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Sueño con una Venezuela libre de Maduro recuperando sus sueños y espero que se llegue a esa meta sin guerra.

Escribo estas líneas mientras en la frontera con Venezuela miles de personas asisten a un concierto que está hecho de música y protesta. No sé todavía qué pasará cuando las toneladas de ayudas que han llegado de Estados Unidos y de otros lugares intenten ingresar a un país que ha sido cerrado con candado por un régimen que perdió hace tiempo su legitimidad. Siempre es mejor que se use la música en vez de la fuerza para dar esperanza a un pueblo golpeado.

Desde hace tiempo duele Venezuela. Por lo que pasa del otro lado de la frontera y por lo que la crisis desata de este lado. Miles de migrantes que salen en una diáspora sin control son la prueba de que la emergencia toca fondo. Aun así, contra todos los pronósticos, Nicolás Maduro ha logrado mantenerse en el poder y sortear una tras otras las múltiples crisis que parecían ser definitivas. Ahora la presión diplomática parece tenerlo de nuevo contra las cuerdas. El presidente interino, Juan Guaidó, ha logrado unificar a los sectores de oposición y parece avanzar hasta puntos a los que no lograron llegar líderes anteriores. ¿Será el momento final? 

Difícil saberlo y ojalá no ganen los halcones de la guerra que piden intervención armada. Siempre es fácil saber cómo comienza una guerra; nunca se sabe cómo ni cuándo va a terminar. El papel de Colombia ha sido importante en la batalla diplomática, pero no se puede permitir que se use nuestro país como plataforma para lanzar ningún ataque armado. Ver a nuestro presidente en silencio mientras Donald Trump dejaba abierta la posibilidad de mandar soldados a nuestro territorio, no fue una imagen alentadora. Aquí sabemos muy bien lo que puede causar una guerra y por eso sorprende escuchar voces que reclaman una salida armada para la crisis venezolana.

Los cantantes, mientras tanto, con su música de distintos ritmos y acentos, son también una manera de decirle ¡no más! a Maduro. Está claro que el hombre no escucha y se aferra a su trono tambaleante con manos y dientes. ¡Cuánto daño pueden hacer los líderes insensibles sedientos de poder! Los conocemos bien.

Desde la madrugada del viernes 22 de febrero miles de personas comenzaron a acercarse al puente Tienditas para escuchar a los cantantes que llegaban en un gesto de solidaridad. Las imágenes mostraban más que a fanáticos de un artista, a personas con algo de esperanza después de perderlo todo. Muchos llegaron con morrales, paquetes, pequeñas neveras y hasta carpas, con la idea de pasar la noche para esperar el anhelado día de la repartición de ayudas.

No han estado libres de polémica ni el concierto ni las ayudas llegadas en aviones venidos del norte porque muchos consideran que son apuestas políticas con objetivos que van allá de un gesto humanitario. Por eso no quiso participar el Comité Internacional de la Cruz Roja, ni otros organismos reconocidos en el mundo por su labor en favor de las víctimas de todos los conflictos. Pedían que los dos sectores enfrentados solicitaran esa colaboración para ejercer el papel de mediadores. Respetar esa posibilidad de tener organizaciones o personas que puedan tender puentes humanitarios entre bandos enfrentados es absolutamente crucial en cualquier conflicto por complicado o violento que sea. En el caso de las ayudas es claro que, siendo necesarias y urgentes, llegaron por una sola vía y eso complica el objetivo humanitario final.

En este movimiento de música y paquetes de comida en la línea fronteriza hay ganas claras de sacar a Maduro y aunque haya casi unanimidad en la necesidad de ese cambio en Venezuela, la diferencia está en el cómo hacerlo. A quienes saben de Derecho Internacional Humanitario (DIH)  les preocupa que se crucen líneas peligrosas cuando se trata de brindar ayuda a los damnificados de la crisis.

No es bueno olvidar que después de matarnos de mil maneras, los países acordamos tener unas reglas mínimos de respeto en los conflictos. Para no perder del todo aquello que nos hace humanos, para poder atender a los civiles, para no llegar al fondo del desastre. Por eso, siempre es mejor la música que la guerra y también siempre mejor respetar el DIH que movernos con la ley del más fuerte.

Sueño con una Venezuela libre de Maduro recuperando sus sueños y espero que se llegue a esa meta sin guerra, sin más víctimas y respetando las reglas que nos sirven para convivir.

Fuente

RCN Radio

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