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Cuando Colombia le ganó a Perú con solvencia y contundencia, con goles y sin atenuantes, muchos dijeron que ni Falcao ni James le hacían falta a la selección. Algunos incluso llegaron a decir que siquiera ya no estaban. Pero cuando Colombia tuvo un partido muy difícil y complicado con Argentina muchos dijeron que con Falcao y James el cotejo habría sido otra cosa y que seguramente con ellos habríamos ganado. Lo contradictorio es que varios de los que dijeron lo primero luego opinaron lo segundo. Somos un país calenturiento, tropical y paradójico.

Como decían las abuelas, ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre. La selección no es de James ni de Falcao, el campeón de la resiliencia. La selección es de todos los colombianos. Y ahora, por fortuna, es la selección que dirige el técnico colombiano Reinaldo Rueda, cuya mano audaz e inteligente ya se ve, ya se percibe, ya se siente en tan sólo dos partidos de las eliminatorias suramericanas al Mundial de Catar.

Es cierto que al equipo de Reinaldo parece no hacerle mucha falta James Rodríguez, y menos el James de los últimos años, el de los pocos partidos jugados, las muchas lesiones y el bajo rendimiento. Y con la presencia goleadora y armónica de Muriel y Zapata en el ataque, más los aportes de Díaz y Borja, la selección no ha echado mucho de menos a Falcao, su goleador histórico. Claro que “el Tigre”, capitán natural del conjunto nacional, es una figura indiscutible por su liderazgo, personalidad y goles. En buen estado de forma física y mental ambos harían importantes contribuciones a la tricolor.

Ya casi nadie recuerda tampoco la pataleta de James tras su desconvocatoria del equipo. El fútbol, la entrega, el compromiso de los jugadores convocados y los cuatro valiosos puntos de estos dos partidos ante Perú y Argentina la han dejado un poco en el olvido. Se recuerda apenas como una de las tantas salidas en falso de James, producto de su envanecimiento e inmadurez.

Tras los dos partidos con Rueda al frente, Colombia ocupa ahora la quinta posición en las eliminatorias suramericanas. Y, como dice el refrán proveniente de la fiesta brava, no hay quinto malo. En este momento, si se acabara la eliminatoria, la selección disputaría la clasificación en un repechaje. Y eso que pierde la cuarta posición con Uruguay por gol diferencia. Si no hubiera sido por el tan misterioso como sospechoso y humillante 1-6 ante Ecuador, hoy estaríamos clasificados al Mundial de Catar-2022. Una estruendosa derrota ante el mismo Ecuador que perdió sus dos últimos partidos con Brasil y Perú, al que el equipo de Rueda goleó en Lima. Valga aclarar que ni la lógica ni la regla de tres existen en el fútbol. Quizás ésta es una de las razones por las que el fútbol es contradictorio y apasionante al mismo tiempo. 

Con Perú el combinado nacional jugó de forma articulada y contundente como si Rueda lo dirigiera desde hace años. El técnico busca recuperar la memoria histórica del fútbol colombiano, un estilo basado en la técnica, la tenencia de la pelota, el toque y la conexión de circuitos de juego y pequeñas sociedades que desde el medio campo desarrollan un entramado de naturaleza propositiva, creativa y de ataque.

Todo lo contrario de lo que intentó implantar el técnico portugués Carlos Queiroz, cuya salida se precipitó luego del papelón ante Ecuador. El luso trató de implementar un concepto de juego más vertical, con énfasis en la táctica defensiva, de mayor velocidad y fuerza, más europeo, opuesto a la idiosincrasia, el ADN y la historia del fútbol nacional. 

Recién sale la convocatoria de la selección nacional para la Copa América de Brasil, y Rueda mantiene la decisión de dejar por fuera del equipo a James. Ojalá el talentoso mediocampista se recupere pronto a nivel físico, emocional y técnico; condiciones no le faltan. El 3-0 en Lima ante Perú y el agónico y corajudo 2-2 (un empate con sabor a triunfo) ante Argentina en Barranquilla, luego de ir perdiendo 0-2 desde los ocho minutos del partido, le han dado la razón a Reinaldo. No cabe duda de que la selección rueda bien con Rueda, pese a que esto hasta ahora comienza. Soñemos con que se empiece a configurar la era triunfal de Rei, como le dicen los amigos.

El conocimiento, la experiencia, el aplomo, la coherencia y la determinación de Rei se pusieron en evidencia cuando promediando el primer tiempo hizo el primer cambio, sin esperar al descanso, para intentar revertir el mazazo del 0-2 con Argentina. Sacó del campo a un volante de primera línea, Jefferson Lerma, y metió a un delantero, Luis Fernando Muriel,  goleador del Atalanta italiano. No le tembló el pulso para modificar el esquema táctico del 4-3-2-1 con el que empezó el juego a la figura del 4-2-2-2. Muchos otros técnicos habrían esperado al segundo tiempo para hacer el cambio que se requería.

A esto se le suman las osadas tres modificaciones que hizo al comenzar la segunda parte: ingresó al terreno de juego a Edwin Cardona, Wilmar Barrios y Miguel Borja por Luis Díaz, Gustavo Cuellar y Duván Zapata. Dos pruebas concretas acreditan el acierto de los cambios: se empató un partido que prácticamente estaba perdido y dos de los jugadores de recambio, Muriel y Borja, fueron los que anotaron los goles de la igualdad.  

Tal vez, la manera como alineó el onceno nacional fue uno de los pocos errores del entrenador. Respetó demasiado las posibilidades ofensivas y la historia de la Argentina de Messi, el mejor jugador del mundo, cuando tuvo la posibilidad de repetir el esquema táctico y la alienación del combinado que venía de ganar en la capital peruana. Ya lo dice el viejo adagio del fútbol: equipo que gana no se toca.

Aunque de manera un tanto desordenada y aparatosa, cuando el buen fútbol no terminaba de hacerse presente en el campo del Metropolitano de Barranquilla, la selección exhibió un nuevo espíritu y carácter, que hacía rato no se le veía, donde salieron a relucir el coraje, la garra, el temperamento, la rebeldía, los huevos, la valentía; en síntesis, el colombianísimo la berraquera. Quedamos notificados que cuando el fútbol no aflore, o incluso cuando aflore, los muchachos de Rueda pondrán todos estos atributos en la cancha al servicio de la causa Mundial Catar-2022.

“Boa sorte” al profe Rueda y sus pupilos en esta Copa América de Brasil. No pedimos título porque somos conscientes del poco tiempo de preparación y de conocimiento mutuo, pero sí buen fútbol, compromiso, ganas y trabajo en equipo. “Muito obrigado” por las alegrías de estos dos partidos de la eliminatoria. Confiamos en que vendrán muchas más.
 

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