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Esta semana que pasó Tarek Saab, fiscal de bolsillo de Nicolás Maduro, nos concedió una entrevista con un discurso claramente preparado.

El fiscal general de Venezuela se llama Tarek William Saab. Fue nombrado en el 2017 por la Asamblea Nacional Constituyente, esa misma que le dio un golpe de estado al Parlamento elegido por los venezolanos en diciembre del 2015. Saab reemplazó a Luisa Ortega Díaz, ex chavista que escapó de Venezuela en una operación cinematográfica, pasó por Colombia, habló de la corrupción del gobierno y de la farsa de la justicia venezolana, siguió hasta España y ahora dedica sus horas a denunciar los horrores de la dictadura.

Esta semana que pasó el señor Saab, que es el fiscal de bolsillo de Nicolás Maduro y sobre todo de Diosdado Cabello, concedió una entrevista a RCN Radio que se transmitió en el programa La Tertulia (Véala aquí). El corresponsal en Caracas, Saúl Noriega, fue hasta la oficina del fiscal, acondicionó los equipos, fijo los micrófonos y saludó al fiscal Saab.

Los primeros minutos de la entrevista fueron cordiales. Saab, preguntado por la presencia de los terroristas del ELN en Venezuela, afirmó que esas acusaciones eran falsas porque "nosotros ayudamos a Colombia en el proceso de paz con las FARC... es absurdo decir que acá refugiamos a los cabecillas de otra guerrilla". Su argumento, si se quiere, es que ellos han trabajado por la paz de Colombia y que necesitan pruebas contundentes, videos, fotos.

Luego, con el discurso claramente preparado de antemano, cuestionó la actitud "bélica" de los políticos colombianos, mencionó al senador Uribe, habló de los "venecos" de Vargas Lleras, preguntó si era justo que Juan Manuel Santos dijera que su país estaba bajo el control de una dictadura. Como respuesta, se le recordó que Nicolás Maduro insulta cada quince días al presidente colombiano, que lo llama "balurdo, imbécil y estúpido" mientras aplauden rabiosos los lagartos del régimen. El tono fue aumentando a medida que la entrevista ocurría.

Y es que nunca es fácil entrevistar a un fanático. El riesgo para el periodista es, justamente, terminar convertido también en uno. Cuando suben los gritos y bajan los argumentos, el que gana siempre será el entrevistado. Saab es un títere del régimen, pero es también un funcionario venezolano de alto nivel y un invitado a una entrevista. Durante el diálogo fue claro para mí que no existe ya separación de poderes en Venezuela, que todos los poderes públicos están al servicio de Maduro, empezando por el Consejo Nacional Electoral y terminando en la fiscalía.

Terminada la entrevista, quedé con la sensación de haber fracasado tratando de encontrar el tono justo entre la contundencia y la decencia, entre ser respetuoso y al tiempo incisivo. Es fácil quedar como un cómplice del invitado, permitirle que hable sin contrapesos, que diga sin reparos.

Creo sin matices en el equilibrio informativo, en no permitir que los prejuicios que todos tenemos se conviertan en los protagonistas de la entrevista. El éxito está en que el oyente no sepa en qué orilla está parado el periodista, en pasar desapercibido, si se quiere. Y sin embargo, me cuestiono si en algunos momentos no debe uno editorializar durante la entrevista, si en lugar de preguntar debe uno poner su posición sobre la mesa. Porque en todo esto de Venezuela y el periodismo criollo hay 3 hechos que quiero mencionar: en ese país hay una dictadura en ejercicio. Una buena parte del periodismo colombiano está obsesionado con lo que pasa en ese país. Nuestro país, Colombia, tiene tantos problemas con su propia democracia que parece ridículo que el periodismo se preocupe tanto por lo que pasa en la tierra del vecino.

Esto último es crítica frecuente entre los oyentes cuando se habla de Venezuela. Y es verdad que nosotros no vivimos en Dinamarca, pero señalar los problemas de la dictadura de Maduro también hace parte de nuestras funciones. No solamente por la cercanía de ese país, sino porque lo que pasa allí nos afecta directamente. En Colombia hay una democracia endeble pero que permite a los ciudadanos ir a las urnas y equivocarse. En Venezuela les han quitado incluso el derecho a cometer errores. Señalo finalmente que estas declaraciones de funcionarios de la dictadura quedarán guardadas en la memoria implacable de Internet, y que harán parte de la reconstrucción histórica de la verdad venezolana sobre el fracaso rotundo del Socialismo Venezolano.

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