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Aún no cumplía los 39 años cuando fuerzas oscuras silenciaron su voz, pero no pudieron acabar con su historia.

Jaime Garzón fue siempre el mismo: un bacán, abogado y periodista pero también actor, humorista y locutor. Indiscutiblemente fue un genio del humor, del humor negro, del humor político y un defensor de los menos favorecidos y de los derechos humanos. También fue un soñador, enamorado del amor, crítico de los gobiernos de turno y tan frentero e irreverente que en algún momento se dio cuenta que su sentencia de muerte por aquellos a quienes siempre incomodó, estaba firmada y ya no había marcha atrás.

Pero mientras llegaba ese fatídico 13 de agosto de 1999, Jaime fue construyendo su legado, ese que seguirá por muchas más generaciones sin el menor esfuerzo y que les dio vida a muchos personajes que conquistaron a los colombianos porque de una u otra forma, nos veíamos reflejados en ellos.

Ciudadanos del común como Heriberto de la Calle (el embolador) o Dioselina Tibaná (la cocinera de Palacio); Néstor Eli (el portero del edificio “Colombia”), Inti de la Hoz (la periodista), John Lenin (el estudiante),  Godofredo Cínico Caspa (el tinterillo), William Garra (imitando al periodista real William Parra) y el sargento del “Quemando central” (vocero de los boletines oficiales de las Fuerzas Militares), solo por nombrar algunos, fueron los que conquistaron el corazón de los colombianos y se quedaron a vivir con ellos para siempre.

Y se quedaron a vivir con ellos para siempre porque en cada capítulo de los programas de televisión que cada ocho días salían al aire eran los mismos con los que se identificaba el ciudadano de a pie, el de ruana, el de la clase media; es decir, el 90 por ciento de los habitantes del país.

Muchas cosas llaman la atención, hoy 20 años después de su asesinato, cómo que siga tan vivo en el recuerdo de la gente; que su historia sea la más fácil de grabarse en la memoria de las nuevas generaciones, la mayoría de las cuales no habían siquiera nacido cuando lo mataron pero que lo conocieron, lo aceptaron y quisieron porque también a ellos cautivó aún después de muerto.

¡Ah, y los temas! Tristemente evidenciamos que en nuestra amada Colombia muchas cosas no han cambiado. Había una sección, en uno de los programas de Garzón, que se llamaba “lo mismo que antes” en la que hablaban de cosas que en el país habían ocurrido 10 o 15 años atrás y que volvían a repetirse en el presente de ese entonces.

Pues resulta que hoy, al recordarlo 20 años después de su asesinato, escuchamos y vimos en los múltiples homenajes que le rindieron, que se sigue hablando de si Estados Unidos certificará o no a Colombia por su lucha contra las drogas; que hay políticos corruptos; que se siguen asesinando sindicalistas, líderes sociales, figuras de la izquierda nacional. Que siguen las masacres, los abusos de la fuerza pública y las promesas de los candidatos en campaña que compran votos a cambio de tamales, materiales para la construcción o simplemente con dinero en efectivo.

Como si el tiempo no hubiera pasado ni los errores se hubieran corregido, ni el país hubiera madurado y sus habitantes aprendido cómo enderezar el rumbo.  Sigue habiendo pobreza extrema, pobreza oculta y debates por la nueva reforma pensional. Sigue la crisis en la salud, la falta de acceso a la educación y la lucha por una vivienda propia y digna.

Quizás sea por todo eso que logró proyectar Jaime Garzón en vida y que todavía sigue vigente en nuestro ahora, que su memoria sigue intacta. Porque aunque la orden para asesinarlo no tuvo reversa, sus personajes ya eran inmortales. Por eso nos seguirá doliendo cada año su ausencia, porque nos hizo reír con tantas ganas. Porque a este país tan lleno de violencia y de injusticias, le siguen haciendo falta su genialidad, sus ocurrencias y su vida. Hasta siempre, Jaime.

Fuente

RCN Radio

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