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En Colombia suele decirse que el “que busca encuentra”, pero ese adagio popular parece no aplicar para las centenares de familias que buscan una razón de los suyos desaparecidos en distintas circunstancias.

Las familias enfrentan en la absoluta soledad el proceso de búsqueda, las autoridades suelen decirles que tienen muchos casos y que investigar es engorroso, que ayuden a recabar información  y que prácticamente se  conviertan en investigadores.

Una mamá relató recientemente, en un transmisión especial que todos los miércoles realizan conjuntamente la Fundación Desaparecidos Colombia-Huellas de Cristal y el programa La Noche de la Libertad de RCN Radio, que el investigador encargado del caso de la desaparición de su hijo  prácticamente la mandó al Catatumbo para que buscara la información en vista de su insistencia por saber  noticias del joven.

Otra mamá relató que recientemente el encargado de la investigación de su hijo le confesó que “no podía avanzar en la búsqueda, porque es diabético y tiene salidas restringidas en virtud de la pandemia.”

Durante un reciente seminario dictado por la organización Consejo de Redacción titulado “Diálogos con la ausencia”, se insistía en que la tragedia de la desaparición empieza desde el mismo momento en que las autoridades piden que se espere 72 horas para iniciar la búsqueda de los desaparecidos, lo que la organización califica como un recurso que usan las autoridades para evadir sus responsabilidades.

Los ciudadanos pueden invocar ante las autoridades judiciales que se active el denominado Mecanismo de Búsqueda Urgente para proceder de inmediato en el rastreo de la persona desaparecida.

Hay un estigma en el sentido que encontrar viva a una persona es poco probable, en contravía  de los registros que indican que en Colombia han sido encontradas más de mil 746 personas.

“Por algo se llevaron”, suele ser también una frase que expresan de manera reiterada las autoridades y personas que conocen el caso, en un proceso doloroso de estigmatización que no puede ser aceptada bajo ningún punto de vista.

Otra premisa reiterada es que encontrar a una persona es imposible, sobre todo si se tiene en cuenta que en estos momentos hay cifras que hablan de 120 mil desaparecidos en Colombia a causa del conflicto armado, principalmente.

En contra de la indiferencia de todos, los familiares de los desaparecidos se aferran como un talismán a las palabras fe y esperanza, mientras imaginan el momento de los abrazos y del regreso o la confirmación de la muerte de los suyos para darles cristiana sepultura.

El Comité Internacional de la Cruz Roja recientemente halló los cuerpos de dos personas reportadas como desaparecidas  en el departamento de Norte de Santander y dió un parte tranquilizador señalando que fue el resultado de “un arduo trabajo de recorrer cientos de kilómetros en zonas de conflicto”, con lo que ahora las familias podrán darle sepultura digna a sus seres queridos.

A pesar de la certeza que tiene el organismo humanitario que los restos hallados son los de una mujer desaparecida hace diez años y de un hombre del que no se conocían noticias desde el 2017, la confirmación de su identidad solo será posible cuando el Instituto de Medicina Legal termine su trabajo.

Aunque la exhumación de estos cuerpos signifique para algunos que hay una persona menos por buscar, sólo se podrá hablar de encontrar a un desaparecido cuando se logra la plena identidad y ese es un proceso largo y complejo, teniendo en cuenta que actualmente hay alrededor de 26 mil 395 cuerpos a la espera e ese procedimiento.

En este caso hay que destacar el amor infinito de dos mamás que se empeñaron en que se supiera la verdad.

Una de las desgracias es la concepción generalizada que no tiene sentido seguir buscando a alguien que lleva muchos años desaparecido, sin entender que para una familia la búsqueda es eterna y que seguirá haciéndolo hasta que haya una respuesta.

Nunca se ha privilegiado la necesidad de los familiares que no quieren que se olvide a los suyos, en medio de voces que les piden que abandonen la búsqueda, que todo es inútil y que ya deben estar muertos.

Al hablar de esa deuda vergonzosa con los familiares, algunos de los invitados a un seminario organizado por Consejo de Redacción señalaron que “si las familias no quieren que se olvide a los suyos, porqué el estado lo hace si es su obligación buscarlos”.

El periodista Javier Osuna reiteró su llamado a los medios para que no renuncien a contar historias de la búsqueda de desaparecidos con la  premisa que “no se trata de dar cuenta de lo que vemos, sino de nombrar aquello que no se ve”.

Al final quisiera destacar la entereza y cariño con el que la señora Rossy Roa, directora de la Fundación Desaparecidos Colombia-Huellas de Cristal, quien continúa visibilizando las historias de centenares de personas de las que no se conoce su paradero.

Esta santandereana ocupa su tiempo en la  causa ha creado una página en Facebook y varias redes sociales, para publicar las fotografías y pedir ayuda de la comunidad para activar la búsqueda de quienes son reportados como desaparecidos.

Acompañada de sus hijos y un puñado de amigos, Rossy desarrolla una tarea inmensa para acompañar a los familiares de los desaparecidos y demostrar que no están solos a pesar de la indiferencia de las autoridades.

Fuente

RCN Radio

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