y fábricas, se obstaculizó el paso de productos agrícolas y de suministros. Según Fedesarrollo en solo mayo por cuenta de estas "actividades" se perdieron de 4.8 a 6 billones de pesos, sí con "b" de billones. 

Ni hablar del comercio que en lo que va de la "campaña" para el 2022 ha perdido 300 mil empleos. 

Los cafeteros no pudieron sacar su cosecha a los puertos, el incumplimiento de los pactos comerciales hizo perder el trabajo de un siglo, sí, están leyendo bien, un siglo, según lo confirmó el presidente de la federación que los representa. 

Miles de pacientes de alto riesgo no pudieron llegar a sus tratamientos, solo los enfermos renales afectados por los "puntos de resistencia", perdón bloqueos, son más de 30 mil. 

En fin, pareciera que la propuesta para un país mejor es, precisamente, sabotear a ese país. 

Pero falta otro punto de campaña: Dejar sin clases a miles de estudiantes mientras las directivas de FECODE se aglomeran en marchas y conciertos alegando que no hay garantías de bioseguridad para regresar a las aulas. Es decir, palabras más, palabras menos, esta “campaña” propone que los niños y jóvenes no puedan estudiar, mientras los profesores se arriesgan al contagio en actividades que evidentemente les son más rentables electoralmente ¿Qué clase de política es esta?

Y otro costo aún peor, el de vidas, cifras oficiales confirman que al menos 21 personas han muerto en medio de lo que, hace unos días descubrimos, más que un paro, era una estrategia electoral. 

Y así podríamos enumerar hasta el cansancio cifras y cifras de edificios públicos destruidos, CAI incendiados, transportadores quebrados, buses quemados, la lista de afectaciones es infinita.

Pero lo más preocupante y doloroso de esta "propuesta política" es la de dividir al país como en las escenas atizadas desde las redes sociales por expertos titiriteros. Basta ver los rostros desafiantes de quienes paran el tráfico. Basta ver los rostros desencajados de quienes esperan qué va a pasar.  Solo dos cosas pueden suceder y ambas las hemos visto: o de un lado atacan a piedra y patadas a quien intente sobrepasar el obstáculo o del otro, alguien presa de un impulso irracional acelera y atropella a quien se encuentra en frente, allí se resume todo el odio y la violencia que se han rebosado en las últimas 6 semanas.

¿En qué momento un país llega a esto?, ¿En qué momento a alguien se le ocurrió que estamos de lados distintos?, ¿Quién nos enfrentó? Esto pasa cuando se hace política con "p" minúscula. 

Atrás quedaron las críticas a las reformas tributaria y de la salud, el propio comité del paro buscará tramitar en el Congreso su pliego de peticiones ¿No era más fácil hacerlo así desde el principio? FECODE dice que vuelve a las clases en el preciso momento en el que los estudiantes entran a vacaciones y además suspende las marchas cuando el daño ya está hecho y los muertos y contagios se cuentan por miles. 

Entonces, ¿Qué queda de estas semanas de paro o de campaña debería decir? Algunos dirán que cayeron ministros, se hundieron dos reformas y el pueblo se hizo escuchar. Otros dirán, también con razón, que más allá de los daños y pérdidas están los muertos que no regresarán y la incertidumbre por los desaparecidos, pero otros, la mayoría tal vez, agregarán que perdimos todos, perdimos, porque divididos se desdibujó el espíritu que nos hace nación, ya ni sabemos cuál es nuestra historia porque la quieren cambiar a empellones y mucho menos cuál será nuestro futuro porque a toda costa lo quieren pintar sombrío.

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