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Tenemos que poner en la mira un concepto básico para entender lo que está pasando en varios países del mundo, como Venezuela, Cuba, China o Zimbabue, pero también en otros como Hungría y Polonia: el Estado unipartidista antiliberal. Es un Estado en el que la imposición de ideas radicales y totalitarias se usa como mecanismo para perpetuar en el país a unos cuantos y apoderarse de la narrativa política y de la vida cotidiana.

El fenómeno se da en varios países del mundo y Lenin es uno de sus creadores. Es decir, más de cien años después esas ideas de desprecio por la democracia y las libertades individuales que tanto pregonaba el cerebro de la revolución bolchevique siguen vigentes y renovadas y se acercan peligrosamente por estos lares.

En el mundo de hoy, los autócratas se valen de otras herramientas de nuestro tiempo como el uso estratégico de la información para mentir y mantenerse en el poder. Aunque eso también es viejo, ahora las redes sociales son su socio y las famosas fake news, con sus teorías conspiranoicas, uno de sus instrumentos.

El asunto está bien desarrollado por la columnista y profesora Anne Applebaum en su libro El ocaso de la democracia. La seducción del autoritarismo, que obtuvo merecidas críticas favorables y ganó el premio Pulitzer de periodismo. Allí se cuenta, entre otras cosas, que ese mecanismo suele crear sus propias élites políticas, culturales o financieras para perpetuarse, a partir de su concepción anticompetitiva y antimeritocrática.

"Las plazas universitarias, los puestos relacionados con los derechos civiles o los cargos de responsabilidad en el Gobierno y la industria no se asignaban a los trabajadores ni a los más capaces, sino a los más leales", recuerda Applebaum al rememorar la hoja de ruta que trazó Lenin para su revolución, en la que las personas progresaban no gracias a su aplicación o a su talento, sino porque estaban dispuestas a plegarse a las normas del partido.

Las reglas de juego favorecían a las personas que profesaban en voz alta su fe en el partido, asistían a los mítines de este y participaban en las demostraciones públicas de entusiasmo, dice la autora. O sea, tal cual se ve hoy en Cuba y Venezuela, en donde a una oleada de manifestaciones legítimas de inconformes se contrarresta con una igual o mayor de “simpatizantes espontáneos”, que no son más que orgánicos del partido gobernante.

"En las últimas décadas ha habido muchos ejemplos –desde el Túnez de Ben Ali hasta la Venezuela de Hugo Chávez—de estados unipartidistas de facto que controlaban instituciones estatales y limitaban la libertad de asociación y expresión, pero en cambio permitían que existiera una oposición simbólica, siempre que esa oposición no supusiera una amenaza real para el partido gobernante", dice la columnista, en otro aparte del libro.

Obviamente, como queda claro en el ensayo, en el mundo hay varias versiones del Estado unipartidista antiliberal, entre las que se encuentran la Rusia de Putin, las Filipinas de Duterte y partidos con aspiraciones antiliberales en Italia y Austria. "Pero en estos momentos, solo dos de esos partidos tienen el monopolio del poder: Ley y Justicia, en Polonia, y el partido Fidesz de Víctor Orbán, en Hungría. Ambos han dado grandes pasos con miras a la destrucción de las instituciones independientes y, como resultado, ambos han colmado de prebendas a sus miembros", afirma.

Lo llamativo del asunto es que esos países teóricamente dan la impresión de ser gobernados por una ultraderecha recalcitrante, conservadora y homofóbica, pero lo que está demostrado es que bien podrían ser países gobernados por una extrema izquierda radical, igualmente homófoba y totalitaria, como lo fue la Unión Soviética. Es decir, no hay tales categorías, sus fronteras se unen, pueden ser lo uno o lo otro, o los dos a la vez, porque lo que importa es la manera de gobernar y las barreras que ponen para impedir el relevo en el poder.

Pero el libro va más allá, por supuesto. También analiza los fenómenos de Boris Jhonson, en Gran Bretaña, y de Donald Trump en Estados Unidos, para desenmascarar los peligros que entrañan como gobernantes. Expertos en decir mentiras, engañar, atacar o simplemente en ser irresponsables con lo que afirman o lo que prometen, estos personajes han puesto en grave riesgo sus sistemas políticos y el futuro de la democracia.

En tan solo 180 páginas, el libro de Appelbaum es una aproximación necesaria a los tiempos que estamos viviendo. De una manera contundente y fácil explica los fenómenos políticos de hoy y hace una alerta sobre lo que puede ocurrir cuando políticos que desprecian la democracia y aborrecen de sus valores y símbolos llegan al poder. Y después, no lo sueltan.

Fuente

RCN Radio

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