Cargando contenido

Ahora en vivo

Ahora en vivo

Seleccione la señal de su ciudad

Solangie Villamil está devastada por las circunstancias que en las que desapareció su padre Luis Eduardo Villamil Rodríguez, el 20 de junio de 2019 en la ciudad de Villavicencio.

Había ido a la capital de Meta para poner en funcionamiento un negocio de comidas rápidas a principio de ese año, pero el sueño terminó pronto con su desaparición.

Durante una charla en el espacio La Noche de la Libertad que se transmite por RCN Radio la madrugada de los lunes, Solangie habló de la incertidumbre de la búsqueda y expresó que “la fe es la certeza de lo que no se ve”, para explicar por qué inevitablemente esta palabra está unida a la esperanza.

Durante la transmisión del programa, alguien replicó que “la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.

Y este es el entorno emotivo de la desaparición en Colombia, un drama que se ha soportado dolorosamente sobre muchos mitos y pocas realidades en términos de encuentros y regresos, en medio de la indiferencia de una sociedad que parece no tener consciencia sobre el tema.

Existe la idea generalizada que es poco probable encontrar viva a una persona, mito que se desvirtúa si se tiene en cuenta que en Colombia han regresado casi 800 personas.

En el proceso de búsqueda hay una gran estigmatización y existe la tendencia natural a asegurar que “por algo se lo llevaron”, o frase demoledoras como la expresada por un expresidente  en el sentido “que no estarían recogiendo café”.

De manera recurrente se insiste que en Colombia es imposible encontrar a los desaparecidos, teniendo en cuenta las circunstancias del conflicto armado y la falta de coordinación de las entidades encargadas de estas tareas.

Generalmente se comete el error de pensar que la exhumación de un cuerpo significa que hay un desaparecido menos que buscar, cuando realmente esos hallazgos suponen apenas el comienzo de un proceso complejo hasta lograr la plena identidad.

Solo baste recordar que, según las cifras oficiales, actualmente hay más de 26.000 cuerpos no identificados, lo que desvirtúa esa idea de que “no tiene sentido seguir buscando a alguien que lleva muchos años desaparecido”.

Después de este contexto baste recordar que durante los últimos días una joven se reencontró después de muchos años con su familia para fundirse en un abrazo, que una ciudadana uruguaya llegó hasta el Caquetá para establecer el lugar en dónde su padre fue visto por última vez y que varias familias han recibido los restos de los suyos, en lo que se constituye en un gran victoria en esto de buscar.

El mito que los desaparecidos no regresan vivos se acaba de desvirtuar cuando, en un municipio del Magdalena, una mujer que había desaparecido hace veinte años, cuanto tenía apenas doce años de edad, se reencontró con su familia a instancias de la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD).

Fue en abril del año 2020 cuando la propia ciudadana, víctima de diversos hechos relacionados con el conflicto, presentó la solicitud para buscar a sus padres y hermanos con quienes se reunió recientemente luego de un largo trabajo administrativo y científico.

“Teniendo en cuenta que la mujer nunca tuvo registro civil de nacimiento, fue necesario tomarle una muestra biológica para hacer el cotejo genético con su mamá”, señala la UBPD, al hacer un resumen de las acciones realizadas para confirmar el vínculo de la mujer con su familia y propiciar un emocionante reencuentro.

En este episodio siempre fue fundamental que la familia nunca perdió la esperanza, lo mismo que otros que recientemente recibieron los despojos de sus seres queridos desaparecidos hace varias décadas a causa del conflicto armado.

En los cementerios de Granada y Villavicencio fueron hallados los restos de dos menores de edad que habían sido reportados como  desaparecidos a finales de los años 90 y que fueron entregados a sus familias en el departamento del Chocó.

De la misma manera, el Comité Internacional de la Cruz Roja acompañó el proceso de búsqueda, identificación y entrega de los restos de tres hermanos identificados únicamente con los nombres de Carlos, Luis y Rafael, quienes habían desaparecido en el año 2008 cuando fueron a buscar trabajo en el sur del departamento de Córdoba, en inmediaciones del Nudo de Paramillo.

Ocho cuerpos de personas desaparecidas en el contexto del conflicto armado fueron entregados a sus familias en los municipios de Carmen de Bolívar, Tolú, San Onofre y Sincelejo, para enaltecer su memoria y permitir que descansen en paz.

Finalmente, a instancias de la Fundación Hasta Encontrarlos, fue posible el traslado al departamento del Caquetá de la ciudadana uruguaya María José, quien hace 38 años busca a su padre José Washington Rodríguez Rocca, desaparecido mientras militaba en el M19 en las selvas del sur del país.

María José regresó al Uruguay  con la convicción que pronto habrá claridad sobre dónde están los despojos de su papá, con la felicidad de haber estado en el lugar en el que probadamente estuvo vivo por última vez en el Caquetá y con la certeza que “la muerte prueba que la vida existe”.

Mientras haya fe para los familiares de los desaparecidos, estará latente la posibilidad de abrazo con los suyos, o por le menos espacio para un adiós digno.

Fuente

RCN Radio

Encuentre más contenidos

Fin del contenido.